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viernes, 15 de febrero de 2013

Programa SF 53 - Roberto Feletti - 9 de Febrero de 2013


Soberanía.
por Mariana Moyano
Editorial Sintonía Fina del 9-2-2013

Ellos tienen toda su industria cultural montada sobre aquel sentimiento. O quizás sea, exactamente al revés, y haya sido el modo imperial lo que construyó corazones orgullosos de ser emporio. 

Lo cierto es que si ponen banderitas en los film, descuentas impuestos; si sus colores, bastones y estrellas flamean altos y sobre todo altivos, millones de ciudadanos de ese país levantarán la mirada y el mentón orgullosos y derramarán un lagrimón. 

Y no importa –porque no se lo preguntan- si la insignia se levanta en una misión humanitaria, en el nudo del Plan Colombia o en las tierras arrasadas de Irak. 

Estados Unidos tiene esa característica: el pabellón los envuelve y los contiene. Y no se discute nada más. 

“Chauvinistas”, decimos los progres del sur de América. Y nos da un poco de bronca esa bandera y ese modo de instalarla porque ni la luna se salvó. 

Dicho así, de modo tan terminante, nos provocamos a nosotros mismos un inconveniente teórico, político a ideológico. Porque el sentimiento nacional, analizar ese corazón de las patrias necesita y merece un poquito más de complejidad. 

A nuestra Argentina le costó y aún le cuesta que lo nacional le ponga piel de pollo sin tener que andar dando explicaciones. Estamos desde hace un rato largo en un proceso de reconciliación con el himno, con las marchas patrias y hasta con la escarapela. Tiene su lógica: durante demasiadas décadas olieron mucho a fajina militar y habían quedado en manos de quienes se llenaban la boca pero poco hicieron para que a una Patria, que no fuera la chiquitita propia, le fuera más o menos bien. 

Por eso, el 9 de enero fue un hermoso día de tensiones y hasta de contradicciones, pero no de las que provienen de la incoherencia, sino de las producidas por los grandes movimientos históricos donde crujen los sólidos andariveles establecidos e implantados por quienes han dominado gobiernos, decisiones nacionales y cabezas. 

Si había sido casi sobrenatural ver ingresar a Hebe de Bonafini munida de pañuelo al Colegio Militar un 24 de marzo, pocos –nadie- hubiese apostado fuerte a que una pintura similar a ésta se repitiese. Pero como este extraordinario y tan particular momento que camina la Argentina tiene la costumbre de retarnos a más, nos inicia el verano ya no sólo con una Madre en medio de tanto uniforme, sino que nos brinda a estas mujeres que se cansaron de enfrentar a las jerarquías militares sentadas en medio de la más protocolar representación de nuestras Fuerzas Armadas. ¿Y todo para qué? Para recibir a un barco del que – seamos sinceros- no nos importaba absolutamente nada hace apenas unos meses.

¿Qué pasó? ¿Nos lobotomizaron? ¿Ellas claudicaron? ¿Hay una nueva industria del nacionalismo local funcionando a todo vapor que nos copta a cada minuto con chucherías patrioteras para que respondamos “Si, Bwana” como especimenes dignos de la película The Wall? 

Hay algunos en La Nación (tanto en el territorio como en el matutino) que piensan que sí. 
Y, como digo, si hacemos afirmaciones así de terminantes, mostramos que tenemos un problema. 

Más bien creo que el profundo, sincero, honesto, digno escalofrío que nos recorre ese rincón del alma cuando condenamos el destino colonial de las Islas Malvinas le ha hecho un lugar a otras reivindicaciones y así es que la palabra soberanía ya no sólo va alineada con la demanda por el archipiélago. 

Como si el esquema geopolítico internacional, luego de haber salido de la Matrix conceptual, se nos hubiese presentado al estilo Microsoft y decenas de ventanitas se nos abren surgidas todas de un mismo núcleo duro.

Como si ante nuestros ojos se nos abriera un mundo argumental en que podemos palpar que la emancipación no es sólo la vieja idea de romper con las cadenas coloniales que mantienen bajo su yugo un estado al otro. 

Los no países, los no estados, los globalizados dominadores comienzan a poseer ante nuestros despejados ojos también rostro de dominación. La costumbre de la reflexión compartimentada, del pensamiento loteado, el cuentito de que la economía no es política, el paradigma de dineros neutrales recorriendo el planeta se desbarata, estalla en miles de pedacitos cuando comprendemos que hablar de soberanía: 

- no es ir a buscar una banderita a la puerta de una radio para luego pedir que los maten a todos los argentinos ‘que no son como yo’; 
- no es rasgarse las vestiduras porque se propone un diálogo con Irán pero no sentir ni el más mínimo asombro cuando alguien le entrega todo el subsuelo a una empresa trasnacional; 
- no es sentir vergüenza por no tener buenos modales con señores de cuello hiperalmidonado que cotizan en bolsa, ellos, sus camisas y hasta sus esposas mientras se exprime hasta la última gota de sudor argentina para pagarles a estos mismos señores almidonados algo que se robaron por la sola razón de que pudieron; 
- no es andar con gesto adusto y rictus de mal humor o mucho menos horrorizarse porque un organismo, cuyos vaticinios sólo lo hunden más en un lodazal de papelones para meterlo en otro, nos haga chas chas.

Quien no quiera sentarse un ratito al menos a reflexionar sobre qué nuevos modos de sentir la soberanía se han ido construyendo en estos últimos tiempos, pues que siga con sus diatribas y vea Mussolinis y nacionalismos con Z por todos los rincones. 

Quien no ande por ese rumbo y tenga ganas de ir un poquito más allá de los 30 centímetros de profundidad del pensamiento medio, pues que se zambulla en este mar de inquietudes, sacudones, tensiones, y por qué no, dudas que el presente nos ha presentado. 

Porque así como el debate sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue en la superficie sobre medios, pero nos permitió introducirnos en el fondo y espiar el funcionamiento del poder real: cómo lastima la economía concentrada y ver que los monopolios y oligopolios de cualquier forma y color le hacen daño a una patria, la RE PA TRIA CION de un barco nos brindó la posibilidad de conocer los vericuetos financieros que se esconden y se escudan detrás, incluso, de algunos mecanismos institucionales con los que hoy funciona el planeta. 

Y, en todo caso, los enojados y enojones, si no quieren que terminemos de romper las cadenas con su andamiaje ideológico, que no nos sigan regando la realidad de simbolismos, porque hay una persona por estas pampas que ha sabido como nadie levantarlos, tomarlos y usarlos como cuchillos para rasgar uno a uno los velos para dejarnos pasar y ver qué es lo que hay, qué es lo que siempre hubo, detrás.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Programa SF 46 - Taty Almeida - 22 de Diciembre de 2012



Palabras. 
por Mariana Moyano
Editorial Sintonia Fina del 22-12-2012
Cada vez que lo pronuncian así, las lágrimas se confunden; se fusionan con las de otros en el abrazo interminable que surge luego de oírlo y se mezclan las del resabio del horror con las que nacen de la emoción por la justicia que llega. Son palabras que no borran pero reparan, acarician, contienen, ponen paz. “Perpetua”, “cárcel común” y la ratificación en boca judicial de que aquí hubo un genocidio. “Es poco, falta, debería ser algo normal” indican algunas voces quizá genuinas pero ganadas por el pesimismo ó desconocedoras de a qué demonios, a qué huracanes hubo que enfrentarse para llegar hasta aquí.
Hay otros que más que aporte son hijos del oportunismo y a veces logran que sobrevuele a los juicios, a los organismos y al sector del oficialismo comprometido con estas condenas, la acusación de la impostura. Como si detrás de cierto abrazo o de los ojos mojados hubiera más una especulación que la templanza y la calma que conceden el saberse en el camino correcto. Quizá sea por eso que para muchos, en algunas oportunidades los crímenes de lesa humanidad sean un tema más o directamente no formen parte de su agenda. O tal vez de lo que se trata en realidad es de que estas sentencias no son otra cosa que combustible para quienes flaquean, demostraciones de que no hay vuelta atrás, la materialización de una puerta que se abre hacia los no uniformados de aquella delincuencia ó la puesta en evidencia de que estas mujeres (antes) quejosas y ahora -inexplicablemente para muchos- sonrientes, han dejado de ser una figura decorativa para lavar culpas propias o para limpiar la imagen de algunos socios de la muerte.
Justito en el medio de una semana que no se sabía para dónde pintaba, un civil, el primer funcionario civil de la dictadura también civil, fue a parar a la cárcel común. Muchos se venían haciendo los distraídos, silbaban bajito mientras dispersaban argumentos borrosos y sucios, de ésos que sólo manchan el escenario.
En el diario La Nación - mascarón de proa, como siempre en estos temas - el mismísimo 10 de diciembre - jornada en la cual a nivel internacional se conmemora el Día Universal de los Derechos Humanos - el centenario diario se preguntaba en ese espacio editorial reservado para la primera persona política “¿Justicia o venganza para James Smart?” y sugería, así como sugiere La Nación (que vaya a saberse por qué tiene la capacidad de que suene a apriete) “que es de esperar que prime la justicia y no el afán revanchista al resolver la situación judicial del ex ministro de gobierno bonaerense”. Y no era la primera vez: en setiembre ya se había lanzado con iguales argumentos y la misma impunidad. “La persecución a Jaime Smart” habían escrito. “Es de esperar que en los juicios a funcionarios civiles del gobierno militar prevalezcan la equidad y la objetividad” habían agregado. Y como si no alcanzara con esa capacidad sanadora que tienen estas sentencias dichas en voz alta y que abren (valga el juego) la posibilidad de cerrar , ese mismo tribunal sostuvo que la cosa no quedaba ahí, que las responsabilidades de diarios en la muerte que aún hoy duele debían ser investigados. Como en Bahía Blanca ¡tan luego en Bahía Blanca! Ahora Clarín y La Nación junto con La Nueva Provincia están en el ojo de esa tormenta silenciosa y de reparación que crean las culminaciones de los juicios.
En el momento exacto en que escuchábamos a los jueces de La Plata leer su fallo, un hombre que supo enfrentar a los poderosos de en serio en tiempos en los cuales sólo se señalaba a los políticos, fallaba también. Fallaba, la pifiaba, se equivocaba, se confundía, erraba el golpe y daba la estocada. Esta vez en el único corazón posible que tiene hoy la Argentina para la transformación. Y su voz se propalaba por obra y gracia de quienes en el mismo dictamen judicial eran enviados al rincón de las averiguaciones, ahora ya no políticas ó periodísticas sino judiciales.
Extraño, verdaderamente infrecuente y hasta casi extravagante era ese momento del miércoles 19 de diciembre en el cual a la misma hora Rozansky leía para la historia mientras el sindicalista camionero intentaba llevar el tiempo hacia atrás. Y era un tanto abrumador porque esos dos discursos no sólo colisionaban entre sí sino que colocaban al 19 de diciembre de 2001 en la obligación de definirse acerca de si había sido un estallido traumático que le abrió la puerta a una nueva Argentina o si nos llevaba de vuelta a momentos tortuosos de nuestro país. Encima la semana se partía en dos y no había sido una semana más, una común, una de ésas que se surfean con apenas algo de cintura política y un poquito de conocimiento de cómo respirar hondo. Se trataba de un lapso donde los sacudones no se detuvieron jamás. Si no nos quitaba el aire un juez ó una cámara ó un pedido de per saltum, nos zarandeaba la noticia de la vuelta de una fragata que -valga la digresión- partió a aguas extranjeras como buque militar y vuelve a nuestro océano como símbolo de soberanía popular. Y si nos emocionaba el amparo que le concedían por fin los legisladores a otra madre coraje con una ley que la ayudaba a seguir salvando chicas, nos estremecía preguntarnos a qué se había referido el otro dirigente gremial con sus anuncios sobre futuras guerras nucleares.
Ayer algo supimos de eso, y lo que vimos no colabora con la calma que a esta altura del año se vuelve la zanahoria detrás de la cual todos corremos con el humilde objetivo de llegar.
Lo que se viene no será sereno; la moderación y la ecuanimidad no parecen ser las características de lo que se abre. Templanza, paciencia y sosiego harán mucha falta, en cantidades formidables diría. Porque sospecho que los hilos que unen a cada uno de los acontecimientos que advertimos o presenciamos estos días comenzarán a quedar a la vista y notaremos cómo esta anteúltima semana de 2012 fue una muestra concentrada de la pelea titánica que lleva adelante nuestra Argentina para convertirse en otro país, en otro mejor, en uno en el cual ya ni la Sociedad Rural siquiera sea intocable. En ése en el que tener la vaca atada sea apenas una ironía de un pasado bien pero bien lejano.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Programa SF 41 - Tristan Bauer - 17 de Noviembre de 2012



