Termocefalia y chicana.
por Mariana Moyano
Editorial SF del 24 de octubre de 2015
La termocefalia puede aparecer desde el rinconcito menos pensado. No distingue clases sociales, etnia ni religión. Porque cabeza de termo puede ser cualquiera. “Eso no es rock” dijeron tantos millones de giles al referirse a la magia hecha música de Gustavo Cerati mientras pensaban que cualquier bobo que sacara un poco más la lengua aunque no supiera arrancarle ni dos notas a una viola era un verdadero Guitar Heroe (como le decía Luca a Ricardo Mollo). “A La Chicana le falta tango” han dicho tantos cuadrados y con esa costumbre de tener bien loteadito el pensamiento le ponían fronteras a uno de los géneros más populares de la Argentina.
Los especialistas en levantar murallas y cavar fosos -como les decía Eduardo Galeano a quienes trituraban el espíritu de Rodolfo Walsh para encajarle UN mote en lugar de intentar asomarse a toda su completitud y complejidad- construyeron grietas (ellos, sí) en lugar de crear puentes.
“Luca not dead” gritaban las paredes en aquel fin de año de 1987 cuando Luca Prodan se fue. Y ese genuino acto de dolor popular fue convertido –hasta con algunos intentos más comerciales que artísticos, me animo- tiempo después en una división entre los “del verdadero aguante” y los “putos del pop”. Claro, nadie o pocos sabían que fue el mismísimo Federico Moura que le encajó flor de trompazo en la nariz al alma de Sumo, cuando en un show (esos bien ochentosos en los que todas las bandas tocaban en un mismo recital) él presentó a la banda que los sucedía como: “y ahora vienen esos putos de Virus”. En el cruce, el genial Federico lo puso de una trompada. A lo macho arregló las cosas ese flaco que parecía levitar sobre el escenario.
Y como Luca se había muerto y el dolor era insoportable. Y como en el desierto de los noventas la política le daba la espalda a los pibes. Y como todo era irresistible, el refugio de dos generaciones fue el rock. Pero a fuerza de tanto suplemento Sí y de construcción de sentido común loteado, esquemático, cuadradito, en cajitas que encastraran a gusto de la industria, había que aguantar la muerte de uno pidiendo el deceso de otro. Entonces “Luca no se murió. Que se muera Cerati, la puta madre que los parió”.
Ya eso no se cantaba en los recitales de Sumo. Porque ya no había Sumo. Pero había Las Pelotas y había Divididos y había Redondos. Así que ahí, ahí se descargaba toda la bronca, toda, a veces más contra el alma de Soda Stereo que contra la cana. Porque los noventas estaban ahí para eso: para atomizarnos, para dividirnos, para agrietarnos, para agrisarnos, para achatarnos. Pero no a los gritos en una discusión callejera. No. En silencio, despacito, sutilmente y sin alharaca; como se arman las verdaderas y poderosas estructuras de pensamiento de las sociedades, o sea, la cultura.
Eran los tiempos en que La Marylin se fue pa’ la U.C.D, cuando se había comido la película de veras. Cuando vivía allá en un derpa, en la avenida Alvear. A la Marylin, como a tantos, no se le podía hablar de las cuestiones sociales. Ella andaba por Recoleta sólo con gente bien y como les pasa a tantos aún ahora, a los cabezas no nos podía ver”.
Pero, por suerte, hay y siempre hubo un ejército (a veces en alza, a veces con muchas bajas, a veces más grande, a veces más pequeño, a veces más poderoso, a veces más solitario) que se niega a ese “pensamiento burgués que fractura lo que toca”, como dice Galeano y que supo chicanear, o sea, enredar un pleito abusando de las formalidades de procedimiento. Tirar de la cuerda, decimos en casa; extender los límites, comentamos en política; ampliar los horizontes, mencionamos para sonar más artísticos y cuando la charla ya va por el segundo o tercer tinto.
“El grupo ‘La Chicana’ fue fundado a fines de 1995 por Dolores Solá, Acho Estol y Juan Valverde con la intención de interpretar música de tango destacando su espíritu transgresor. El grupo mostró desde sus comienzos una especial predilección por los ritmos canyengues y el melodrama irónico de los comienzos del tango, elementos tan perdidos en posteriores estilos comúnmente aceptados como más serios. Creen firmemente que la esencia del tango se encuentra en el espíritu de rebelión y espontaneidad de las primeras décadas del siglo, lo cual lo aproxima en concepto más al rock actual que a las formas orquestales o jazzeras, académicas en suma, que lo popularizaron en el mundo desde la década del '40”, comenta la formal bio de la página web de este grupo, uno de mis preferidos, sin dudas.
Ups. Cachetazo a los conservadores de todos los estilos y gustos. ¡Horrorícense más aún, ustedes, celosos guardianes del deber ser! Oigan de boca de la propia Chicana cómo es esto de faltarle el respeto a la moral única: “Origen rockero. Identificamos en el origen del tango la esencia del rock. El ambiente prostibulario, lo ilegal, lo marginal, el estilo de vida del tango y el rechazo de la sociedad hipócrita hacia él. Las letras de aquellos tangos son mordaces, con intención irónica o doble sentido. Las que parecen más trágicas a primera vista, son en realidad las más cómicas, elaboradas con un fino cinismo: una poesía cruda que puede decir cualquier cosa, desde la más descarnada realidad cotidiana hasta la más cósmicamente fantástica metáfora. Nos gusta la crudeza metálica, pero de sofisticada musicalidad, de las guitarras de Gardel. Y su melodismo infinitamente simple, claramente enmarcado en la canción. Gemas de tres minutos que recuerdan en su perfección a los Beatles. Gardel-LePera = Lennon-McCartney”. Tomá. Cross a la mandíbula a los preservadores de la mesura, lo cuadrado y la cautela.
