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martes, 30 de octubre de 2012

Programa SF 38 - Daniel Miguez y Gabriel Pandolfo - 27 de Octubre de 2012

Que te salga lo mejor que puedas. 
Por Mariana Moyano
Editorial Sintonía Fina del 27-10-2012

Hoy me voy a habilitar la primera persona con la que tengo un vínculo muy pendular. Por momentos pienso que es imposible escaparse de ella. Pero en otros, siento que es sólo un exceso de narcisismo o de "demasiado ego", como definió con precisión de cirujano ese artista que suele describirnos antes inc
luso de que hagamos el gesto.

En esta oportunidad, entonces, me voy a dar permiso y me voy a disculpar la autorreferencia porque en una circunstancia así, o uno habla de uno o habla del protagonista. Tiendo a creer que el relato personal, modesto, íntimo es la única forma de estar a la altura; centrar este escrito en el personaje sería asignarle un espacio que le queda excesivamente chico.

Lo único otro posible, ya lo hizo el más grande, Rodolfo Walsh, cuando ante la partida de otro líder cruzó las cinco columnas de la portada del diario Noticias con la palabra "Dolor" atravesando además de la página principal, el corazón de todo un pueblo.

Así que, pues, luego de dar las explicaciones del caso, se levanta la barrera para que pasen la primera persona y la autorrreferencialidad. De todas formas, no soy demasiado original. En estas ocasiones -en esta ocasión- es casi imposible evitar que uno viaje dos años en el tiempo. Son de esas marcas que le hace a la historia la partida de un ser de dimensiones extraordinarias; esas hendiduras en el transcurrir que quedan habilitadas como hitos y que dan permiso a la pregunta cuya única referencia es ese hecho que congela por un instante el devenir. "¿Qué estabas haciendo cuando cayeron las Torres gemelas? , ¿qué estabas haciendo cuando derribaron el muro de Berlín?, ¿Qué estabas haciendo cuando asesinaron al Che Guevara?, ¿Qué estabas haciendo cuando... te enteraste de la muerte de Néstor Kirchner?

Yo -y ahí va la primera persona, en un obvio primer plano pero puesta en el centro de esta escena también a modo de invitación a quien esté escuchando- estaba cambiándole los pañales a mi hijita que ese miércoles tenía apenas un mes y tres días.

La banda de sonido de esa jornada de censo era, por supuesto, nuestra radio pública. Es que ese hecho administrativo y burocrático, esa posibilidad de escrutarnos cada 10 años, se había transformado, gracias a las operaciones del terror puestas a andar desde los grandes conglomerados mediáticos, en una epopeya. Teníamos que demostrarles a los mentirosos y odiadores de siempre que nadie iba a resultar herido por abrir la puerta, que no había bandas de delincuentes recorriendo las ciudades sino maestros y empleados públicos munidos, como toda arma, de una carpeta, un pilón de formularios, una birome y un sticker con la leyenda "Gracias por responder".

El micrófono lo tenía la protagonista de la jornada, Ana María Edwin, quien como titular del INDEC, era la voz cantante de ese feriado nacional que nos tenía a todos metiditos en casa.

"Tenemos que hacer que todo salga perfecto y dedicárselo al ex presidente", dijo.

Me detengo un instante y aprovecho la oportunidad para disculparme públicamente con la funcionaria por lo que pensé y que voy a contar ahora: "¡Pero por qué tiene que ser así de obsecuente!", grité para mis adentros. "¿Para qué le da pasto a las fieras con esa dedicatoria? ¿No se da cuenta de...?"

Y entró a la habitación mi compañero con los ojos mojados. Y sonó el teléfono. Y mi hermana lloraba del otro lado de la línea. Esas micronésimas alcanzaron para tener que obligar a la cabeza a que entendiera lo incomprensible, a que digiriera el sacudón, a que asumiera que había emprendido la partida el hombre gracias al cual los objetivos por los cuales se milita no necesariamente se van al desagüe de las desilusiones.