Si el adjetivo es rimbombante, sospeche
Por Mariana Moyano
Editorial Sintonía Fina del 17-11-2012.

El 5 de abril de 2011 cometieron un crimen. El Estado de la ciudad miró para otro lado -como hace cada vez que quiere desentenderse de los pobres- y una ambulancia no ingresó al barrio Padre Mugica, al que la urbanización y no su propia historia llama Villa 31. La consecuencia de esta negligenci
a bien regada con el discurso de la seguridad fue que un hombre murió. Sin atención ni cuidados. Y sin nombre. Y ahí el otro delito que no está tipificado en nuestros códigos pero que debería estar marcado a fuego en las conciencias de todos y cada uno de los que en esta nuestra Argentina que a veces parece desperezarse para despertar de una buena vez, ejercemos el periodismo.

Los más malos de todos los malos, ésos a los que siempre -y con razón- señalamos y les señalamos sus intereses, negocios y entuertos; ésos que trafican ideología jugando a la independencia; los mismos que repiten en progresión geométrica la palabra República para pisotear todos los peldaños de la institucionalidad que tengan cerca; ésos que buscan atajos, excusas o cacerolas para anteponer su poder y dinero al de una democracia, le quitaron la posibilidad de irse de este mundo sin el manto de olvido destinado y casi reglamentario en las crónicas sobre pobres.

Pero no fue sólo esta desvergüenza la que hizo su trabajo. El olvido, la costumbre y la no siempre advertida o asumida parte de colonización que todos tenemos también hizo lo propio: el único medio que le dio nombre, y con ello identidad, historia, familia, amigos a este hombre fue Página 12. "Aunque el certificado de defunción diga que Humberto Ruiz, "Sapito", murió de un paro cardiorespiratorio luego de un ataque de convulsiones provocado por epilepsia, no fue así. Sapito murió de discriminación", escribió este diario, al que bien la Presidenta describió como un faro, una "contraseña". Los otros, los ajenos y lamentablemente, muchos de los propios, nada.

Viví esta pequeña anécdota como un síntoma, como un llamado de atención, como un mojón, como la obligación de detenernos y pensar. ¿Liberar el espectro de oligopolios y concentradores; limpiar nuestro éter de ambiciosos y voraces no va, acaso de la mano, de pensar un modo diferente de comunicación? ¿Y esa otra comunicación no implica otros (nuestros) soportes, otras (nuestras) lógicas, otros (nuestros) mecanismos, otras (nuestras) herramientas?

Debe haber alguien, alguno, alguna, por ahí, con un poco de furia, enojado, respondiéndole a la radio para contestarme a mí: "Yo no. Yo no los compro, no los leo, no los miro. Soy libre de ellos y sus formas". Ahá, pues malas noticias: la industria y la cultura, ni hablar, tienen sus modos más complejos, más sutiles, más entreverados, más tramposos, más contaminantes. ¿Cuántos de los seres libres, puros y atentos que pululan por este debate han comprado discos de la colombiana Shakira o de la furiosa anticastrista Gloria Stefan? Pocos o ninguno, apuesto y sé qué gano.

Pero ¿cuántos de esos mismos, apenas la maquinaria se pone en funcionamiento y lanza una de sus canciones puede tararear aunque más no sea una frase del estribillo? La mayoría. Apuesto y gano sencillamente porque sé que ellos vienen triunfando desde hace rato. De esto va esta batalla. De ahí es la obsesión.

¿O acaso no son los poderosos triunfando cada vez que uno de nosotros se refiere a los noventa días de rutas cortadas como "el conflicto con el campo"? ¿No suben ellos al podio cuando decimos "la gente" y "la clase política" para nombrar a nuestro pueblo y a nuestros dirigentes? ¿No se frotan las manos cuando hablamos de inseguridad y le dedicamos esa palabra enorme sólo a los delitos contra la propiedad? ¿No somos nosotros hablados por su propio periodismo cada vez que una cámara oculta, un show o el vértigo de la primicia y el espectáculo pisotean a una forma distinta de ejercer la profesión?

Hay un canalla que siempre lo fue y hacía de las suyas desde mucho antes de que la mayoría se diera cuenta. En el preciso momento en que toda nuestra Argentina se destrozaba a pedazos y los escombros se nos caían en nuestras cabezas, envió una cámara a Tucumán y convirtió en nota de alto impacto el crujir de una pancita con hambre. Lo logró: Barbarita, la nena desnutrida lloró en televisión. De hambre y de furia y de injusticia y de desnutrición.

Esa chiquita de entonces, es ya una mujercita. Mientras ella crecía el Estado fue otro, cambió, intervino, se metió y la ayudó. Y llegó, con netbook y oportunidades, con créditos y dignidad. Cuán noble es que esto se sepa, cuánto da cuenta de la nueva Argentina. Cuán difícil no caer en los tentáculos del monstruo y hacer en nombre de objetivos loables un trabajo entrañable con armas adversarias.

Porque la cosa vino pensada. Del mil novecientos para acá. Fue una guerra por el territorio, pero más por los modos de pensar. Uno, que de convencer con la metodología imperial algo sabía -me refiero al ex secretario de Estado de los Estados Unidos Edward Barrett- sostuvo durante la emblemática década de los 50 que "en la contienda por ganar la mente de los hombres, una hábil e importante campaña es tan indispensable como la fuerza aérea".

A cada modelo económico le corresponde un modelo informativo y en eso se les fue la vida. Porque la gran labor fue que todos creyéramos -ilusos ingenuos- que la cuestión era el contenido, mientras nos colonizaban con sus formas. ¿O acaso es una circunstancia climática y natural que el neoliberalismo le haya robado, extirpado, a la crónica contemporánea de las cinco W justo las dos (cómo y por qué) que pueden indicarnos contexto y ponernos en situación, esos dos interrogantes que nos permiten tener parámetro de comparación?

Si la democracia lo logra y le tuerce el brazo a la corporación que está dejando todo en imponerse, se nos abre un escenario impensado. Por la novedad y por el desafío. Un terreno en el cual deberá ser más protagonista la creación propia que el señalamiento de lo malo ajeno. Una época en la cual llenarnos la boca sólo será honesto si sostenemos el alarde con los detalles de nuestra labor.

Porque si el adjetivo es rimbombante, amigo oyente, sospeche. Se sostiene en la oración lo que esculpe la militancia. Los barnices de calificaciones son sólo eso, pinceladas en la superficie.

La pelea política -más que nunca- también se da en la gramática. Porque, como les decía, de eso va la batalla y de ahí es la obsesión.

martes, 30 de octubre de 2012

Programa SF 38 - Daniel Miguez y Gabriel Pandolfo - 27 de Octubre de 2012

Que te salga lo mejor que puedas. 
Por Mariana Moyano
Editorial Sintonía Fina del 27-10-2012

Hoy me voy a habilitar la primera persona con la que tengo un vínculo muy pendular. Por momentos pienso que es imposible escaparse de ella. Pero en otros, siento que es sólo un exceso de narcisismo o de "demasiado ego", como definió con precisión de cirujano ese artista que suele describirnos antes inc
luso de que hagamos el gesto.

En esta oportunidad, entonces, me voy a dar permiso y me voy a disculpar la autorreferencia porque en una circunstancia así, o uno habla de uno o habla del protagonista. Tiendo a creer que el relato personal, modesto, íntimo es la única forma de estar a la altura; centrar este escrito en el personaje sería asignarle un espacio que le queda excesivamente chico.

Lo único otro posible, ya lo hizo el más grande, Rodolfo Walsh, cuando ante la partida de otro líder cruzó las cinco columnas de la portada del diario Noticias con la palabra "Dolor" atravesando además de la página principal, el corazón de todo un pueblo.

Así que, pues, luego de dar las explicaciones del caso, se levanta la barrera para que pasen la primera persona y la autorrreferencialidad. De todas formas, no soy demasiado original. En estas ocasiones -en esta ocasión- es casi imposible evitar que uno viaje dos años en el tiempo. Son de esas marcas que le hace a la historia la partida de un ser de dimensiones extraordinarias; esas hendiduras en el transcurrir que quedan habilitadas como hitos y que dan permiso a la pregunta cuya única referencia es ese hecho que congela por un instante el devenir. "¿Qué estabas haciendo cuando cayeron las Torres gemelas? , ¿qué estabas haciendo cuando derribaron el muro de Berlín?, ¿Qué estabas haciendo cuando asesinaron al Che Guevara?, ¿Qué estabas haciendo cuando... te enteraste de la muerte de Néstor Kirchner?

Yo -y ahí va la primera persona, en un obvio primer plano pero puesta en el centro de esta escena también a modo de invitación a quien esté escuchando- estaba cambiándole los pañales a mi hijita que ese miércoles tenía apenas un mes y tres días.