Y que no me corran con que esto es posmoderno. Porque nadie habla aquí de armar collage vintage con deseo palermitano. Estamos tratando de extender las posibilidades. En todo, en la vida, en la política y en la música. De abrir las puertas de la percepción. Pero para que hacerlo sea arte y bisagra, sólo hay una manera: conocer a la perfección lo clásico, las reglas y la tierra ya fundada y desde ahí pegar el salto. Lo que es bien distinto que ponerse un piercing en el ombligo o decir una mala palabra en televisión y por eso pretender calzarse el traje de transgresor. Sólo se puede disfrutar de la frescura de la improvisación si se tiene la solidez del conocimiento previo. Si no es desde ahí, no es. Así que “No me hablen ni de tango, ni de rock, ni del rojo en el celuloide”, porque ¿después del guitarrazo qué?, ¿después del guitarrazo qué? ¿Caer más simpático en SADAIC?
Esos eran sólo cuadros colgados. No era tango, ni era rock. Sólo cuadros colgados. Y el ensueño del alcaloide”.
Galeano nos regaló sobre Walsh ese maravilloso “Un historiador de su propio tiempo”. En él habla de esos “especialistas en levantar murallas y cavar fosos” que nos dicen que “hasta aquí llega el género novela. Este es el límite de la poesía. He aquí la frontera que separa la literatura de ficción de la de no ficción. (…) Hay celosos aduaneros, separando la literatura de sus fondos. El periodismo es un suburbio de las bellas artes. ¿Cómo explican estos trituradores del alma que el mejor narrador argentino de su generación fuera esencialmente un periodista?”. Dice Galeano ahí que ese tipo de obras, las que logran no quedarse anquilosadas en la estructura de lo dado con las que nos devuelven la fe, estando como está el camino tan lleno de pavorreales, impostores y mercachifles”.
Uno de los últimos gestos chicaneros, que nos permiten seguir insistiendo en que es posible forzar los límites de lo posible y desear cada día con algo más, fue el inmenso gesto de valentía, coraje y arrojo de los enormes Lola Solá y Acho Estol de meterse nada menos que con el gurú del roncanroll. Ese encantador de serpientes que nos vuela el cerebro con poesía, que nos enseñó que el compromiso musical no está en un estribillo de arenga sino en que la música nos contenga, el líder no partidario más importante que hoy tiene la Argentina: Carlos Solari, el Indio. Con él se metieron. Y lograron un tesoro. El de los inocentes, el que no se ve. Lo lograron desde el estudio, el arte, la profundidad, el conocimiento, la temeridad, la bravura y el amor. Y por eso les salió una perla perfecta. Por el amor. Porque, y que valga para todas estas horas de nuestras vidas: “Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía. No vas a regatear”.
Memoria Sonora del programa que se emite los Sabados a las 15 horas por Radio Nacional de La Republica Argentina. Conducido Por Mariana Moyano. Con la Participacion de Damian Valls y Flavio Rapisardi. Producción: Julieta Avalos y Micaela Polak
viernes, 30 de octubre de 2015
martes, 20 de octubre de 2015
Programa SF 179 - Lohana Berkins y Emiliano Litardo - 17 de Octubre de 2015
Debe haber decenas.
por Mariana Moyano
Editorial SF del 17 de octubre de 2015
Debe haber decenas, cientos de tomas de ese instante. Su sonrisa, como dice el lugar común de la descripción, es de oreja a oreja. Pero en su caso era casi literal. Tenía una sonrisa amplia, generosa; la de esas personas que se quieren reír y compartir una bocota abierta que muestra los dientes; la de esas que saben lo que vale (y lo que cuesta) arrancarle a la vida una buena carcajada. En la foto famosa están ella y Cristina Fernández. Fue tomada en el acto del 2 de julio de 2012 cuando la Presidenta firmó dos decretos vinculados a la diversidad sexual (para los niños y las niñas nacidos previamente a la sanción de la ley de matrimonio igualitario), reglamentó la ley de identidad de género y entregó DNI a personas trans con el nombre de su identidad auto percibida.
Emilio Ruchansky fue el periodista que escribió la crónica del acto para Página 12. “En un acto sencillo y ante una multitud emocionada, la Presidenta firmó ayer dos decretos referidos a la diversidad sexual y entregó nuevos documentos a personas trans y a bebés de parejas de mujeres, nacidos antes de la Ley de Matrimonio Igualitario. “Este es un día de inmensa reparación y de igualdad, que es algo tan importante como la libertad”, dijo Cristina Fernández de Kirchner, tras reglamentar la Ley de Identidad de Género y reconocer la deuda que tenía el Estado con el colectivo trans. ‘Cuando alguien es ignorado y reprimido, es negar al otro y a sus derechos, es como no existir’, agregó la Presidenta”, decía la nota.
La tapa de ese día de Página 12 es emotiva, colorida y feliz. La foto principal ocupa casi todo el pliego y se la ve a la Presidenta haciéndole arrumacos a uno de los bebés hijos de una de estas parejas de mujeres y en imagen interior del diario, la jefa del Estado le hace upa a una de las mellizas de Laura Ruggiero y su esposa Catalina Schünemann.
Ese día, en ese acto, recibieron su DNI Laura Elena Moyano, Kalym Adrián Soria, Silvana Sosa, Luisa Lucía Paz, Reyna Ornella Infante, Valeria del Mar Ramírez -secuestrada en el Pozo de Banfield durante la dictadura-, María Laura Alemán, Maia Mar Abrodos, Gabriela Abreliano, Laura Elena Villalba y Amancay Diana Sacayán. Ese día fueron 12. Hoy ya son 4775 personas las que han podido obtener su nuevo DNI con la identidad auto percibida. Es una tarjeta plástica que dice algo. Una formalidad. Pero es nada menos que lo que certifica que el Estado –ese mega monstruo que institucionaliza apenas con un papel- reconoce y hace visible le pese a quien le pese.