Lo había votado con entusiasmo por alguna razón que no logro explicar desde la lógica. Sí recuerdo -y no con demasiado orgullo porque da cuenta del costado conservador que tengo en algún rincón- que me había gustado y hasta conmovido eso de "un país normal". Quizás porque esa frase proponía cierto arrullo, alguito de calma, después de tanto tiro, tanta muerte, tanto cimbronazo. El "cuanto peor, mejor" nunca me convenció. Eso debe ser culpa del otro costado, del más peronista.

Así que en esta combinación contradictoria y paradójica de conservadurismo y peronismo estaba mi cabeza y mi decisión cuando colocó entusiasmada el nombre impronunciable de un desconocido en la urna, con el corazón deseoso de que ese desgarbado llegara a la Presidencia.

La primera vez que le dí la mano fue el mismísimo 25 de mayo de 2003. El recorrido entre el Congreso y la Casa Rosada tenía menos gente que ilusiones en el pueblo argentino y hasta los granaderos parecían sin mucha gana de cuidar a nadie.

Por esa combinación de pueblo abatido y desorganización militar es que pudimos escurrirnos mi amigo Matías Miller (hijo del histórico del cine Tato Miller) y yo entre las patas de los caballos y llegar al auto que trasladaba a ese ignoto santacruceño que me había copado el corazón.

Sacó la mano, se la agarré y me acuerdo que murmuré algo que estoy segura él jamás escuchó. "Que te salga lo mejor que puedas", le dije. Y me volví contenta con mis amigas a un bar de la calle Perú para ver la jura de los ministros por televisión.

Era raro, la gente que nos rodeaba aplaudía junto con nosotras a los nuevos funcionarios. ¿Cómo era posible que con el "Que se vayan todos" aún tibio hubiera ya respeto y hasta admiración por los que extendían y le prometían a la patria, a Dios o a los Santos Evangelios hacer las cosas más o menos bien? ¿Qué emanaba ese virola, lungo y desprolijo que ya contaminaba a personas y edificios detestados hasta hacía apenas meses?

La segunda vez que lo vi personalmente fue el 9 de diciembre de 2004 en Casa de gobierno cuando acompañamos a Olga Aredes y a nuestro amigo Ricardo, su hijo, a la entrega del premio Azucena Villaflor a esta heroína jujeña. Se instituía esa costumbre y varios vimos en ese encuentro una oportunidad de reinvindicación de Olga y de una lucha que durante los años noventa nos había puesto, a los ojos de muchos, en el rincón de los trasnochados y nostálgicos. Salí de ahí con alegría, calor y una foto abrazada al Presidente que hoy es premio mayor.

Ya para ese momento me batía a duelo con muchos amigos queridos que me decían que todo era muy lindo en esto del kirchnerismo, pero que era "muy simbólico" y que no se metían con la estructura de poder de las décadas pasadas. No entendía bien esa lectura: abrir la ESMA y permitirle a muchos recorrer su lugar de tormento y que al mostrarlo pudieran darle materialidad a su padecimiento para que adquiriera más veracidad; decirle a los Macri que si el Correo andaba mal, el Estado iba a empezar a demostrar que no estaba ahí para ser el bobo del grado; bajar dos cuadros para marcarle a los cadetes que si te interesa la carrera militar no debe ser para robarte un gobierno; contestarle en un mano a mano a uno de los cerebros ideológicos de la derecha mediática; pedir la cadena nacional para denunciar las extorsiones de una Corte suprema que nos hundió como nación en el más hondo de los bochornos, no me parecía a mí simbólico si por eso se entiende cosmética.

Y mucho menos les podía permitir que minimizaran lo que los pibes ya estaban testimoniando: los chicos cagados a palos (literal y metafóricamente hablando) durante el menemato le habían dado como ofrenda a ese proceso político que se abría, lo único que los había contenido en la segunda década infame, el folklore del rock local encabezado por el pogo y el oh, oh, oh, oh, para darle más fuerza y menos solemnidad al himno. Para decirlo de otro modo, los que no tenían ni recuerdos de cosas mejores, ni motivos para esperanzarse con el futuro estaban ese 25 de mayo de 2004 saltando y bailando con la versión patria de Charly García bajo una lluviecita molesta y en esa acción se sintetizaba el puente inaugurado entre pibes y política.