La banda de sonido de esa jornada de censo era, por supuesto, nuestra radio pública. Es que ese hecho administrativo y burocrático, esa posibilidad de escrutarnos cada 10 años, se había transformado, gracias a las operaciones del terror puestas a andar desde los grandes conglomerados mediáticos, en una epopeya. Teníamos que demostrarles a los mentirosos y odiadores de siempre que nadie iba a resultar herido por abrir la puerta, que no había bandas de delincuentes recorriendo las ciudades sino maestros y empleados públicos munidos, como toda arma, de una carpeta, un pilón de formularios, una birome y un sticker con la leyenda "Gracias por responder".

El micrófono lo tenía la protagonista de la jornada, Ana María Edwin, quien como titular del INDEC, era la voz cantante de ese feriado nacional que nos tenía a todos metiditos en casa.

"Tenemos que hacer que todo salga perfecto y dedicárselo al ex presidente", dijo.

Me detengo un instante y aprovecho la oportunidad para disculparme públicamente con la funcionaria por lo que pensé y que voy a contar ahora: "¡Pero por qué tiene que ser así de obsecuente!", grité para mis adentros. "¿Para qué le da pasto a las fieras con esa dedicatoria? ¿No se da cuenta de...?"

Y entró a la habitación mi compañero con los ojos mojados. Y sonó el teléfono. Y mi hermana lloraba del otro lado de la línea. Esas micronésimas alcanzaron para tener que obligar a la cabeza a que entendiera lo incomprensible, a que digiriera el sacudón, a que asumiera que había emprendido la partida el hombre gracias al cual los objetivos por los cuales se milita no necesariamente se van al desagüe de las desilusiones.

Lo había votado con entusiasmo por alguna razón que no logro explicar desde la lógica. Sí recuerdo -y no con demasiado orgullo porque da cuenta del costado conservador que tengo en algún rincón- que me había gustado y hasta conmovido eso de "un país normal". Quizás porque esa frase proponía cierto arrullo, alguito de calma, después de tanto tiro, tanta muerte, tanto cimbronazo. El "cuanto peor, mejor" nunca me convenció. Eso debe ser culpa del otro costado, del más peronista.

Así que en esta combinación contradictoria y paradójica de conservadurismo y peronismo estaba mi cabeza y mi decisión cuando colocó entusiasmada el nombre impronunciable de un desconocido en la urna, con el corazón deseoso de que ese desgarbado llegara a la Presidencia.

La primera vez que le dí la mano fue el mismísimo 25 de mayo de 2003. El recorrido entre el Congreso y la Casa Rosada tenía menos gente que ilusiones en el pueblo argentino y hasta los granaderos parecían sin mucha gana de cuidar a nadie.

Por esa combinación de pueblo abatido y desorganización militar es que pudimos escurrirnos mi amigo Matías Miller (hijo del histórico del cine Tato Miller) y yo entre las patas de los caballos y llegar al auto que trasladaba a ese ignoto santacruceño que me había copado el corazón.

Sacó la mano, se la agarré y me acuerdo que murmuré algo que estoy segura él jamás escuchó. "Que te salga lo mejor que puedas", le dije. Y me volví contenta con mis amigas a un bar de la calle Perú para ver la jura de los ministros por televisión.

Era raro, la gente que nos rodeaba aplaudía junto con nosotras a los nuevos funcionarios. ¿Cómo era posible que con el "Que se vayan todos" aún tibio hubiera ya respeto y hasta admiración por los que extendían y le prometían a la patria, a Dios o a los Santos Evangelios hacer las cosas más o menos bien? ¿Qué emanaba ese virola, lungo y desprolijo que ya contaminaba a personas y edificios detestados hasta hacía apenas meses?

La segunda vez que lo vi personalmente fue el 9 de diciembre de 2004 en Casa de gobierno cuando acompañamos a Olga Aredes y a nuestro amigo Ricardo, su hijo, a la entrega del premio Azucena Villaflor a esta heroína jujeña. Se instituía esa costumbre y varios vimos en ese encuentro una oportunidad de reinvindicación de Olga y de una lucha que durante los años noventa nos había puesto, a los ojos de muchos, en el rincón de los trasnochados y nostálgicos. Salí de ahí con alegría, calor y una foto abrazada al Presidente que hoy es premio mayor.

Ya para ese momento me batía a duelo con muchos amigos queridos que me decían que todo era muy lindo en esto del kirchnerismo, pero que era "muy simbólico" y que no se metían con la estructura de poder de las décadas pasadas. No entendía bien esa lectura: abrir la ESMA y permitirle a muchos recorrer su lugar de tormento y que al mostrarlo pudieran darle materialidad a su padecimiento para que adquiriera más veracidad; decirle a los Macri que si el Correo andaba mal, el Estado iba a empezar a demostrar que no estaba ahí para ser el bobo del grado; bajar dos cuadros para marcarle a los cadetes que si te interesa la carrera militar no debe ser para robarte un gobierno; contestarle en un mano a mano a uno de los cerebros ideológicos de la derecha mediática; pedir la cadena nacional para denunciar las extorsiones de una Corte suprema que nos hundió como nación en el más hondo de los bochornos, no me parecía a mí simbólico si por eso se entiende cosmética.

Y mucho menos les podía permitir que minimizaran lo que los pibes ya estaban testimoniando: los chicos cagados a palos (literal y metafóricamente hablando) durante el menemato le habían dado como ofrenda a ese proceso político que se abría, lo único que los había contenido en la segunda década infame, el folklore del rock local encabezado por el pogo y el oh, oh, oh, oh, para darle más fuerza y menos solemnidad al himno. Para decirlo de otro modo, los que no tenían ni recuerdos de cosas mejores, ni motivos para esperanzarse con el futuro estaban ese 25 de mayo de 2004 saltando y bailando con la versión patria de Charly García bajo una lluviecita molesta y en esa acción se sintetizaba el puente inaugurado entre pibes y política.

Mientras el río subterráneo de amor se iba cargando, los poderes dejaban hacer a este pingüino que les garantizaba gobernabilidad y reposición de la autoridad presidencial. Pero ya durante 2006 y 2007 las presiones y los lobbys retomaban la costumbre de ir por todo y las zancadillas tanto a él como a su esposa primero candidata y luego presidenta no se hicieron esperar.

La furia del golpismo de 2008 me lo cruzó de nuevo durante aquellos días aciagos en que Carta Abierta ponía palabra y acto en medio de la cadena nacional de medios privados. El sábado 13 de julio se acercó a conversar con ese grupo original, heterogéneo y extraño que conformamos de la mano del inmenso Nicolás Casullo, otro que no tuvo mejor idea que irse también en un octubre y quedarse esperando para debatir jugadas a este otro hincha fanático de la Academia.

Durante esas dos o tres horas de visita en la Biblioteca Nacional dijo, bromeó, habló y aceptó de todo. Y se adelantó cuatro años. " ", dijo micrófono en mano ante un auditorio fascinado por la presencia, pero sobre todo por la pasión y el entusiasmo de un hombre a quien gurúes, oráculos televisivos y plumas renombradas daban por eliminado de la faz de la política.

Ese río que transita por los subsuelos y sólo accesible a quienes ponen algo de empeño en el intento de comprender, iba aumentando su caudal, quisieran o no, supieran o no, pudieran o no verlo los fiacas y los mentirosos.

Y un día ese agua que circulaba torrentosa encontró la superficie. Y salió a la acera. E inundó las calles. Y trabajadores al lado de pibes, y mujeres jóvenes y grandes al lado de putos y lesbianas militantes al lado de intelectuales y clasemedieros al lado de cirujas se le apresentaron a los cegados por la necedad cuyo principal deporte es la calumnia y le mostraron que lo que cala hondo y es auténtico no se va con la ida del líder. Muy por el contrario, se queda y le taladra el cerebro a los vivos. Y les avisa que cada aniversario de su partida será un certificado de ratificación y un grito de guerra mientras no quieran entender que esto no es un capricho; es el anhelo de generaciones que empieza a concretarse.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Programa SF 35 - Eric Calcagno - Marcelo Fuentes - 6 de Octubre de 2012

Un emblema llamado 7
 Por Mariana Moyano

Editorial Sintonía Fina del 6-10-2012.

Ella lo terminó de decir y algunos de los que estábamos ahí nos miramos y tragamos saliva. No por incomodidad ni por temor. Fue un poco por la sorpresa que semejante frase implicaba en boca de alguien de su envergadura. Pero, sobre todo, porque los que conocíamos de qué disputa se trataba ni nos imaginábamos los a
lcances de la artillería pesada que poseen esos poderes contra un Estado de decidido. El conocimiento que nosotros llevábamos a cuestas nos permitió imaginar un panorama de guerra impiadosa. A los verdaderos dueños de todo no les gusta ni que los desafíen, ni que los enfrenten. Y muchos menos que los desenmascaren.

La frase de la Presidenta no dejaba lugar a muchas dudas acerca de a qué estaba dispuesta: "puede que sea imposible, pero alguien tiene que hacerlo", dijo sin mirar específicamente a ningún interlocutor. Porque -y esta una sensación absolutamente personal- no nos estaba hablando a nosotros en particular. Estaba, más bien, haciendo un juicio histórico; una promesa; un juramento.

Aquello no fue dicho en días calmos. La resolución 125 era la excusa de ocasión para poner orden frente a un poder político que empezaba a descarriarse. Tenían ellos, los poderosos de en serio, no sólo que ganar la pulseada sino que mostrar y demostrar que les pasan cosas serias a los que se les atreven.

Discutir una nueva ley de Radiodifusión no era un saludo a la bandera, con todo lo emotivo y conmovedor que éste puede ser. Era desmontar una operación ideológica de décadas; hacer hablar a las marionetas y a los que mueven los hilos; obligar a tomar partido a trabajadores, pero sobre todo mostrar la cara, el nombre, la ubicación y la identidad de los dueños de los medios y -a veces- también de los trabajadores.

La historia reciente dejaba en evidencia que había habido jefes del Estado con muy buenas intenciones. Que los había habido otros con la fuerte convicción de que con el poder empírico la negociación es acaso posible. Que estaban también aquellos a quienes no les había temblado el pulso para favorecer a favorecidos y empoderar aún más a los poderosos. Y siempre la marca que quedaba era la misma: el poder real reacciona con virulencia cuando el poder político levanta un poquito de más la cabeza.

Por eso, esa frase, y esa Presidenta, inauguraban era una etapa, la que se definía sobre dos pilares básicos: de allí en adelante el tótem periodístico, el ideario liberal por excelencia, también podía ser puesto en cuestión y la propiedad de unos pocos dejaba de ser un problema privado para convertirse en la raíz de la desigualdad general.