Por esa carga es que aquel acto era –pese a su sencillez- tanto. Pero no fue sencilla la previa. Diana fue una militante, territorial sobre todo, pero además un inmenso cuadro político y una gran estratega. Ni ella ni muchas de las chicas trans estaban convencidas de compartir la ceremonia con las madres lesbianas y sus hijos e hijas. Se sucedieron una serie de debates, algunos ríspidos. Pero fue Diana la que sintetizó el porqué de la disidencia: “es que esos bombonazos (los bebés) nos van a sacar todo el protagonismo a las maricas”. Y le puso carcajada. La risa estalló entre todos quienes estaban organizando ese acto. Tuvo razón. Los bombonazos se robaron la primera plana. Nada le gana a un bebé y a un cachorrito, dicen los publicistas. Pero lejos de poner un obstáculo, con su puesta en palabras de lo que sucedía, Diana descargó, liberó y las cosas transcurrieron como ella hacía que transcurrieran: ella hacía que todo fluyera. Es una mirada muy personal, por supuesto. Es mía y este es mi texto, pero es que la mayoría de las chicas trans, a mí, me la han hecho siempre fácil. Será por mis pelos, porque yo también soy una plumífera, porque hay quienes creen que me insultan cuando en las redes me caracterizan como que “doy trava” y no se dan cuenta que me hacen reír o porque pasé varias noches de mi vida en los Morocco y Ave Porco donde toda la jungla se reunía a bailar. Por lo que haya sido, Diana fue siempre una de las que me la hizo sencilla. Su calidez, su humor, su sensibilidad hacían que una se sintiera a gusto. Y hasta tuvo la generosidad de honrarme con su cariño y respeto al invitarme a formar parte del grupo de periodistas que le hicimos entrega de carnet de profesional, el que le entregó la UTPBA el 19 de mayo de 2011 con el nombre de su identidad de género.
El martes 13 fue que nos enteramos de su asesinato. Las compañeras la habían estado esperando en Mar del Plata. Nunca llegó, nunca la vieron allí con su bandera con la inscripción “TRAVAJO” (con V corta), su última gran conquista: el cupo para personas trans en el Estado de la provincia de Buenos Aires. Fue por la extrañeza de su ausencia al Encuentro número 30 de mujeres que una corriente de amistades empezó a preguntarse por Diana. Fueron a su departamento de Flores y la hallaron acuchillada y muerta. Sé que es brutal decirlo así, pero así deben decirse ciertas cosas. Como hacía Diana, sin cierta corrección política, sin ciertos cuidados, con brutalidad si hace falta, sencillamente porque es brutal que nos maten.
Me resuenan todavía discusiones que tuve con muchos compañeros varones en las previas de la marcha del #ni Una Menos. “¿Por qué diferenciás la muerte de mujeres de las de varones?”. No voy a extenderme aquí en los conceptos básicos de 50, 60, 70 años de feminismo; ni en el concepto de discriminación positiva, ni en el techo de cristal. Simplemente voy a decir que es necesario hacer una diferenciación porque en la mayoría de los casos de muertes de mujeres y de trans el asesinato tiene en su centralidad la noción de posesión: nos pueden matar porque creen que nos poseen; somos un cuerpo poseíble para el que comete el crimen. Ni en esa muerte hay igualdad; somos algo subsumido a quien nos asesina.
Lohana Berkins es una luchadora de añares. Fue la que a mí me enseñó lo primero que aprendí sobre la vida trans allá por esos años cuando ni hablar del tema era sencillo y en esta última edición del Suplemento Soy (dedicado casi íntegramente a Diana) lo dijo con brutalidad, como hay que decir ciertas cosas que son brutales: “El asesinato de Diana es un travesticidio y hay que empezar a reconocer estos actos como crímenes de odio. No importa si el responsable es un viejo amigo que esa noche pegó mal, no importa si es uno nuevo que quería sexo gratis, no importa si eran dos tipos que buscaban diversión y se fueron de mambo. Lo que importa es que se sintieron con la impunidad de cometer el asesinato. ¿Cuántas veces se investigan los asesinatos de travas? Es la misma impunidad con la que el candidato del PRO a la intendencia de La Plata dijo que no daría trabajo a las travas, que les daría un médico. Las consecuencias son las mismas, incrementar el odio, legitimarlo. Hay que terminar con estas frases que, dichas risueñamente para que "entren mejor", juegan con la vida de muchas de nosotras”.
En Mar del Plata, el lugar donde se celebró el Encuentro al que Diana no llegó, puede ganar la intendencia un hombre despreciable que piensa que las mujeres podemos tener el pelo largo porque poseemos las cuatro horas necesarias que, según entiende, nos lleva y perdemos en arreglárnoslo. Se llama Carlos Arroyo y es el postulante de Cambiemos a jefe comunal.
Arroyo cuenta con el apoyo explícito de un tal Carlos Pampillón, un hombre que posee en su haber el llamar “femitroskas” y “choriplaneras” a las que participaron del Encuentro de Mujeres de Mar del Plata; irrumpir en sesiones del Concejo Deliberante, haber hecho desastres en el Centro de Residentes Bolivianos, reivindicarse ultra católico y junto a su agrupación haber destrozado el memorial de la Base Naval de Mar del Plata con el que se recuerda que allí funcionó un centro clandestino. “El 8 de septiembre de 2011, la agrupación de Pampillón atacó el memorial: sobre la base, escribieron con aerosol “aquí se defiende la patria”; sobre la columna que pide “memoria”, escribieron “completa””, relata la crónica de Página 12 sobre este neonazi.