Mientras el río subterráneo de amor se iba cargando, los poderes dejaban hacer a este pingüino que les garantizaba gobernabilidad y reposición de la autoridad presidencial. Pero ya durante 2006 y 2007 las presiones y los lobbys retomaban la costumbre de ir por todo y las zancadillas tanto a él como a su esposa primero candidata y luego presidenta no se hicieron esperar.

La furia del golpismo de 2008 me lo cruzó de nuevo durante aquellos días aciagos en que Carta Abierta ponía palabra y acto en medio de la cadena nacional de medios privados. El sábado 13 de julio se acercó a conversar con ese grupo original, heterogéneo y extraño que conformamos de la mano del inmenso Nicolás Casullo, otro que no tuvo mejor idea que irse también en un octubre y quedarse esperando para debatir jugadas a este otro hincha fanático de la Academia.

Durante esas dos o tres horas de visita en la Biblioteca Nacional dijo, bromeó, habló y aceptó de todo. Y se adelantó cuatro años. " ", dijo micrófono en mano ante un auditorio fascinado por la presencia, pero sobre todo por la pasión y el entusiasmo de un hombre a quien gurúes, oráculos televisivos y plumas renombradas daban por eliminado de la faz de la política.

Ese río que transita por los subsuelos y sólo accesible a quienes ponen algo de empeño en el intento de comprender, iba aumentando su caudal, quisieran o no, supieran o no, pudieran o no verlo los fiacas y los mentirosos.

Y un día ese agua que circulaba torrentosa encontró la superficie. Y salió a la acera. E inundó las calles. Y trabajadores al lado de pibes, y mujeres jóvenes y grandes al lado de putos y lesbianas militantes al lado de intelectuales y clasemedieros al lado de cirujas se le apresentaron a los cegados por la necedad cuyo principal deporte es la calumnia y le mostraron que lo que cala hondo y es auténtico no se va con la ida del líder. Muy por el contrario, se queda y le taladra el cerebro a los vivos. Y les avisa que cada aniversario de su partida será un certificado de ratificación y un grito de guerra mientras no quieran entender que esto no es un capricho; es el anhelo de generaciones que empieza a concretarse.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Programa SF 31 - Alan Iud - 8 de Septiembre de 2012


Editorial Sintonía Fina del 8-9-2012. 
Las creen estúpidas (Por Mariana Moyano)
De esas, hubo miles. Pero una siempre me pareció la más particularmente cruel: la revista Noticias la hizo, ¿cuándo no? La tapa era más o menos así: el perfil de Néstor Kirchner sobresalía por dos motivos. Uno, natural, la prominente nariz del ex presidente se veía desde lejos. El otro, bien político. El photoshop y el