El tema llevaba más o menos 25 años de discusión. Los ánimos ya estaban calientes y había cierta gimnasia en ámbitos gremiales, culturales y universitarios. Allí había alarido, código común, pacto de sangre. Pero la calle... La calle no tenía la más mínima idea de ese debate ni de lo que implicaba. El liberalismo de siempre, el neoliberalismo de hacía poco y la siempre a mano herramienta de la antipolítica se habían solidificado lo suficiente en los sedimentos de todas las cabezas y habían hecho la intravenosa correspondiente para que ante cada acción relacionada con los medios de comunicación, la reacción fuera por el andarivel del cercenamiento de la libertad de expresión.

Ya estaba instalado casi como un acto reflejo en el sentido común de una sociedad entera y enteramente colonizada: si alguien cuestiona a un periodista no es más que un censor; si alguien habla de un medio, no es otra cosa que un stalinista expropiador.

César "Chacho" Jaroslavsky lo había dicho de otro modo y poniéndole nombre propio al asunto: "Hay que cuidarse de este diario. Ataca como partido político y si uno le responde, se defiende con la libertad de prensa". En estas andaba este texto cuando un grupo de prefectos y otro de gendarmes me sobresaltó, violentó mi escrito, rompió la cadena de mandos institucional y puso en estado de zozobra a medio país. "Bueno, cambió el tema. Tengo que empezar de nuevo. Va otra nota editorial, no es sobre medios que tenemos que hablar", pensé. Hasta que algo en mí, más inteligente y suspicaz que mi primera impresión me detuvo y me hizo recalcular. Y ese GPS político interior primero le puso signos de interrogación a lo que había aparecido a priori como una definción y a través de la pregunta se respondió solo: "¿Cambió el tema?, ¿Tengo que empezar de nuevo con otra nota?, ¿No es sobre medios que tenemos que hablar?". La mirada boba o la interesada va a decir que no, que no es lo mismo hablar de medios que de sublevaciones. Que esos diagnósticos conspirativos y esas paranoias no es más que cosa de Montoneros. La mirada boba o interesada, esa que piensa, o dice que piensa, que los medios son sólo esquemas de periodismo, espacio de profesionales de la comunicación, la vivienda de la noticia. La mirada boba o interesada, esa que o no ve u oculta que en estas eras ya sólo los muy ingenuos o los muy distraídos piensan que los medios se dedican sólo a la comunicación. Ojo. Aquí nadie está diciendo que hay un Héctor Magnetto comandando a las fuerzas de seguridad que no aceptan a su comandancia. Estas líneas no están sugiriendo que desde las oficinas de un diario se dio la orden de reunir a suboficiales y familiares a las puertas del edificio Centinela. La realidad es mucho más compleja que semejante literalidad, más sinuosa y mucho menos cuadrada. Ni soy tan boba, ni tengo una visión tan interesada. Hoy es 6. Por esas cosas de las costumbres milenarias de los pueblos y de las convenciones sociales, mañana, entonces, será 7. Y entonces faltarán dos meses para una fecha símbolo, para una fecha sueño. Para el día que permitirá abrirle una puerta al futuro. Y faltarán tres días para un nuevo aniversario de otra fecha símbolo, de otra fecha sueño, de la fecha que empujó para cerrarle las puertas al pasado. Y lo recorrido desde aquel 10 tiene consecuencias. Y el camino hacia este 7 convoca tempestades. De las de letras de molde y de las que no se ven. De las que se asumen y de las que no dejan huellas.

La línea argumental de los poderosos en riesgo se estructuró alrededor de la supuesta “impericia" y el "desorden administrativo" como causas de un "conflicto meramente gremial". Quienes pensaron, intuyeron o indicaron que había olorcito a algo más no hacían otra cosa que ver "fantasmas donde no los hay" o construir el "relato fabulador elucubrado por el kirchnerismo". Sin embargo, sus propias plumas y en sus propias páginas escribieron acerca de: "quebranto de la disciplina", "anomalías en el funcionamiento del Estado", “extrema tensión" y de "daño institucional derivado de la ruptura de la cadena de mando".

¿Flagrante contradicción?, ¿Desprolijidad editorial?, ¿Doble comando periodístico?, ¿Diarios copados por patrullas perdidas? Eso es edición a secas?, ¿Eso es puro periodismo? Nada de eso. Lisa y llanamente, operación a dos puntas, interlocución partida: burla, menosprecio y minimización por un lado y temor, temblequeo y terror, por el otro. Bien remarcado el responsable y lo más difuso posible el problema. Porque la novedad del accionar en este nueva América Latina es pergeñar la destitución sin que sean necesariamente los uniformes golpistas los que le protagonicen la epopeya a la derecha. No es tanto el peso de los tanques como el poder de la esmerilación. Ya ni es el comunicado número 1, ni la seguridad interior la herramienta más a mano. No quieren, no les sirve, no pueden recurrir a un clásico golpe de Estado. Los grupos de poder, los dueños del poder, el poder, lo único que necesita para extorsionar y lograr su cometido es democracias de baja intensidad, repúblicas tuteladas, gobiernos débiles. De modo que sean los propios oficialísimos los que -quebrados y con las manos atadas- desalienten y desanden cualquier camino libertario, cedan fácilmente a las presiones y se enfrenten a los intentos populares de avanzar. La ecuación es sencilla y la búsqueda es clara: sectores populares enfrentados a gobiernos que no pueden. Y poderosos anónimos que se encojen de hombros y se burlan con cinismo de quienes hacen pública su preocupación por la zancadilla a la democracia.

Por ello, ni todo está teñido de 7 de diciembre, ni todo divorciado de aquella fecha emblema. La cuestión y el desafío es mantenerse en puntas de pie en un fino equilibrio entre la paranoia y la mirada aguda. Porque hacia lo que vamos lo hay ni recorrido fijo, ni ruta fijada. Es de a pasos cortos, movimientos firmes y avance astuto. Es una cuenta regresiva hacia lo deseado, pero también hacia lo completamente desconocido. Se trata, claro, de un punto de llegada. Pero es, sobre todo, una línea de partida. Y separan a este hoy de aquello, a este hoy de ese fin de época, muchos pliegues y toneladas de carroña. De todos modos, la venda ya se movió y cuando se corre de los ojos, como decía Sartre, no puede volver nunca al mismo lugar en el que estaba

lunes, 10 de septiembre de 2012

Programa SF 31 - Alan Iud - 8 de Septiembre de 2012


Editorial Sintonía Fina del 8-9-2012. 
Las creen estúpidas (Por Mariana Moyano)
De esas, hubo miles. Pero una siempre me pareció la más particularmente cruel: la revista Noticias la hizo, ¿cuándo no? La tapa era más o menos así: el perfil de Néstor Kirchner sobresalía por dos motivos. Uno, natural, la prominente nariz del ex presidente se veía desde lejos. El otro, bien político. El photoshop y el

encono le habían puesto un pañuelo blanco en la cabeza. Y el título decía esto: “Cómo los Kirchner exponen a Madres y Abuelas. El peligroso uso de los Derechos Humanos”.
Varias cosas siempre me llamaron la atención de aquella edición de junio de ese año parte aguas que fue el 2008. Por un lado, la idea de “utilización”. No tanto porque supusieran, sospecharan o porque tuvieran la certeza de que un gobierno podía sacar tajada de eso que ellos de modo superficial y por pereza intelectual o por profundo desconocimiento político llaman sin precisar “los Derechos Humanos”, sino porque en esa afirmación vuelta denuncia, quedaba implícita una idea peligrosa cuando no estúpida. Sugerían allí de que luego de perder lo más preciado y tener la excepcional capacidad de transformar algo que se siente en las tripas en un ejemplo universal; que después de demostrar con sus propias vidas y trayectorias que la justicia por mano propia no le hace mal al que la sufre sino a la humanidad entera yque habiendo peleado contra los códigos penales y siendo ellas las que le buscaron la vuelta al genetismo a favor de la verdad, estas mujeres eran lo suficientemente pánfilas y limitadas como para, así nomás, sin pensar, “dejarse usar”.
Lo otro que me provocaba especial sorpresa -y risa, tengo que admitirlo- de esa portada es que alguien más o menos lúcido pudiera suponer que dos referentes de dos de las organizaciones más reconocidas en el planeta, enfrentadas entre sí desde hace décadas, quitaban del primer plano sus diferencias sólo porque un hombre, un matrimonio o una mujer las había seducido con vaya uno a saber qué palabras o promesas vacías y que algún tipo de cholulaje o fascinación se había interpuesto entre cada una de ellas y la búsqueda de un objetivo al cual le habían dedicado más de la mitad de sus propias existencias, su salud incluso y más de un tercio de sus vidas privadas.
Estaban ofendidos. Noticias y todos. Pero, ¿por qué? Hay cierta legitimidad, o es por lo menos comprensible, cuando los protagonistas primigenios sienten como una afrenta que otro tome y lleve adelante lo que ellos crearon o cuidaron desde un inicio. Se puede discutir, pero hay lógica en la herida. Pero los que vociferaban eran o los cómplices que se lavaban la cara con estas banderas cuando sabían que no había riesgo de que se volviera política de Estado, o los cínicos que recurrían a la vitrina y quitaban de allí a las mujeres del pañuelo blanco y les entregaban alguna que otra gentileza en los momentos en los cuales ellas estaban bien resguardadas de la posibilidad de accionar y quedaban todos habilitados de colocarlas en el huequito reservado a las figuras decorativas.
Así, cuando uno tira del piolín y sigue el hilo del razonamiento encuentra el porqué del enojo. Lo que les molesta no es que dos a quienes ellos suponen crápulas, ensucien una lucha de décadas y una dignidad intachable. Ni les importa lo que se haga con la honradez de estas señoras. Lo que les interesa, sencillamente porque los atañe y los afecta, es que estas mujeres sigan siendo lo que son pero que en los Tribunales empiece a haber movimiento; que los papeles se pongan en circulación, que los implicados pasen de testigos a imputados y de ahí a la sentencia; que la voz con capacidad de palabra performativa que siempre posee el Poder Judicial pronuncie “lesa humanidad”, “imprescriptible”, “plan sistemático” y, sobre todo, que puedan llegar a caer esas calificaciones sobre personas bajo cuya complicidad hasta hace no mucho Ledesma era sólo la marca de un papel y James Smart, un local de ropa de hombre.
Estela de Carlotto se había enojado feo con aquella edición de la Revista. Y con razón. El semanario hizo un mohín de disculpas y en pluma de la periodista que cometió la canallada dijo: “Nunca estuvo en el ánimo de Noticias confrontar ni agraviar”. No, claro. Si cuando uno sigue el itinerario de la publicación se da cuenta enseguidita que jamás quieren ofender. La prudencia los define. Si, si.
Además, la edición que sin vergüenza publicaron ayer y que hoy decora Buenos Aires, me exime de cualquier otra consideración o ironía.
Pero en esta ocasión, en serio optaron por mesura y la circunspección. Los medios de comunicación más poderosos eligieron estos días la moderación. Y se contuvieron, incluso se reprimieron. Y callaron. Y silenciaron. Y no dijeron una sola palabra. Y escondieron uno de los temas nodales de la semana: que el Tribunal Oral Federal 1 había acusado también de homicidio a 15 represores; que entre ellos se encontraba un ex ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires; que ese era el primer funcionario civil del Estado terrorista que llega a juicio; y que aún con ropa que vale un salario mínimo había sido enviado a una cárcel común.
No es el pañuelo blanco lo que cuidan. Son los trapos propios. Eso les preocupa. Por eso vociferan. Eso los ofende. Que la pilcha de los responsables ya no sea sólo de color verde yque los veredictos no caigan exclusivamente sobre los de uniforme. Que Marcos Paz también sea el destino de quienes tienen coincidencia en DNI y en etiqueta. Que para ellos y para los que se parecen a ellos la cárcel común también pueda ser una opción.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Programa SF 30 - Oscar Gonzalez y Daniel Santoro - 1 de Septiembre de 2012