La corrección política diría que lo que le falta a esta gente es tolerancia. No me gusta la idea. La Presidenta dijo en aquel acto en que le entregó el DNI a Diana que “No me gusta la palabra tolerancia, porque eso quiere decir te aguanto porque no tengo otro remedio. Yo quiero hablar de la igualdad”, de tener los mismos derechos.
Hablar de derechos un 17 de octubre es hablar de leyes, pero sobre todo de cómo los alaridos sublevados, los gritos subterráneos irrumpen ante los ojos de quienes los vienen construyendo, de quienes andaban distraídos por la vida y de quienes ni siquiera sabían de la existencia de esos seres humanos que aún no tienen lo que merecen.
Desde Gregorio de Laferrere Diana hizo oír su grito rebelde. Porque ella sabía dónde había una necesidad, pero sabía aún más que allí dónde esa demanda estaba nacía un derecho. Tanto lo sabía que quería, quería y quería y amaba y abrazaba y se reía y nada le parecía imposible. Siempre que la veía en acción pensaba en esa frase que le atribuyen a Cantinflas y que dicen que Marlene Dietrich repetía mucho: “Lo difícil lo hago de inmediato, lo imposible me lleva un poco más de tiempo”.
A Diana le robaron la posibilidad de probar que iba a terminar de construir lo imposible. Y a todos y todas nosotros nos robaron a Diana, una militante emblemática del cariño, del amor y de la igualdad. Y, sí, aunque ella no quería, estamos de luto. Porque la extrañamos, porque no queremos su ausencia y porque no podremos llorarla en paz hasta que no aparezca él o los responsables. Mientras tanto la tendremos a ella con su poncho norteño en la nieve sueca; con su sonrisa amplia y su carcajada lista, con la explicación amorosa al mellizo de tres años que le preguntó por sus tetas y con el poema que nos dejó para cuando ya no estuviera. Ese que ella misma tituló “Cuando yo me vaya":
Cuando yo me vaya no quiero gente de luto. Quiero muchos colores, bebidas y abundante comida;
ésa que de niñ* me hacía falta.
Cuando yo me vaya no aceptaré críticas; más razonable y serio sería que me las hagan en vida
Cuando yo me vaya desearía una montaña de flores…
Esas que l*s mil amores por los que he sufrido
nunca supieron regalármelas
Cuando yo me vaya no quiero farsantes en mi despedida;
quiero a mis travas queridas, a mi barrio lumpen
a mis herman*s de la calle, de la vida y de la lucha.
Cuando yo me vaya sé que en algunas cuantas conciencias habré dejado la humilde enseñanza de la resistencia trava, sudaca, originaria.
Cuando yo me vaya quiero una despedida sin cruces;
tod*s saben sobre mi atea militancia;
Y sin machos fachos, porque también saben
sobre mi pertenencia feminista.
Cuando yo me vaya; espero haber hecho un pequeño aporte a la lucha por un mundo sin desigualdad de género, ni de clase.
Cuando yo,esta humilde trava se vaya, no me habré muerto…simplemente me iré a besarles los pies a la Pachamama”.
jueves, 15 de octubre de 2015
Programa SF 178 - María Pía Lopez - 10 de Octubre de 2015
Hasta que se entienda.
por Mariana Moyano
Editorial SF del 10 de octubre de 2015
Hay cosas que pasan por otro lado antes de llegar a la cabeza. Se sienten en la piel, en la espina dorsal, se turba el eje de la columna vertebral. Hay, existe –una lo hace- un intento por racionalizar pero, para algunos y algunas, es inevitable que gane la irritación antes de que el cerebro pueda poner algo en orden en este lío.
Creo que el jueves comprendí lo que les ocurre –físicamente, me refiero- al mundo cacerolo ante las cadenas nacionales. No pueden pensar, se les nubla el potencial razonamiento. Yo el jueves por un ratito no pude pensar; se me nubló toda potencialidad de razonamiento. Fue fuerte. Muy.
Las crónicas del viernes dan un poco cuenta de cómo cayó en cada estómago editorial. “Con Moyano y Duhalde, Macri se dio un baño de peronismo. Reivindicó al creador del justicialismo por su llamado a la unidad en los 70 pero no cantó la marcha partidaria”, decía La Nación. La sensación que esa nota transmitía era la de los niños en la playa que encuentran algo muerto que el mar dejó en la orilla. Sienten profunda curiosidad pero para tocarlo necesitan de un palito, porque el asco puede más que la intriga. Ni con un palo y un puaj, parece chorrear la nota y la letra chica detrás del escrito más grande.
Clarín hizo la gran “metemo´ todo en la licuadora, metemo´” y saltó con una bajada que decía: “Es un gesto del jefe de gobierno al PJ. ‘El peronismo no es prepotencia ni soberbia ni narcotráfico’”, dijo Macri. Lectura ramplona, de profundidad pelopincho y mirada híper ligera y a gusto de conveniencias para hablar de peronismo: un clásico del gran diario casi desde que nació.
Página 12 arrancó su crónica con textuales de los ofendidos: “Oportunista, antiperonista, irrespetuoso”.
Para algunos fue un gesto parangonable con algunas actuaciones tipo stand up de Elisa Carrió. Esas de las cuales, la mayoría que no quieren a la diputada ex progresista, ex radical, ex aliada de Pino Solanas, ex alfonsinista, se ríen. Yo no suelo reírme de Carrió. Todo lo que aleja a los ciudadanos de la política no sólo no me da risa; me preocupa y le veo costura en la intención.