encono le habían puesto un pañuelo blanco en la cabeza. Y el título decía esto: “Cómo los Kirchner exponen a Madres y Abuelas. El peligroso uso de los Derechos Humanos”.
Varias cosas siempre me llamaron la atención de aquella edición de junio de ese año parte aguas que fue el 2008. Por un lado, la idea de “utilización”. No tanto porque supusieran, sospecharan o porque tuvieran la certeza de que un gobierno podía sacar tajada de eso que ellos de modo superficial y por pereza intelectual o por profundo desconocimiento político llaman sin precisar “los Derechos Humanos”, sino porque en esa afirmación vuelta denuncia, quedaba implícita una idea peligrosa cuando no estúpida. Sugerían allí de que luego de perder lo más preciado y tener la excepcional capacidad de transformar algo que se siente en las tripas en un ejemplo universal; que después de demostrar con sus propias vidas y trayectorias que la justicia por mano propia no le hace mal al que la sufre sino a la humanidad entera yque habiendo peleado contra los códigos penales y siendo ellas las que le buscaron la vuelta al genetismo a favor de la verdad, estas mujeres eran lo suficientemente pánfilas y limitadas como para, así nomás, sin pensar, “dejarse usar”.
Lo otro que me provocaba especial sorpresa -y risa, tengo que admitirlo- de esa portada es que alguien más o menos lúcido pudiera suponer que dos referentes de dos de las organizaciones más reconocidas en el planeta, enfrentadas entre sí desde hace décadas, quitaban del primer plano sus diferencias sólo porque un hombre, un matrimonio o una mujer las había seducido con vaya uno a saber qué palabras o promesas vacías y que algún tipo de cholulaje o fascinación se había interpuesto entre cada una de ellas y la búsqueda de un objetivo al cual le habían dedicado más de la mitad de sus propias existencias, su salud incluso y más de un tercio de sus vidas privadas.
Estaban ofendidos. Noticias y todos. Pero, ¿por qué? Hay cierta legitimidad, o es por lo menos comprensible, cuando los protagonistas primigenios sienten como una afrenta que otro tome y lleve adelante lo que ellos crearon o cuidaron desde un inicio. Se puede discutir, pero hay lógica en la herida. Pero los que vociferaban eran o los cómplices que se lavaban la cara con estas banderas cuando sabían que no había riesgo de que se volviera política de Estado, o los cínicos que recurrían a la vitrina y quitaban de allí a las mujeres del pañuelo blanco y les entregaban alguna que otra gentileza en los momentos en los cuales ellas estaban bien resguardadas de la posibilidad de accionar y quedaban todos habilitados de colocarlas en el huequito reservado a las figuras decorativas.
Así, cuando uno tira del piolín y sigue el hilo del razonamiento encuentra el porqué del enojo. Lo que les molesta no es que dos a quienes ellos suponen crápulas, ensucien una lucha de décadas y una dignidad intachable. Ni les importa lo que se haga con la honradez de estas señoras. Lo que les interesa, sencillamente porque los atañe y los afecta, es que estas mujeres sigan siendo lo que son pero que en los Tribunales empiece a haber movimiento; que los papeles se pongan en circulación, que los implicados pasen de testigos a imputados y de ahí a la sentencia; que la voz con capacidad de palabra performativa que siempre posee el Poder Judicial pronuncie “lesa humanidad”, “imprescriptible”, “plan sistemático” y, sobre todo, que puedan llegar a caer esas calificaciones sobre personas bajo cuya complicidad hasta hace no mucho Ledesma era sólo la marca de un papel y James Smart, un local de ropa de hombre.
Estela de Carlotto se había enojado feo con aquella edición de la Revista. Y con razón. El semanario hizo un mohín de disculpas y en pluma de la periodista que cometió la canallada dijo: “Nunca estuvo en el ánimo de Noticias confrontar ni agraviar”. No, claro. Si cuando uno sigue el itinerario de la publicación se da cuenta enseguidita que jamás quieren ofender. La prudencia los define. Si, si.
Además, la edición que sin vergüenza publicaron ayer y que hoy decora Buenos Aires, me exime de cualquier otra consideración o ironía.
Pero en esta ocasión, en serio optaron por mesura y la circunspección. Los medios de comunicación más poderosos eligieron estos días la moderación. Y se contuvieron, incluso se reprimieron. Y callaron. Y silenciaron. Y no dijeron una sola palabra. Y escondieron uno de los temas nodales de la semana: que el Tribunal Oral Federal 1 había acusado también de homicidio a 15 represores; que entre ellos se encontraba un ex ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires; que ese era el primer funcionario civil del Estado terrorista que llega a juicio; y que aún con ropa que vale un salario mínimo había sido enviado a una cárcel común.
No es el pañuelo blanco lo que cuidan. Son los trapos propios. Eso les preocupa. Por eso vociferan. Eso los ofende. Que la pilcha de los responsables ya no sea sólo de color verde yque los veredictos no caigan exclusivamente sobre los de uniforme. Que Marcos Paz también sea el destino de quienes tienen coincidencia en DNI y en etiqueta. Que para ellos y para los que se parecen a ellos la cárcel común también pueda ser una opción.