Editorial Sintonía Fina 1 de septiembre de 2012
¿Y éstos quiénes son?  (por Mariana Moyano)
El último que lo dijo fue Diego Capussotto, pero no fue ni el primero ni el único. “A la izquierda del kirchnerismo no hay nada”, aseguró él y habían afirmado otros antes. Claro. Esto de “quedar de ese lado de otros”, vaya uno a saber por qué entre los bien pensantes, los políticamente correctos y los militantes suena a elogio. Los que piensan lo contrario se asustan, pero no lo dicen. Hacen, pero se callan.
Porque hay una costumbre: Cuando se está a la izquierda, se alardea. Cuando la derecha es el lugar elegido, la autodefinición nunca es sincera: “No, no. No soy de derecha, soy de centro. Equilibrado y con una profunda confianza en el consenso”, indican. Si, si. Claro. Por las dudas, usted, señor oyente o lector, si escucha o ve esto, le sugiero con humildad, huya, porque como dijo Feinman el bueno en estos días “la derecha es tan cruel como cada coyuntura se lo permite”, lo digan o se hagan los giles, agrego yo. 
Y a esos, a esa derecha, el kirchnerismo no les gusta. Pero no porque lo ubiquen al calor del leninismo o bajo el ala de Fidel Castro, sino porque les da asco, odio, rencor, pavura. Esos sentimientos despierta este movimiento que quién sabe de qué rincón de la historia argentina exactamente surgió.
¿Qué no? ¿Qué no es eso lo que les provoca el kirchnerismo actual o el peronismo de siempre? ¿Qué exagero? Les tiro un dato que no es mío sino del enorme Norberto Galasso. Contó el historiador que mientras buscaba material para escribir sobre Discépolo se topó con esta información: el año en que más suicidios ocurrieron entre los miembros de las clases altas de nuestra Argentina fue 1945. A digerir esa revelación, señores. A masticarla. Y sobre todo, a hacerse cargo.
Así, desde el asco, el kirchnerismo es la vuelta de los Montoneros, el retorno de la subversión marxista, los negros arriados por el chori y un poco de vino, los llevados por un plan, el gobierno de los revanchistas, la vida feliz de las locas, el regreso de la hija bastarda, el autoritarismo, el campo libre para las juventudes hitlerianas, el fascismo, la crispación. 
Dan risa. ¿Pero y por izquierda? ¿Cómo se corre por izquierda al gobierno a la izquierda del cual según muchos no hay nada? Lo testimonial siempre sirve. Lo imposible también. El enojo juega un rol y el gesto adusto ni les cuento cómo cotiza.
El pero, el pelo del huevo, el acento en la hendija, la lupa en el detalle, la marcación de lo imperfecto, la construcción desde los hipotético, la historia contrafáctica, el lugar de comentarista y lo cristalino como única opción. “El bloque de poder sigue siendo el mismo”, “Los ricos del menemismo son los ricos de ahora”, “no se meten con los verdaderamente poderosos”, “son socios de los poderosos”, “son los poderosos”. Ah, y si se está en determinado lugar de esa izquierda, en el cual el asquito que siente la derecha que se oculta no provoca ninguna nausea, la cosa se resuelve fácil y te tiran con la más a mano: “son peronistas, ¿qué querés’”.
Paren, paren. Ordenémonos. ¿Son los Montoneros en remake o son los dueños de la Argentina?, ¿son los ricos o los morochos con choripán?
No. Se ve que por acá no es. Este no es el camino. Para definir a los definidos como binarios, el binarismo queda muy chiquitito.
Entonces, qué es el kichnerismo. ¿Es el tercer cordón del conurbano o los intelectuales de Carta Abierta?, ¿es el peronismo histórico que cuestiona o el socialismo que se entusiasma?, ¿es el progresismo que dice que falta mucho o el progresismo amigo del anterior que le responde que lo más importante es defender el piso conquistado?, ¿son los aindiados jujeños o los chacareros gringos que pese a sus comandancias bancan igual?
¿Y si es todo eso? ¿Y si el problema es que es todo eso? ¿Y si lo brutalmente intolerable es la condensación de la indefinición? ¿Y si es lo inabarcable lo que lo hace atractivo? ¿Y si la imposibilidad de una definición acabada es lo que enoja y emociona? ¿Y si el problema es que es la fuerza centrífuga desde la cual surgen los ejes de todos los debates? ¿Y si el problema es que es la fuerza centrípeta con la infinita capacidad de almorzarse las iniciativas de otros para invitar a cenar a quienes ni pensaban tener una migaja? ¿Y si la verdadera molestia es que hay fiaca, pereza, desgano, falta de intención de discutir, de crecer, de debatir, de tener la cabeza todo el tiempo buscándole la vuelta al mundo? ¿Y si lo imbancable es que se les escapa?
¿Qué es el kirchnerismo? Preguntárselo sin asco y sin enojo. Sin ceño fruncido, ni mueca de mal olor. Embarrarse y criticar, alejarse y saludar, involucrarse y aplaudir, comprometerse y cuestionar. Por ese lado va la cosa.
¿Por la definición me pregunta? Ah, no, disculpe. De eso no hay. De lo acabadito, cerradito, con moño y encerado no tenemos. Pero, venga igual, hombre, anímese. Piense, rómpase la cabeza y no pare de preguntar. Le aseguro que va a llegar mucho más lejos que los que tienen enunciados en cajitas con candado.

lunes, 27 de agosto de 2012

Programa SF 29 - Fernando Buen Abad - 25 de Agosto de 2012


La versión local y la foránea (por Mariana Moyano)

Tiene su versión local y el reverso foráneo. “Sicario”, “mercenario”, afirman por estas pampas y clausuran cualquier discusión. Hay otros que optan por el “periodismo militante”, en un como si de argumentación que no hace más que disfrazar de elegancia algo que no es otra cosa que insulto. “Fascista”, escribe desde un diario centenario otro que se dice pluma eximia pero que no es más que la versión humana del cavernícola portazo. Nunca aparecerá el término “profesional”. Ese, se lo guardan bajo siete llaves para ellos, para sus socios, para sus aliados o para sus conveniencias. Y lo van sacando del encierro según lo van necesitando. Porque tienen su versión local y el reverso foráneo. Le decían experto en comunicación. No era ni hacker, ni delincuente. Era un diestro especialista en obtener información secreta y a veces, hasta le prestaban las charreteras con brillo, lustre y todo: “periodista” habían, algunos, bautizado al forastero. Claro, corrían aquellos tiempos en los cuales a su mercancía de ocasión, la definían como “cables diplomáticos”, porque les servía como excusa inigualable para titular: “Grave acusación de Estados Unidos por la corrupción en el país”, “Para Estados Unidos, los Kirchner eludieron el combate contra la corrupción”, Argentina posee un “sistema judicial frágil, un débil y castrado marco institucional y una enorme impunidad de quienes delinquen”. Y hablaban. Y se regodeaban. Y se retroalimentaban. Y les encantaba el sonido de su propia voz. Todo un verano bailaron al ritmo de la melodía Wikileaks. Porque no eran “consideraciones generales”. No, no. Se trataba de “reportes” de tremenda credibilidad. Y hablaban. Y se regodeaban. Y se retroalimentaban. Y podían celebrar que otro había dicho lo que ellos habían dicho y que querían volver a decir. 2200 cablecitos con la música más maravillosa para esos oídos ávidos de insultos: “los Kirchner son paranoicos del poder”, “ácidos”, “impermeables al consejo ajeno” e “ineptos en política exterior”. El estilo K es “errático y caracterizado por la tensión extrema en el corto plazo”. “Néstor Kirchner tiene dos caras”, “Kirchner no es un genio perverso, es sólo un perverso”. Y Hiilary. Y hablaban. Y se regodeaban. Y se retroalimentaban. Y Hillary que se preguntaba““¿Cómo controla Cristina Fernández sus nervios y ansiedad? ¿Toma alguna medicación? ¿En qué circunstancias controla ella mejor el estrés?”. “Y la enfermedad gastrointestinal del ex presidente? ¿Está tomando medicamentos? ¿Demuestra una tendencia mayor a oscilar entre extremos emocionales? ¿Cuáles son los principales disparadores de sus enojos?, ¿es por colon irritable que su personalidad rígida tiene tendencias obsesivo compulsivas y es por esto mismo que Kirchner no pone atención en las ceremonias protocolares excesivamente largas”. Y hablaban. Y se regodeaban. Y se retroalimentaban. Y tiraban papelitos porque alguien de muy, muy arriba, decía que Cristina no terminaba el mandato, que Néstor no sabía nada de economía. Y como si no alcanzara con tanto para tanta felicidad, se rubricaba con el sello de las águilas que el susto por la posible sanción de una la ley de medios audiovisuales había pasado. Tapas, páginas, columnas y análisis. Y mucha celebración: Julianne Assange era el personaje de moda y nuestra Argentina bailó a su ritmo mientras los utilizadores así lo necesitaron. Ríos de tinta; miles y miles de chismes y comentarios azotaron y asolaron la agenda local. Un empalagoso copiar y pegar pero nada menos que del New York Times, El País, Le Monde, The Guardian y Der Spiegel. Hasta que la burbuja explotó y el canoso australiano quiso hacerse el anarquista. Se pasó de la raya y cruzó la barrera que el Departamento de Estado, el foreign Office, Frau Merkel, la moral, las buenas costumbres, el decoro, y todo el stablishment habían considerado simpática y conveniente. Ahora el sablazo cayó sobre él, sobre el traidor a su clase. La guillotina jacobina devenida comportamiento multilateral hizo lo que sabe: lo reubicó en su nuevo lugar de delincuente y de amenaza internacional. “Terrorista high tech”, le lanzó el vicepresidente de los Estados Unidos. Y entonces fue advertido: le quedó claro que apenas saque una uña por fuera de indigna embajada que lo cobija, lo tomarán de las pestañas y le harán saber qué hace el mundo dominante con los que se le animan.