En lo personal, me irrité. Y hasta diría que quizás menos con quienes protagonizaron ese papelón frente a la Historia que con los que minimizan escenas de este tipo. Parece absurdo, pero quizás deba recordarles a quienes apenas hacen una mueca burlona, una media sonrisa de costado, un gesto socarrón y superado que en la Argentina durante una década entera (por mencionar apenas lo más reciente) fue la estructura del peronismo la que se puso al servicio del tercer desguace más fenomenal que se hizo de las riquezas de la Patria. El menemato no fue la corrupción y las excentricidades de Carlos Menem con la Ferrari, la avispa y el cohete que iba a salir a la estratósfera. Estamos hablando de un hombre que, todo indica, entregó a su hijo junto con el poco patrimonio que quedaba. No es joda el esqueleto del peronismo. Por no cuidarlo bien, en la ciudad de Buenos Aires se lo quedó Cristian Ritondo y por no prestar atención, Mauricio, que es Blanco Villegas, gana y gana y gana en el sur, en el norte y en el centro. El conservadurismo de derecha sabe cómo ser popular.
La historia sucede como tragedia y luego como farsa, dice la máxima. En su libro “Así hablaba Juan Perón”, Aníbal Fernández se pelea con la idea. Me atrevo a decir que a veces sucede primero como tragedia y después no sólo como farsa sino como una bufonada de profunda simulación, pero el inconveniente es que no termina en risa, sino en drama de esos que acarrean muertos. De hambre o de bala. Cuando hay crisis, da lo mismo.
No le doy más entidad al supuesto peronismo de Mauricio –que es Blanco Villegas- que a Rocío Marengo cantando la marcha peronista. Pero eso no quiere decir que deje pasar la inmensa, profunda, conceptual e histórica disputa que se viene dando por el peronismo desde hace ya unos cuantos años.
Osvaldo Pepe, que no es un cuatro de copas de Clarín (y no hablo aquí de Clarín como la “corpo”, sino como la columna vertebral del sentido común argentino durante décadas) en 2008 salió con los tapones de punta. Primero, en una carta abierta a Néstor Kirchner le advirtió de su pertenencia al peronismo y su cercanía a Antonio Cafiero y en 2012 a los jóvenes del kirchnerismo los llamó “imberbes”. Si alguien quiere decirme que esto es una casualidad, pues que lo haga. Yo, entre gente inteligente y que sabe lo que hace en política, no puedo pensar en coincidencias. Disculpen, prefiero andar alerta a tener que volver a ver en televisión como parte de la lógica de mi país a Adelina Dalesio de Viola junto a Susana Giménez cantando la marcha peronista entre sonrisas burlonas para decir luego: “en este país los proletarios quieren ser propietarios” y reír a carcajadas por conocer al detalle lo que aquí estaba sucediendo.
Celebro que varias voces se hayan levantado ofendidas. No porque pusieran alarido, sino porque si algo es molesto e irrumpe como fuera de lugar, eso quiere decir que el contexto ha asentado bien las bases para que los gestos y actos cínicos no pasen como parte del paisaje cotidiano.
Este fue un hecho menor. Como quizás también lo sea que justamente el gobierno de la ciudad por una razón que no explican, le hayan quitado a la autopista el cartel con el nombre de Arturo Illia. Pero se trata de actos de un simbolismo tan profundo que extraña que pocos hayan reparado en que Mauricio –que es Blanco Villegas- haya hablado de “igualdad de oportunidades” en lugar de “justicia social” y no explique la quita de un nombre tan caro a la tradición radical más popular.
Así como “olvidó”, digamos entre muchas comillas, esa parte de la trilogía y la reemplazó por frases de ocasión de Juan Domingo Perón buscadas por Jaime Durán Barba en Google, tampoco tuvo en cuenta las otras dos: la soberanía política y la independencia económica.
“Raro”, también entre muchas comillas y con el dejo de ironía del que soy capaz. Raro que lo olvidara justo en la semana en la que la República Argentina dio un paso gigantesco para llegar hasta casi el desendeudamiento completo. El lunes la Argentina pagó 5900 millones de dólares. Eso no significa, mal que les pese a los agoreros, que las reservas cayeron en 5900 millones. Implica que nuestro país debe 5900 millones menos y que los próximos años deberá hacer pagos que casi ni se sentirán en las arcas del país. En 2003, nuestra deuda implicaba el 11% de nuestras reservas; hoy apenas el 1% cuando Brasil, para hablar de un país y socio de acá cerquita, tiene comprometido el 8%.
La mentira de que no íbamos a poder pagar pudo durar sólo hasta el día en que se pagó. “Con Reservas del Central, hoy pagan bonos por U$S 5900 millones”, tituló Clarín. Jaque Mate. La plata estuvo, se pagó y como la majestuosa imagen de Rocambole, un eslabón más arrancamos de las cadenas que nos sujetan a las órdenes de los poderosos del mundo.
Trinaron. Estaban como locos. No pueden sostener la ira. Querían el acabose, el hundimiento, la falta de cash, la imposibilidad de asumir el compromiso. Para hacer como esas y esos cercanos que pululan por la vida de casi todos que, cuando una mete la pata, en lugar de abrirte un vino para compartir la angustia, ponen la espalda más erguida que de costumbre para que el “te lo dije” duela más. Pues no pasó. Se pagó y este fin de ciclo tan particular le deja al próximo gobierno un país casi por completo desendeudado. Esto no es ni un detalle, ni es sólo simbólico. Es histórico. Y novedoso para, al menos, 5 generaciones.