lunes, 13 de agosto de 2012

Programa SF 27 - Horacio Pietragalla Corti - 11de Agosto de 2012


Editorial 11 de agosto

Un número (Por Mariana Moyano)
Comparados con los más de 40 millones que habitamos estas tierras, 106 no es nada. Medido frente a los 30 mil, suena insignificante.
Contrapuestos con los 400 que faltan, se vuelve un número menor.
Es una cifra. Y como tal es fría, dura, impersonal, distante. Sin embargo, tiene la capacidad única de incrustarse y detener el tiempo. Porque lo atraviesa. Viaja hacia el pasado y trae desde ahí toda la furia, la densidad que jamás se le podrá robar a la historia y las vivencias, no de una, sino de todas las personas que forman parte de ese rompecabezas que esta pieza recién llegada, completa.
El martes, en el mismo lugar desde el cual cada vez que comunican algo cruje, las Abuelas anunciaron que a la lista se agregaba un integrante más: dijeron que Pablo Javier Gaona Miranda derribaba un poco más el muro que aún separa el mundo de las penumbras de éste.
Es un número. Un minuto lleva la revelación. Y un pequeño recuadro de un diario alcanza para que la información se haga pública. Pero el poder que trae consigo, lo excede, lo supera. Lo deja solo y sin embargo a cargo de echarnos en la cara todo el pasado reciente.
Es esa carga histórica lo que lo hace poderoso. Es verdad. Pero hay algo de otro orden lo que lo hace altivo y desafiante. Es que los nietos, de modo provocador, han elegido ese modo tan castrense como forma resignificada de nombrarse a ellos mismos. “Numerarse”, grita la fórmula cuya capacidad principal barrer todas las características distintivas debajo de la alfombra del anonimato. 
Sin embargo, como si el objetivo fuese usar la fuerza del enemigo a su favor, estos  aparecidos reformulan la lógica hasta el punto de lograr darla vuelta por completo.
 “Yo soy el nieto 84”, dice uno como al pasar, hasta con displicencia. “Yo soy el 101”, agrega otro. “Ella es la 1”, señala otra. Lo indican así, con esa frase cortita, inofensiva y sin siquiera exclamarlo demasiado.
Y ese dato que podría pasar inadvertido. Sin embargo, se detiene y detiene. Porque la información que aporta va más allá de la secuencia. Abre un temporal que, sabemos, va desde aquel 1979 hasta la actualidad y cada número representa una historia, un nombre, una búsqueda, una causa y un momento preciso de la historia más actual y más reciente.
Nos trae directo de aquella desaparición a este aparecido, de aquel no saber a este no hay excusas, de ese no vi a este qué hago, del entonces ni idea al actual no hay opción.
Ahí es donde no hay excusas. Y el pasado congelado se vuelve presente continuo, presente continuado. El número se abre, se ramifica, interpela, se mueve, remueve, moviliza, convoca. Y hasta incluso, se separa de la persona a la que le pertenece. Y mira de frente y fija la vista y coloca a la Argentina para que mire, se mire, a un espejo. Obliga. Aunque no chille, no grite, no exclame.
Y ahí está, ahí se ve la densidad histórica que le da peso, carnadura, extremo y hasta irracionalidad a ese número frío, impersonal, distante. Y es también el modo amoroso en que las enormes derribadoras de imposibles lo que mece, vuelve tierno y pone de pie a esa cifra.