lunes, 13 de agosto de 2012

Programa SF 27 - Horacio Pietragalla Corti - 11de Agosto de 2012


Editorial 11 de agosto

Un número (Por Mariana Moyano)
Comparados con los más de 40 millones que habitamos estas tierras, 106 no es nada. Medido frente a los 30 mil, suena insignificante.
Contrapuestos con los 400 que faltan, se vuelve un número menor.
Es una cifra. Y como tal es fría, dura, impersonal, distante. Sin embargo, tiene la capacidad única de incrustarse y detener el tiempo. Porque lo atraviesa. Viaja hacia el pasado y trae desde ahí toda la furia, la densidad que jamás se le podrá robar a la historia y las vivencias, no de una, sino de todas las personas que forman parte de ese rompecabezas que esta pieza recién llegada, completa.
El martes, en el mismo lugar desde el cual cada vez que comunican algo cruje, las Abuelas anunciaron que a la lista se agregaba un integrante más: dijeron que Pablo Javier Gaona Miranda derribaba un poco más el muro que aún separa el mundo de las penumbras de éste.
Es un número. Un minuto lleva la revelación. Y un pequeño recuadro de un diario alcanza para que la información se haga pública. Pero el poder que trae consigo, lo excede, lo supera. Lo deja solo y sin embargo a cargo de echarnos en la cara todo el pasado reciente.
Es esa carga histórica lo que lo hace poderoso. Es verdad. Pero hay algo de otro orden lo que lo hace altivo y desafiante. Es que los nietos, de modo provocador, han elegido ese modo tan castrense como forma resignificada de nombrarse a ellos mismos. “Numerarse”, grita la fórmula cuya capacidad principal barrer todas las características distintivas debajo de la alfombra del anonimato. 
Sin embargo, como si el objetivo fuese usar la fuerza del enemigo a su favor, estos  aparecidos reformulan la lógica hasta el punto de lograr darla vuelta por completo.
 “Yo soy el nieto 84”, dice uno como al pasar, hasta con displicencia. “Yo soy el 101”, agrega otro. “Ella es la 1”, señala otra. Lo indican así, con esa frase cortita, inofensiva y sin siquiera exclamarlo demasiado.
Y ese dato que podría pasar inadvertido. Sin embargo, se detiene y detiene. Porque la información que aporta va más allá de la secuencia. Abre un temporal que, sabemos, va desde aquel 1979 hasta la actualidad y cada número representa una historia, un nombre, una búsqueda, una causa y un momento preciso de la historia más actual y más reciente.
Nos trae directo de aquella desaparición a este aparecido, de aquel no saber a este no hay excusas, de ese no vi a este qué hago, del entonces ni idea al actual no hay opción.
Ahí es donde no hay excusas. Y el pasado congelado se vuelve presente continuo, presente continuado. El número se abre, se ramifica, interpela, se mueve, remueve, moviliza, convoca. Y hasta incluso, se separa de la persona a la que le pertenece. Y mira de frente y fija la vista y coloca a la Argentina para que mire, se mire, a un espejo. Obliga. Aunque no chille, no grite, no exclame.
Y ahí está, ahí se ve la densidad histórica que le da peso, carnadura, extremo y hasta irracionalidad a ese número frío, impersonal, distante. Y es también el modo amoroso en que las enormes derribadoras de imposibles lo que mece, vuelve tierno y pone de pie a esa cifra.

La escena es siempre definitivamente conmovedora. Esas mujeres de pelo cano, maquilladas, cuidadas y cuidadosas hacen el anuncio. Detrás hombres y mujeres ya las escoltan, con su número a cuestas, con sus ausencias presentes, con su pasado mentiroso derrotado y con la reivindicación política de sus dos apellidos. Ahí están de pie los de siempre y otros más.
Ahí están, de pie, los de siempre, y otros más.
Ahí están 106
Aquí están
Anatole Boris y Victoria Eva Julien Grisonas
Tatiana Mabel Ruarte Britos y Laura Malena Jotar Britos
Juan Pablo Moyano
Tamara Ana María Arze
Martín Baamonde
Humberto Ernesto Colautti Fransicetti y Elena Noemí Ferri Fransicetti
Sebastián Rosenfeld Marcuzzo
Eduardo Garbarin
Ana Laura Hisi.
Astrid Patiño Carabelli
Federico Luis Spoturno
Andrés La Blunda Fontana
Amaral García Hernández
Diego Mendizabal Zermoglio
Paula Eva Logares
Sebastián Ariel Juárez
Felipe Martín y María Eugenia Gatica Caracoche
Carla Graciela López Rutila Artes
Jorgelina Paula Molina Planas
María Fernanda Álvarez.
Marina Leonor y Liliana Bau Delgado
Paula Eliana y Esteban Javier Badell Acosta
Ramón Angel Pintos
Laura Ernestina Scaccheri
Marcos Lino Moscazo
Paula Orlando Cancela
Elena Gallinari Abinet
Gabriela Alejandra Gallardo
María José Lavalle Lemos
Hugo Ducca
María Victoria Moyano Artigas
Ximena Vicario
Gonzalo Javier y Matías Angel Reggiardo Tolosa
Marcelo Mariano Ruiz Dameri
Emiliano Carlos Castro Tortrino
Mariana Zaffaroni Islas
José Sabino Abdala Falabella
María Alejandra; Stella Maris y Raúl Roberto Fuente Alcocer
Carlos D`Elia Casco
Laura Fernanda Acosta
Manuel Goncalves Granada.
Javier Gonzalo Penino Viñas
Paula Cortassa
Andrea Viviana Hernández Hobbas
Carmen Gallo Sanz
María de las Victorias Ruiz Dameri
Claudia Victoria Poblete Hlaczik
Hilda Victoria Montenegro
María Macarena Gelman García
Guillermo Rodolfo F. Perez Roisinblit;
Martín Castro Rocchi
Gabriel Matías Cevasco
Simón Antonio Gatti Mendez
María Eugenia Sampallo Barragán
Susana Coloma Larrubia
Horacio Pietragalla
Gustavo Godoy Ferreira
Juan Cabandié Alfonsín
Victoria Donda Pérez
Pedro Luis Nadal García
Leonardo Fossati Ortega
Sebastián José Casado Tasca
(Natalia) Suárez Nelson
Alejandro Pedro Sandoval Fontana
Marcos Suárez Vedota
(Pablo Hernán) Casariego Tato
Celina Rebeca Manrique Terrera
Belén Altamiranda Taranto
(Evelin) Bauer Pegoraro
Laura (Carla) Ruis Dameri
(Milagros) Castelli Trotta
Jorge Guillermo Goya Martínez Aranda
(Alejandra) Cugura Casado
Laura De Sanctis Ovando
Federido Cagnola Pereyray Sabrina Valenzuela Negro
(Bárbara) García Recchia
(Martín) Amarilla Molfino
Matías Nicolás Espinosa Valenzuela
Francisco Madariaga Quintela
El hijo de María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein.
María Pía, hija de Cecilia Beatriz Barral y Ricardo Horacio Klotzman
El 104 no nació, ya que su mamá, Liliana Ross fue asesinada embarazada de cinco meses y medio.
Laura Reinhold Siver
Y Pablo Javier Gaona Miranda
Ahí están, de pie, los de siempre y uno más.

martes, 31 de julio de 2012

Programa SF 25 - Alberto Sileoni - 28 de Julio de 2012



Editorial 28 de Julio de 2012.
Ana y José y la trampa de las respuestas cortas (Por Mariana Moyano)

En la esquina de mi casa dos afiches me avisan que “Un día, Ana fue con su bolsa a hacer las compras” y que “un día, José puso la basura en el contenedor”. ¿Qué es? ¿Quiénes son? Me pregunto con todo derecho y justificación. Todo Amarillo. Es Mauricio. “Ciudad verde. Llegó el día”, dice más abajo el cartelito municipal.
Confieso que me siento un poco estúpida. No lo entiendo. No lo entiendo a Mauricio, ya sé. Lo que quiero decir es que no entiendo los carteles. ¿Llegó el día para qué? ¿Quiénes son Ana y José? ¿Usar la bolsa propia o poner la basura en el contenedor implica qué?

No se pueden responder esas preguntas, pero no porque no tengan respuestas, sino porque la interrogación está mal formulada. Está mal formularla. No son interpelaciones y en tanto eso que no son, no pueden ser objeto de cuestionamientos.

Son nada. Son eso que se dice y que no quiere decir, Que no tiene como objetivo provocarnos un razonamiento sino hacernos pensar que algo ha logrado llenarse de contenido cuando, en realidad, está más vacío que nunca.

Se trata del slogan, esa frase corta, sugerente que hace como que. Que aparenta llevarnos de la mano al nudo de eso que queríamos encontrar, pero que si buceamos un poquitín detrás de la cáscara, nos encontramos con que ahí, no hay nada. Lo que hay, está en otro lado, en lo que no dicen nunca, jamás, de ningún modo y bajo ninguna circunstancia. La honestidad brutal no es para esta derecha, sino sólo para aquella bestial y despiadada que se hace cargo de su conservadurismo, de sus masacres, de sus odios y de sus enemigos.

La de la ciudad de Buenos Aires es una derecha con códigos de medios de comunicación. Rapidito y en fila. Vacío y fácil. Con aspecto entre cool y costumbrista. Que sonríe con liviandad así el mundo esté viniéndosele encima y que hace pública su molestia ante cualquiera que le proponga un razonamiento que tenga una profundidad mayor a los 30 centímetros.
Porque es lo mismo de lo que se esté hablando. Todo puede responderse en una sola palabra, en 140 caracteres y con una frase elaborada con antelación para lanzarla en una conferencia de prensa y que sea el título de mañana a la mañana. No importa si se trata del holocausto, del santo sudario, de la deuda externa, del conflicto en medio oriente o de la historia política reciente de nuestro país.

Lo verdaderamente importante es decirlo fácil, corto, con simpatía y con contundencia. Las fisuras, las dudas, las honestas vacilaciones, los genuinos titubeos y la pausa para tomar envión, de modo que el razonamiento que se quiere expresar surja con mayor claridad, serán consideradas traiciones a la capacidad de respuesta. No se puede fluctuar. No hay permiso para las oscilaciones. Está terminantemente prohibido pretender complejizar el concepto.

El corralito intelectual es feroz. “Pero, Ministro, se lo pregunto otra vez, ¿usted está a favor o en contra de las tomas? Contésteme en una palabra. ¿Sí o no?” Y a prisión. A la celda semántica. Los argumentos, los análisis, los razonamientos y todo intento de complejización o sutileza… a la cárcel.

“Por sí o por no”. “Rapidito. Conteste rapidito que necesitamos los minutos de aire para seguir expandiendo el discurso dominante en dosis homeopáticas de sentidos cortitos, esos que nadan cómodos en palangana”.