Hay cosas que pasan por otro lado antes de llegar a la cabeza. Se sienten en la piel, en la espina dorsal, se turba el eje de la columna vertebral. Hay, existe –una lo hace- un intento por racionalizar pero, para algunos y algunas, es inevitable que gane la irritación antes de que el cerebro pueda poner algo en orden en este lío. Y si algo los brota a los odiadores de todo esto que pasa es lo que mejor ha hecho el kirchnerismo: sacarle la ficha al gorilismo de derecha y al progre, y poder estereotiparlos hasta que cualquiera entienda de qué se habla.
lunes, 5 de octubre de 2015
Programa SF 177 - Werner Pertot y Jorge Elbaum - 3 de Octubre de 2015
Ellos, que son tan Blanco Villegas.
por Mariana Moyano
Editorial del 3 de Octubre de 2015
No se equivocó cuando el 4 de junio de 2007 lanzó una de sus frases memorables. “No se olviden que Mauricio es Macri”, había dicho ceceoso y pícaro el entonces Presidente Néstor Kirchner, metido de lleno en la campaña por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Todos entendimos, aunque sea cierto que no se le puede aplicar linealidad al apellido Macri, lo que nos quiso decir con esa máxima pegadiza.
Franco siempre habló bien del peronismo del 45 porque, sobre todo, en las décadas posteriores a la de los ochenta, le gustó el mote de empresario industrial. Tuvo palabras más que elogiosas para con el gobierno de Néstor Kirchner. Cuestionó lo que él llamó el “exceso aperturista” de los noventas “por el cual el empresariado argentino fue casi diezmado”. Habló bien de Hugo Chávez y de Cristina Fernández y de las políticas llevadas adelante por estos años y hasta aparece, entre quienes conocen los entretelones, como uno de los personajes que aceitó los vínculos de Argentina con la República Popular China.
Por el contrario, Mauricio, además de haber definido a Carlos Menem como el “gran transformador” fue un karateca de la palabra con términos mucho más fuertes: “No soy menemista; soy supermenemista. Soy menemista a muerte. (…) En el 89 estábamos casi fuera del planeta, en un lugar marginal. Nos hemos reinsertado en el mundo, se ha recuperado la economía”, le dijo a la revista Viva.
Por estas diferencias entre padre e hijo fue que quizás Federico Pinedo, titular de la bancada de diputados PRO,comentó un poco en serio, un poco en tono de chanza en julio de 2010, que “Mauricio es Macri, pero Franco es Kirchner", en aquellos días en que Franco deslindó por completo al matrimonio Kirchner del escándalo por el espionaje ilegal en la Ciudad de Buenos Aires. “Pongo las manos en el fuego por ellos”, había dicho el empresario, algo que no se le ha oído sobre su primogénito.
Estas disidencias filiales parecerían indicar un error en aquella frase de Néstor Kirchner lanzada como máxima y que tantos hemos usado tantas veces. Sin embargo, probablemente apunte a algo mucho más profundo que lo que la misma expresión dice. Quizás se refiera al comportamiento vampirizante de algunas empresas para con el Estado y a la certeza con que viven de que ellos nunca serán ni hundidos ni tocados por el modo en que se mueven en el mundo de lo público.
En el año 1980, el 17 de febrero para más detalles, el diario La Nación -esa voz siempre clara de los poderes reales- mostraba su preocupación en un texto editorial en el cual planteaba como un problema el pase de manos de poder de las familias patricias agropecuarias, los proveedores de materia prima al Reino Unido, hacia sectores nuevos de la economía de entonces, más ligados a la patria financiera que a la bosta de vaca. “El viejo establishment –decía el diario de Mitre-, como suele decirse, ha sido y es genuinamente republicano, en su espíritu. En cambio no se sabe todavía mucho de los grupos económicos emergentes”.
Escribe Norberto Galasso en su último libro “Mauricio Macri, la vuelta al pasado”: “El diario de los Mitre no da nombres de esa docena de peligrosos contendientes pero en el mundo de los negocios resuenan novedosamente los nombres de los nuevos dueños de la Argentina, tales como Techint, Pérez Companc, Fortabat, Roggio, Pescarmona, Bulgheroni, Arcor, Ledesma, al tiempo que todavía se mencionan a algunos de ´los tradicionales´ como Bunge y Born y Soldati. Y entre los primeros se encuentra el grupo Macri”.
Esta preocupación tan “de clase” del diario La Nación es la misma que Franco conocía y que Ana Ale en su libro “La Dinastía” relata de este modo: “Franco es albañil, tal como gusta describirse y no banquero. Son definiciones tajantes que incomodan a sus colegas fabricantes de dinero (…) No es un Rocca, un Pérez Companc, un Escasany y mucho menos un portavoz full time del poder internacional como los Aleman. Macri les suena a marca de tuco, como se lo hicieron saber todas las veces que pudieron. (…) En la carrera de la figuración, Franco apenas ascendió al grado de Capitán de Industria, título que en la década del 80 rebautizó y le puso maquillaje al viejo elenco de la patria contratista… es un outsider”.
Un outsider que concreta los negocios más importantes relacionándose con capitales externos. “En 1979 realiza un joint venture que bautiza MANLIBA (Mantenga Limpia a Buenos Aires) entre Impresit Sideco (del cual Macri posee el 49%) y la empresa estadounidense Waste Management International, la principal del mundo en material de limpieza. Manliba empieza a operar en marzo de 1980 y es Mauricio quien firma el contrato con el intendente de la dictadura Osvaldo Cacciatore”. (Galasso)
Pero –un dato no menor- a 15 años de su llegada a Buenos Aires, en 1958, Franco se había casado con Alicia Blanco Villegas. Mauricio nace de esa unión y entre el colegio Cardenal Newman y la Universidad Católica; la formación por parte del empresario Gregorio Chodos, del peronista Jorge Haiek y del liberal Ricardo Mansueto Zinn, específicamente pensada por su madre, el primogénito es construido ya no como el empresario millonario, sino como el del dinero fuerte, pero también el de la sangre azul. Un andarivel más en la escalera de lo supremo, según el razonamiento de esta clase.