La escena es siempre definitivamente conmovedora. Esas mujeres de pelo cano, maquilladas, cuidadas y cuidadosas hacen el anuncio. Detrás hombres y mujeres ya las escoltan, con su número a cuestas, con sus ausencias presentes, con su pasado mentiroso derrotado y con la reivindicación política de sus dos apellidos. Ahí están de pie los de siempre y otros más.
Ahí están, de pie, los de siempre, y otros más.
Ahí están 106
Aquí están
Anatole Boris y Victoria Eva Julien Grisonas
Tatiana Mabel Ruarte Britos y Laura Malena Jotar Britos
Juan Pablo Moyano
Tamara Ana María Arze
Martín Baamonde
Humberto Ernesto Colautti Fransicetti y Elena Noemí Ferri Fransicetti
Sebastián Rosenfeld Marcuzzo
Eduardo Garbarin
Ana Laura Hisi.
Astrid Patiño Carabelli
Federico Luis Spoturno
Andrés La Blunda Fontana
Amaral García Hernández
Diego Mendizabal Zermoglio
Paula Eva Logares
Sebastián Ariel Juárez
Felipe Martín y María Eugenia Gatica Caracoche
Carla Graciela López Rutila Artes
Jorgelina Paula Molina Planas
María Fernanda Álvarez.
Marina Leonor y Liliana Bau Delgado
Paula Eliana y Esteban Javier Badell Acosta
Ramón Angel Pintos
Laura Ernestina Scaccheri
Marcos Lino Moscazo
Paula Orlando Cancela
Elena Gallinari Abinet
Gabriela Alejandra Gallardo
María José Lavalle Lemos
Hugo Ducca
María Victoria Moyano Artigas
Ximena Vicario
Gonzalo Javier y Matías Angel Reggiardo Tolosa
Marcelo Mariano Ruiz Dameri
Emiliano Carlos Castro Tortrino
Mariana Zaffaroni Islas
José Sabino Abdala Falabella
María Alejandra; Stella Maris y Raúl Roberto Fuente Alcocer
Carlos D`Elia Casco
Laura Fernanda Acosta
Manuel Goncalves Granada.
Javier Gonzalo Penino Viñas
Paula Cortassa
Andrea Viviana Hernández Hobbas
Carmen Gallo Sanz
María de las Victorias Ruiz Dameri
Claudia Victoria Poblete Hlaczik
Hilda Victoria Montenegro
María Macarena Gelman García
Guillermo Rodolfo F. Perez Roisinblit;
Martín Castro Rocchi
Gabriel Matías Cevasco
Simón Antonio Gatti Mendez
María Eugenia Sampallo Barragán
Susana Coloma Larrubia
Horacio Pietragalla
Gustavo Godoy Ferreira
Juan Cabandié Alfonsín
Victoria Donda Pérez
Pedro Luis Nadal García
Leonardo Fossati Ortega
Sebastián José Casado Tasca
(Natalia) Suárez Nelson
Alejandro Pedro Sandoval Fontana
Marcos Suárez Vedota
(Pablo Hernán) Casariego Tato
Celina Rebeca Manrique Terrera
Belén Altamiranda Taranto
(Evelin) Bauer Pegoraro
Laura (Carla) Ruis Dameri
(Milagros) Castelli Trotta
Jorge Guillermo Goya Martínez Aranda
(Alejandra) Cugura Casado
Laura De Sanctis Ovando
Federido Cagnola Pereyray Sabrina Valenzuela Negro
(Bárbara) García Recchia
(Martín) Amarilla Molfino
Matías Nicolás Espinosa Valenzuela
Francisco Madariaga Quintela
El hijo de María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein.
María Pía, hija de Cecilia Beatriz Barral y Ricardo Horacio Klotzman
El 104 no nació, ya que su mamá, Liliana Ross fue asesinada embarazada de cinco meses y medio.
Laura Reinhold Siver
Y Pablo Javier Gaona Miranda
Ahí están, de pie, los de siempre y uno más.

martes, 31 de julio de 2012

Programa SF 25 - Alberto Sileoni - 28 de Julio de 2012



Editorial 28 de Julio de 2012.
Ana y José y la trampa de las respuestas cortas (Por Mariana Moyano)

En la esquina de mi casa dos afiches me avisan que “Un día, Ana fue con su bolsa a hacer las compras” y que “un día, José puso la basura en el contenedor”. ¿Qué es? ¿Quiénes son? Me pregunto con todo derecho y justificación. Todo Amarillo. Es Mauricio. “Ciudad verde. Llegó el día”, dice más abajo el cartelito municipal.
Confieso que me siento un poco estúpida. No lo entiendo. No lo entiendo a Mauricio, ya sé. Lo que quiero decir es que no entiendo los carteles. ¿Llegó el día para qué? ¿Quiénes son Ana y José? ¿Usar la bolsa propia o poner la basura en el contenedor implica qué?

No se pueden responder esas preguntas, pero no porque no tengan respuestas, sino porque la interrogación está mal formulada. Está mal formularla. No son interpelaciones y en tanto eso que no son, no pueden ser objeto de cuestionamientos.

Son nada. Son eso que se dice y que no quiere decir, Que no tiene como objetivo provocarnos un razonamiento sino hacernos pensar que algo ha logrado llenarse de contenido cuando, en realidad, está más vacío que nunca.