El Ministro tomó la ruta larga y no el atajo. “Error”, dice la derecha de la lógica del marketing. “El Che es una remera y Eva Perón es un billete”. “Y que se queden ahí, encerraditos, acotados y contenidos. Y si usted habla más largo, ministro, presidenta, Evita, Che Guevara será el responsable único de que lo saquemos de contexto. No es culpa nuestra. No, no. Es que es así el esquema, el modo, el sistema de funcionar. Rapidito y en fila. Vacío y fácil. Susana giménez con rodete Duarte; Ernesto Guevara asesino y sin debate. Y usted, Ministro de Educación de la Nación, vamos, responda, que yo soy casi como un oficial de policía. Por sí o por no. ¿A favor, o en contra?”

No hay contestación posible, pero sencillamente porque ellos no quieren una respuesta. Sólo quieren instalar la pregunta. Rapidita y en fila. Vacía y fácil. Para que antes que pensamiento haya miedo y antes que razonamiento, reacción.

Maquinitas de repetir vaciadas y sencillitas a las que ellos llaman gente. De eso se trata el robo, el aniquilamiento de la capacidad de ejercicio de ciudadanía. “Las cosas tienen un solo lado y si no te gusta, prendé la televisión y vas a ver cómo a fuerza de repetición, de estereotipos y de banalidades te das cuenta de a qué lado nos estamos refiriendo”.

“Porque, mi querido vecino, nuestro trabajo es que usted haga las compras con su propia bolsa y que, a lo sumo, tire la basura en el contenedor. No vaya a ser cosa que se ponga a pensar acerca de qué lugar ocupa usted en el cuentito de la democracia. No sea cuestión de que esas remeras o esos billetes se le corporicen y le pongan ideas locas en su cabecita. No vaya a ser que participe, discuta, debata, se encuentre, razone, milite y cambie las cosas y un día deje de ser vecino para convertirse en ciudadano organizado”.

“Haga como Ana y como José. Piense que un gesto bobo lo convertirá en protagonista de una imagen que recorrerá todos los barrios. Sueñe con eso. Planee bajito. Piense cortito y responda fácil. El resto del trabajo, lo hacemos nosotros”



lunes, 16 de julio de 2012

Programa SF 23 - Anibal Fernandez - 14 de Julio de 2012



Economía de derecha y marketing: ¿El rey no estará desnudo?
Por Mariana Moyano

14 de julio de 2012

Lo confieso para compartirlo y también a modo de exorcismo: a mí lo que más me sorprende es que no se les mueve un músculo. Dicen “salvataje” y “rescate” con una soltura que pareciese que todos compartimos sin grietas ni fisuras el significado de eso de lo que estamos hablando.

Salvar. Nada más generoso que tender una mano y más aún cuando alguien está en las últimas. Rescatar. ¿Qué puede ser más solidario que brindar una ayuda a alguien que no puede más?

Pero no es eso de lo que estamos hablando. No es eso de lo que yo, al menos, estoy hablando. No sé de qué hablan ellos. O, mejor dicho, sí que sé de lo que están hablando. Pero todo se confunde.

Y propios y ajenos le dan al tema. Que sí, que está bien. Que no, que está mal. Que así no se hace. Que si lo otorgan a España. O si lo solicita Grecia.
Y yo miro. Y siento como si una multitud discutiera sobre lo harapiento o lo elegante que es el traje del monarca, cuando en realidad, lo que yo veo, es a un rey que está completamente desnudo.

Porque aunque a ellos no les mueva un músculo, a mí, la furia y la razón me indican que no se trata ni de vociferar las bondades del rescate o de escudriñar hasta encontrar el máximo de los perjuicios del salvataje. De lo que se trata es de decir con todas las letras que la claridad permita -porque primero se comprendió- que lo último que en este momento se está haciendo es salvar a un país o rescatar a un pueblo.

Es inevitable que la vocecita de la historia reciente de Argentina me hable. Es como el blindaje, suena a sólido, pero pareciera que justamente por eso, se desvanece en el aire.

Decía Raúl Scalabrini Ortiz que “cuando alguien no entiende algo de economía, no es que le falte inteligencia, sino que lo quieren embromar”. Es decir, antes, los tecnicismos reemplazaban a las explicaciones para que nosotros, los destinatarios y pagadores de esas medidas económicas, no pudiéramos descubrir ni el más mínimo detalle de cómo iba a ser nuestro camino al matadero.

Por el mismo rumbo argumentativo tomó Don Arturo Jauretche. Con lo que no contó el primer gran deconstructor del discurso dominante, es con que un día, la derecha económica le iba a agregar a su economía de derecha, el marketing.

Así fue que llegamos a estos tiempos en que sí entendemos lo que nos dicen. Eso que enuncian es diáfano, límpido, transparente y palmario. El problema –la catástrofe, bah- es que eso que nombran no tiene ni un milímetro de conexión con la acción que llevarán adelante.

Porque ahora, cuando al procedimiento lo bautizan, se ocupan de que a la maniobra no se le vea la costura y que el nombre del asunto sepa a noble, a sólido, a esclarecido, a superior.
Pero así como cuando dijeron blindar supe que de protección, de defensa, lo que se venía no tenía nada, sé que tampoco hay ni un poquito de redención a esto que le dicen rescate.

Por eso, a diferencia de sólo enfrentarla, por estos tiempos, a la derecha económica y argumental, primero hay que traducirla. Desarmarla, descuartizarla, desajustarla y desacoplarla. Exprimirla hasta sacarle toda la idelogía posible. Desmenuzar la palabrita, descomponer la operación, desarticular las excusas hasta desbaratarles por completo el razonamiento con que nos quieren convencer que lo de ellos no es político. Es sólo técnico.

Porque el poder tiene ese gesto, ¿vieron?. Se mueve displicente y con la expresión superada de quien se sabe imitado y admirado. Ellos no gesticulan. Son medidos, prudentes. No gritan. Se esfuman. Siempre lo suyo es en positivo e inocente o inocuo.
Porque el poder tienen ese porte. De instalar su porque sí, como verdad absoluta.
El poder tiene ese don: de que nadie los señale porque nadie los conoce. El mote de poderoso se lo colocan a otro, mientras ellos ejercen, sin mirar y sin ser vistos.
Pero por estas pampas algo aprendimos. A fuerza de volar por los aires, de explotar como Nación; de estallar como pueblo, un día una rueda disinta empezò a rodar. Y alguien habló más fuerte. Y se cayó una venda. Y el de al lado vio lo mismo. Y dijeron adelante. Y de chucearlos, saltaron. Y de saltar, se nombraron. Y de nombrarlos, los vimos. Y de verlos, los conocimos. Y de conocerlos, los enfrentamos. Y el rey estaba desnudo y nos animamos, aùn màs.
Palmo a palmo es la contienda. Por la interpretación y por los modos. Por la lógica y por las formas.
Para resignificar, para repatriar nuestras palabras. Para quitarles el disfraz a los que siempre estuvieron y entender las ropas nuevas de los que ahora se fueron.
Militar hasta la semántica, la coma y el adjetivo.
Disputarles el sentido, el común y el exclusivo.

jueves, 12 de julio de 2012

Programa SF 22 Claudia Acuña 7 de Julio de 2012


Editorial.
Por Mariana Moyano.

El desprevenido, solito e indefenso cree que estamos locos.
Las cabezas paranoicas y los “militantes de las teorías conspirativas” sabemos que
De que está en marcha, no hay ninguna duda
¿Qué cosa?
La operación
¿Cuál?
La de deslegitimación, esmerilado y desgaste institucional
¿Con qué tema?
Bueno, ahí la cosa se pone compleja. Es menos sencillo de describir y, por qué no, de
detectar.
Viene por palabra u omisión
Por arriba y por abajo
Por el costado esperado y por el otro también
Cambia de cara, de nombre, de eje.
No es tan de frente
Y si uno lo denuncia demasiado gasta la palabra que utiliza para el señalamiento al
punto de volverla funcional a quienes preparan el territorio.Y un término que fue
poderoso corre el riesgo de volverse banal.
Son los medios, dice uno
Y, si, son
Pero no es una respuesta que describe acabadamente la coyuntura.
Porque son los medios
Pero
es el dólar
Es Cañuelas
Son las embarazadas víctimas de un disparo
Es la llegada del Estado Nacional incluso con Fuerzas Armadas a los barrios y pueblos
Es el aguinaldo que no paga Scioli
Es un paro por un reclamo legítimo
Son las trabas a las importaciones
Es el cierre de una fábrica
Es el crecimiento un poco desacelerado
Es el nombre que se pone al acontecimiento, pero también la cuota de verosimilitud que
ese acontecimiento posee
Doble, entonces, la operación de desmontaje. Doble el tiempo que nos lleva desarmar.
Doble el tiempo que ganan en terminar con un montaje para empezar a armar el
siguiente.
Son los medios, insiste otro
Y sí, son
Porque ellos esperan con los brazos abiertos la materia prima que les permita darle la
última puntada a la creación del clima que más los favorece y en el que menos se nota
su participación.
Pero también son los proveedores del ingrediente que le permite a la corporación
mediática disparar directo al blanco del objetivo compartido.
Las cabezas paranoicas y “militantes de las teorías conspirativas”, nunca
olvidaremos que para que un diario haya podido afirmar que “De un lado estaba el
drama de la vida al intemperie y del otro la necesidad de conservar un espacio público” y para
que haya podido escribir que “la violencia y la xenofobia terminan de configurar la escena”.
tuvo que haber primero una toma de un Parque, el Indoamericano
Las cabezas paranoicas y “militantes de las teorías conspirativas” tampoco perderemos
de vista jamás que la mano de obra desocupada de la provincia de Buenos Aires hizo
aparecer el cuerpo de Axel Blumberg el mismo día que Néstor Kirchner abría las
puertas de la ESMA y pedía perdón en nombre del Estado.
Porque no hay nada más eficiente para acrecentar el poder de fuego de la operación, que
una porción de verdad. De ese modo, esos medios que propalan la campaña tienen algo
de lo que sostenerse. Un hecho que invalide otro con tan sólo presentarlo y sin darle
conexión entre sí. El círculo lo cierra el desprevenido o el indefenso creyendo que fue él
solito quien llegó a la conclusión.
El desprevenido, solito e indefenso se enteró:
El Sábado, que el aguinaldo se pagará en cuatro cuotas
El Domingo, que militares fueron enviados a las villas y los barrios
El lunes, que otra embarazada está grave luego de que le dispararan
El martes, que hubo un feroz crimen en Cañuelas
El Miércoles, que se paralizan las obras públicas en la provincia de Buenos Aires
El Jueves, que los bancos fueron obligados a dar préstamos a empresas
Y el Viernes que Monte Grande y Caballito se suman a los pedidos de más seguridad.
Las cabezas paranoicas y los “militantes de las teorías conspirativas” no sabemos cómo
hacerle entender al solito, desprevenido e indefenso que hay hechos y presentaciones de
esos hechos que lo único que quieren es que él siga solito, desprevenido e indefenso.
Nosotros, los militantes de las teorías conspirativas con nuestras cabezas paranoicas no
sabemos cómo hacer para llamarle la atención. Y lo cierto es que tenemos poco respiro.
Salvo por algunas más que bocanadas, ráfagas de aire puro que traen consigo una
condena de 50 años y la certificación por parte del Estado de que esas a las que tildaban
de paranoicas y conspirativas no estaban más que en lo cierto cuando decían que aquí,
no hubo ni errores, ni excesos ni casos aislados sino un plan que sólo pudo ocultarse
mientras hubo muchos solitos, desprevenidos e indefensos.