No se equivocó Kirchner, entonces, cuando en 2007 lanzó aquella memorable “no se olviden que Mauricio es Macri”, pero debiéramos completarla: No se olviden que Mauricio es Macri, pero que su columna vertebral ideológica es Blanco Villegas. El mundo de las ideas, como dice Galasso, había quedado a cargo de la rama materna de Mauricio.
Poquito tiempo después de la firma con Cacciatore, Mauricio trabó relación con Donald Trump, el de los muros para mexicanos de esos días, cuando en Nueva York firmó la venta de Lincoln West y le vendió a Trump su opción por 118 millones de dólares.
Todas estas idas y vueltas durante la dictadura harán que, tal como relata Galasso y según un estudio de Eduardo Basualdo, Miguel Acevedo y Miguel Khavisse, los Macri pasen de 7 empresas en 1973 a 47 al fin de la dictadura, entre las que se cuentan Sevel, Sideco Americana, SOCMA y MANLIBA. Estas jugadas empresariales, a los argentinos, nos terminan costando caras: según explica Jorge Argüello, “la deuda de FIAT de 170 millones de pesos terminó transformándose en bonos del Estado que le permitieron a los Macri pagar su deuda a un valor que equivalió a 10% de la original. Claudio Lozano sostiene, además, que importantes empresas controladas y/o vinculadas al grupo Sideco Americana, Pluspetrol, SOCMA, Dragados y Obras, RSZyA Producciones, Iecsa y MANLIBA acumulan endeudamientos en el exterior cercanos a los 180 millones de dólares, que fueron transferidos a la sociedad a través de los seguros de cambio”.
Por esos días Domingo Cavallo estaba en la Presidencia del Banco Central y el economista de Mauricio, Carlos Melcoñián, fue quien se ocupó de las cuestiones técnicas desde el Banco Central para que nos pasaran a todos las deudas de los Macri-Blanco Villegas. Datitos, no más, para quienes quieren comprender quiénes son los se quedaron con la platita que pagamos como deuda externa y, sobre todo, para los tan preocupados por el qué se hace “con el dinero de mis impuestos”. Un accionar bien Macri y bien Blanco Villegas.
Por lo tanto, no puede sorprender en nada que ponga en la lista de candidatos a diputados por la provincia de Buenos Aires a un amigo/socio/vocero, ya que es la lógica de un sector en funcionamiento: la cosa pública como casa propia. Tampoco puede asombrar la barbaridad desprolija e impune del manejo de la pauta con radios FM y canales de las provincias, ni que con total impunidad aparezcan deudas sospechosas –por decir lo menos- con un contratista/amigo y con ministro/candidato: como si nada, Mauricio indica en su declaración jurada que le prestó a Nicolás Caputo 14 millones de pesos y a Néstor Grindetti, el encargado de las arcas porteñas, algo más de 400 mil. No puede asombrar a nadie: es la lógica Macri-Blanco Villegas del concepto del Estado, algo que para ellos no es más que el patio trasero de lo propio.
Por eso es que las mismas firmas que recorrieron la infancia y la formación de Mauricio son las que hoy a través de comunicados tanto de la Unión Industrial Argentina (que de industrialista tiene bastante poco) y de la Asociación Empresarial Argentina (un sello de goma para hacer el lobby de los poderosos de verdad) salieron con los tapones tan de punta a demoler al proyecto de Comisión Bicameral que pretende terminar de hilvanar con nombre y apellido el tejido de civiles que armaron la estructura político ideológica que cumplieron los uniformados.
La UIA manifestó su rechazo al proyecto de ley para crear una Comisión Bicameral de la Verdad, la Memoria, la Justicia, la Reparación y el Fortalecimiento de las instituciones de la Democracia. “Cualquier investigación sobre el particular, que se realice a ciudadanos u organizaciones de la sociedad, debe llevarse a cabo por las vías institucionales que corresponden", dijo la híper republicanista UIA. “El derecho de defensa y la independencia de quienes deben juzgar los eventuales ilícitos solamente pueden ser garantizados mediante procesos realizados por el Poder Judicial".
La iniciativa para la creación de la Comisión había obtenido 170 votos a favor, ninguno en contra, disidencias parciales de la UCR, el Frente Renovador (y hasta José Ignacio de Mendiguren votó afirmativamente en general), el Frente de Izquierda y el interbloque FAP. Pero tuvo 14 abstenciones del PRO, tan Macri y tan Blanco Villegas.
“Hay que dejar de mirar hacia atrás, hay que pensar en positivo y resolver los temas del presente", le dijo el nuevo titular de la UIA a Télam. Esas palabras mágicas que como nos ha enseñado la derecha vernácula y sobre todo el diario La Nación quieren siempre decir impunidad para los civiles que hicieron lo que quisieron con nuestras vidas y nuestro dinero y sobre todo durante lo que ellos llaman El Proceso.
Héctor Recalde –autor de la iniciativa- consideró que la UIA “parte de conceptos erróneos porque la comisión no tiene por objeto juzgar a nadie, no entiendo cuál es el inconveniente para recibir información y testimonios, algo que ya veníamos haciendo desde antes de que se comenzara a discutir la ley”. “Es insólito pensar que no hubo complicidad cuando, a menos de un mes del golpe, un general, un almirante y un brigadier, de la Ley de Contratos de Trabajo que tenía 302 artículos, derogaron 27 y modificaron 99”. Agregó que la Comisión de Trabajo de Diputados, que preside, recibió testimonios sobre Acindar, Ledesma, Techint, Mercedes-Benz, Ford, Papel Prensa y La Nueva Provincia, entre otras empresas, informó Página 12 esta semana.