Se trata del slogan, esa frase corta, sugerente que hace como que. Que aparenta llevarnos de la mano al nudo de eso que queríamos encontrar, pero que si buceamos un poquitín detrás de la cáscara, nos encontramos con que ahí, no hay nada. Lo que hay, está en otro lado, en lo que no dicen nunca, jamás, de ningún modo y bajo ninguna circunstancia. La honestidad brutal no es para esta derecha, sino sólo para aquella bestial y despiadada que se hace cargo de su conservadurismo, de sus masacres, de sus odios y de sus enemigos.

La de la ciudad de Buenos Aires es una derecha con códigos de medios de comunicación. Rapidito y en fila. Vacío y fácil. Con aspecto entre cool y costumbrista. Que sonríe con liviandad así el mundo esté viniéndosele encima y que hace pública su molestia ante cualquiera que le proponga un razonamiento que tenga una profundidad mayor a los 30 centímetros.
Porque es lo mismo de lo que se esté hablando. Todo puede responderse en una sola palabra, en 140 caracteres y con una frase elaborada con antelación para lanzarla en una conferencia de prensa y que sea el título de mañana a la mañana. No importa si se trata del holocausto, del santo sudario, de la deuda externa, del conflicto en medio oriente o de la historia política reciente de nuestro país.

Lo verdaderamente importante es decirlo fácil, corto, con simpatía y con contundencia. Las fisuras, las dudas, las honestas vacilaciones, los genuinos titubeos y la pausa para tomar envión, de modo que el razonamiento que se quiere expresar surja con mayor claridad, serán consideradas traiciones a la capacidad de respuesta. No se puede fluctuar. No hay permiso para las oscilaciones. Está terminantemente prohibido pretender complejizar el concepto.

El corralito intelectual es feroz. “Pero, Ministro, se lo pregunto otra vez, ¿usted está a favor o en contra de las tomas? Contésteme en una palabra. ¿Sí o no?” Y a prisión. A la celda semántica. Los argumentos, los análisis, los razonamientos y todo intento de complejización o sutileza… a la cárcel.

“Por sí o por no”. “Rapidito. Conteste rapidito que necesitamos los minutos de aire para seguir expandiendo el discurso dominante en dosis homeopáticas de sentidos cortitos, esos que nadan cómodos en palangana”.

El Ministro tomó la ruta larga y no el atajo. “Error”, dice la derecha de la lógica del marketing. “El Che es una remera y Eva Perón es un billete”. “Y que se queden ahí, encerraditos, acotados y contenidos. Y si usted habla más largo, ministro, presidenta, Evita, Che Guevara será el responsable único de que lo saquemos de contexto. No es culpa nuestra. No, no. Es que es así el esquema, el modo, el sistema de funcionar. Rapidito y en fila. Vacío y fácil. Susana giménez con rodete Duarte; Ernesto Guevara asesino y sin debate. Y usted, Ministro de Educación de la Nación, vamos, responda, que yo soy casi como un oficial de policía. Por sí o por no. ¿A favor, o en contra?”

No hay contestación posible, pero sencillamente porque ellos no quieren una respuesta. Sólo quieren instalar la pregunta. Rapidita y en fila. Vacía y fácil. Para que antes que pensamiento haya miedo y antes que razonamiento, reacción.

Maquinitas de repetir vaciadas y sencillitas a las que ellos llaman gente. De eso se trata el robo, el aniquilamiento de la capacidad de ejercicio de ciudadanía. “Las cosas tienen un solo lado y si no te gusta, prendé la televisión y vas a ver cómo a fuerza de repetición, de estereotipos y de banalidades te das cuenta de a qué lado nos estamos refiriendo”.

“Porque, mi querido vecino, nuestro trabajo es que usted haga las compras con su propia bolsa y que, a lo sumo, tire la basura en el contenedor. No vaya a ser cosa que se ponga a pensar acerca de qué lugar ocupa usted en el cuentito de la democracia. No sea cuestión de que esas remeras o esos billetes se le corporicen y le pongan ideas locas en su cabecita. No vaya a ser que participe, discuta, debata, se encuentre, razone, milite y cambie las cosas y un día deje de ser vecino para convertirse en ciudadano organizado”.

“Haga como Ana y como José. Piense que un gesto bobo lo convertirá en protagonista de una imagen que recorrerá todos los barrios. Sueñe con eso. Planee bajito. Piense cortito y responda fácil. El resto del trabajo, lo hacemos nosotros”