martes, 3 de julio de 2012

Programa SF 21 - Horacio Ghilini 30 de Junio de 2012


Editorial Sinonía Fina del 30 de junio de 2012
El plano corto (Por Mariana Moyano)

Siempre me impresionó y –confieso- me asustó el poder de fuego, el nivel de penetración y de construcción de verdad que tiene el plano corto. Es una herramienta, un arma de enorme capacidad de penetración y fijación de conceptos. No me refiero sólo al zoom de la cámara, sino al gran movimiento ideológico que eso implica: hacer foco en algo o alguien y quitarle contexto y alrededores, de modo que todo eso que no se ve lo sugiera
la maquinaria que no descansa, la que permite que alguien sea asesino y luego voz de autoridad; un violento y después una referencia; una fuente de enorme credibilidad y un tiempito más tarde un polémico funcionario. No me gusta el plano corto: es un cuentaganado pero de costillas; es la lupa sobre una frase, una foto,una acción quitada de todo marco histórico algo que termina no diciendo nada del protagonista y mucho de quien arma el escenario. Hay alguien que siempre me llamó la atención y en este sentido y por esas operaciones a las que me refiero me sirve de excusa para abordar un complejísimo momento y para ejemplificar la operación: me refiero a Gonzalo “Patón” Basile. Todos lo han visto, pero quizás sólo algunos recuerden el nombre de ese rostro que conocen. Me refiero a ese boxeador altísimo con su cara casi por completo tatuada y que funciona como adlater de Pablo Moyano. Es el orgullo de camioneros en el ring y es carne de cañón para todo el prejuicio de clase que anda por ahí. Como digo, es alguien que siempre me llamó la atención. Cuando habla transmite hasta cierta ternura infantil. Parece tímido y no puede ocultar la fascinación ingenua que siente por las cámaras de TV. Eso la hace débil y utilizable. En marzo de 2009, Morales Solá escribió: “Cristina Kirchner llamó a no cortar las rutas del país con palabras que podrían ser homologables por cualquiera que lo haya hecho con coherencia. Pero nada dijo de las tropelías que ese mismo día cometían en las calles de la Capital los camioneros de Moyano, que juegan con los revólveres hasta en los tatuajes más visibles. 8 de marzo de 2009 “Con los revólveres HASTA en los tatuajes”. Ingenioso y perverso juego semántico: no escribió EN los tatuajes, sino HASTA en ellos. Es decir, había armas cargadas y dibujadas, se sugiere. Con una sola preposición nos lleva a los enfrentamientos entre Camioneros y la UOCRA en San Vicente. Plano corto, una sugerencia y listo: una verdad es instalada: los sindicatos están llenos de violentos. Ese mismo fin de semana, el 6 de marzo, Clarín había publicado en tapa una foto en la que se veía a Pablo Moyano y detrás a un hombre que en su sien tenía tatuada una pistola. El epígrafe decía: Pistola tatuada: un manifestante y Pablo Moyano ayer en Constitución.
En esos mismos días, a través de una nota de Perfil, pudo saberse que este personaje, Gonzalo Patón Basile tiene 120 tatuajes:la virgen Desata Nudos, San Expedito, Cristo, sus hijos, su mujer, una estrella, mariposas, lunas y a Bart Simpson. Ninguna de estas otras imágenes mereció el zoom. El plano corto fue sólo sobre la pistola, Obvio. Por supuesto. Claro. Si de lo que se trataba era de demonizar al entonces más malo entre los malos, el líder de la CGT. Ya está, paso 2 listo: a fuerza de reiteración, un prejuicio adquiere cuerpo de verdad. Llega y se queda. Me refiero a algo que Casullo, el enorme Nicolás CAsullo explicó así: “El mercado global mass mediático va instalando la idea de que su lógica no contiene derechas ni izquierdas, ni contenido sustancial (...) La prédica política nace en el factor ser: repetición, acumulación, ‘continuará’, lenguaje de cámaras rectoras, primeros planos, construcción cotidiana de una nota que admite ‘toda’ deriva, cualquier enunciación, cualquier exabrupto, cualquier referencia impactante, muchas vueltas de tuerca siempre sobre lo mismo: armado y edición”. Hoy, este personaje que si no sirviera tanto a la operación en marcha sería apenas folklórico es mencionado por estos mismos medios como “militante” y con un cinismo digno de ser estudiado escribieron: “frente mismo al escenario, ante Hugo Moyano, alto, tatuado y con la firmeza de una esfinge, el Patón Basile, boxeador y lealísimo a su gremio y a su jefe” Estábamos frente al único caso en el mundo en que un procedimiento no médico y sin bisturí pero de gran contenido político corporativo podía borrar de un plumazo no sólo un pasado sino también un tatuaje. Porque cuando el objetivo lo tienen claro, ellos pueden hacer desparecer hasta lo hecho por una aguja con tinta sobre la piel. Me parece que no me equivoco si digo que una daga atravesó a muchos por estos días. A todos aquellos que el mote de enemigo se lo tenemos dedicado a los que mueven los hilos y no a la materia prima ocasional. Con un ojo en esta herida y el otro en la Patria Grande que tiembla, vimos cómo trabajan los que quieren que más temprano que tarde este momento Suramericano se desmorone. En los golpismos de ahora no hay ruido a sable, hay menos pólvora, y los hilos no se ven sino sólo a contra luz. En una semana llena de paranoides, gorilas, gritones, advenedizos, resentidos, sacados, odiadores, cínicos, operadores, operados, ciegos, temerosos, tironeados, mezquinos y aprovechadores, sól0 tenemos una invitación para hacerles: Abrir el plano, intentar ver y contar la película lo más completa posible. Sacar el foco de la particularidad y ver qué hacen no sólo los que aparecen en primer plano sino sobre todo, todos los que NO. Porque como escribió una vez nuestro invitado de hoy: “Cuando nos obligan a mirar para otro lado, quiere decir que hay un lado que no desean que mire”.

lunes, 25 de junio de 2012

Programa SF 20 - Juan Cruz Daffunchio 23 de Junio de 2012


Editorial Sintonía Fina del 23 de junio de 2012
A 10 años de la Masacre de Avellaneda. (Por Mariana Moyano)
Podríamos haber preparado una efemérides prolijita, limpia, con –ante todo- la corrección política de los bien pensantes. Hablar de los dos piqueteros muertos solamente como jóvenes idealistas y ni siquiera sugerir a quiénes ellos estaban enfrentando. No mencionar la molestia que implica siempre un corte de calles o de puentes. Transformarles la cara y la ideología hasta volverlos dignos miembros de una ong preocupadísima en la caridad. Aplicarles a ellos lo mismo que se hace con algunos desaparecidos. La lógica de la agenda. Y robarles lo que sí les queda aunque no estén: su condición de militantes. No cuenten conmigo para esa operación La realidad es siempre más barrosa y sucia. Elegimos entonces embarrarnos y ensuciarnos. Con gusto. Porque en las zonas grises suelen estar las respuestas. Este 26 de junio se cumplen 10 años del asesinato de Maximiliano Kostecki y Darío Santillán. Una década de lo que se llamó, con razón, la Masacre de Avellaneda. Y ese hecho tiene varias, pero dos connotaciones fundamentales: una) cambió de un sopapo lo que se pensaba era la coyuntura que estaba instalándose y dos) hizo que a la Casa Rosada llegara otra mirada sobre qué significaba la protesta y quiénes eran los referentes de eso que estaba pasando. Para decirlo de otro modo: no podemos comprender nuestro presente sin un ojo en aquella masacre. La imagen de la Gendarmería el miércoles en la refinería de Ezeiza y esa inacción tan activa es hija y al mismo tiempo contracara buscada de aquello que la bonaerense hizo en la estación de Avellaneda. Fue y sigue siendo un tema incómodo: los movimientos sociales más afines al mundo K nunca se llevaron bien con las organizaciones que protagonizaron aquel corte; los referentes y familiares de las víctimas de esa protesta no sienten por el actual gobierno una simpatía especial y salvo en los últimos años, la militancia kirchnerista no había podido tomar como propias las banderas de aquellos movimientos. Pero hay una parte del proceso actual que no puede comprenderse sin las lecciones de aquellos asesinatos y solo los necios pueden hoy negar que el paradigma ha cambiado de modo casi absoluto. “El problema es con el Estado”, decían los líderes de aquellas protestas y hoy se sabe que el único que puede proteger a los más débiles es ese Estado que por aquellos años se presentaba ante los pobres con la única cara visible que tenía: la represión. “Desempleo record: más de tres millones sin trabajo”, “En la última semana la canasta básica subió otro 2,8%”, “Los piquetes se reforzaron ayer en todo el país”, “La mitad de la población es pobre”, eran algunos de los títulos de los diarios de esos días. Algo cambió ¿Qué cambió? Todo cambió, dice La Nación del 7 de octubre de 2009 “Todo cambió a poco de llegar a la presidencia, cuando apareció un Kirchner diferente respecto de sus lazos con las organizaciones sociales. Ensayó entonces una estrategia de subsidios generalizados que los líderes piqueteros pasaron a manejar de manera inescrupulosa. A cambio de no entorpecer la marcha de su gobierno, se acercaron al poder y a las arcas oficiales los D´Elía, Pérsico, Tumini y tantos otros que no dejaron de cortar rutas y ejercer distintas formas de violencia con el guiño gubernamental”. Todo había cambiado, pero “ellos”, los siempre “ellos, decían lo mismo. Nada, supuestamente, une a aquella masacre con e golpe de Estado de ayer en Paraguay. Ningún hecho histórico parece poder reunir estos dos acontecimientos. Sin embargo, una palabra aparece, se hace presente y enciende las alarmas de los atentos, a quienes suelen decirnos paranoicos. “Crisis en Asunción”, titulan hoy los mismos que hace 10 años habían dicho que “la crisis causó dos nuevas muertes”. Dicen lo mismo. Escriben lo mismo. Hacen lo mismo. Nada, supuestamente, une a aquella masacre con e golpe de Estado de ayer en Paraguay. Pero es que dicen lo mismo, escriben lo mismo, hacen lo mismo. Será porque, sencillamente, los “ellos”, son lo mismo.