“Crece la preocupación de las empresas por un proyecto de ley kirchnrista”, nos asustó Clarín desde su versión online y desde las páginas de la impresa. “Polémica”, le agregaron para que no quedaran dudas de hacia dónde iba el diario. Mejor dicho, el grupo.
“Es la norma que crea una Comisión Bicameral para investigarel rol de las compañías durante la dictadura. Al rechazo de la UIA, ahora se sumó AEA. Dicen que la iniciativa busca estigmatizar al empresariado”, según la particular fórmula que eligió Adrián Kaufmann Brea, flamante titular de la Unión Industrial.
"Este proyecto es particularmente inoportuno en un momento en que debe fomentarse la concordia entre todos los argentinos", sostuvo Kaufmann. Bingo. Si el próximo comunicado sale con la palabra “reconciliación” ya no puede ni debe quedar duda para nadie acerca de qué están hablando.
UIA y AEA juntitas y codo a codo. Porque unidas, son mucho más que dos. Son, por ejemplo: Aceitera General Deheza, Arcor, Bagó, Banco Santander Río, Bayer, BGH, Cartellone, Cencosud, El Citi, Clarín, Control Unión Argentina, Coto, Dow Argentina, Droguería de Sur, Endesa, Estrada, Estrada Agropecuaria, Fiat, Grimoldi, Grupo Miguens, IBM, IRSA, La Anónima, La Mercantil, La Nación, Los Grobo, Mastellone, Mercedes Benz, OSDE, Peugeot, Citroen, Praxair, Price Waterhouse, QuickFood, Rimsa, Roemmers, Roggio, San Jorge, Sidus, Southern Cross, Techint, Telecom, TN&Platex y Volkswagen. Mucho más que dos y con más capacidad de batir el parche que un power trío.
Parece que le hicieron caso a lo que les pedía el –digámosle con generosidad- historiador José Luis Romero desde las páginas de opinión de Clarín: “Los empresarios necesitan más conciencia de clase”. Leí eso y me fue inevitable pensar en cómo se revolcaba de furia y espanto cierto barbado de Tréveris que nos enseñó la diferencia de la conciencia en sí y la para sí. Cosas mías. Delirios mañaneros de alguien que aún –por suerte- no pierde la capacidad de sorpresa.
Pero como si no estuvieran ya las piezas suficientes sobre la mesa para entender a qué entramado se enfrenta la próxima Argentina; quién es y con quién juega el candidato de Cambiemos, Jorge Elbaum aportó el eslabón que faltaba para ver la cadena completa de la que forman parte Mauricio -que es Macri y que es más Blanco Villegas-, Alberto Natalio Nisman -que es el PJ, es decir, el Partido Judicial- y los buitres –que son los que juegan en el tablero internacional para arrancar carretillas de dólares de la Argentina, llevarse puestos a gobiernos populares y cargarse a Barack Obama si es necesario-.
“El grupo Israel Hayom pertenece al multimillonario estadounidense Sheldon Adelson, el más importante socio de Paul Singer en el fondo NML Elliot, y además mecenas de la American TaskForce Argentina”, contó Elbaum en Página 12. A la TaskForce, muchos ya lo saben, a mí me gusta decirle Grupo de Tarea. Creo que va más al punto de lo que son.
Pero sigamos al ex Secretario Ejecutivo de la DAIA. Continúa la nota con que “tanto Singer como Adelson aparecen como los máximos donantes de la Fundación para la Defensa de la Democracia (FDD), dirigida por quien se consideraba un gran amigo de Nisman, Mark Dubowitz” (…) Singer y Adelson, además, han sido los billonarios que se han opuesto con mayor determinación al acuerdo de Estados unidos con Irán y han financiado a todos los congresistas que se expidieron contra el acuerdo llevado a cabo por Obama”.
En junio de 2014 Macri realizó una visita a Israel. “Un mes antes del viaje, uno de los organizadores del mismo, Claudio Avruj, actual subsecretario de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires se contactó con el ex fiscal para ampliar la agenda de las reuniones en Tel Aviv y en Jerusalén, vinculadas específicamente con temáticas de seguridad internacional. El entorno de Macri consideraba como referente a Nisman después de sus dictámenes contra la infiltración iraní en Venezuela y América del Sur. Avruj, además de funcionario público, es propietario de la cadena de información judía VisaVis en sociedad con Guillermo Yanco, pareja de la diputada Patricia Bullrich.
El portal noticioso de Avruj sobrevive con un financiamiento similar al recibido por Fernando Niembro. En su página de inicio se divisan claramente las publicidades del Banco Ciudad, Subterráneos de Buenos Aires, la Legislatura porteña, y el Instituto de Juego de Apuestas de la Ciudad de Buenos Aires. Los contactos brindados por Nisman para la gira de Macri contribuyeron a la realización de reuniones con referentes de la derecha israelí y permitieron concluir la visita con una reunión con el primer ministro. (…) Dicha coincidencia de 2014 quedó certificada por la posición tomada el día 9 de septiembre último en la ONU por parte del gobierno israelí, que votó contra las regulaciones de los fondos especulativos. La posición argentina contó con 136 votos a favor, siete en contra y 41 abstenciones. El límite dispuesto a los fondos buitres es considerado –incluso en medios de prensa israelíes, no precisamente Israel Hayom– como uno de los más grandes éxitos de la historia diplomática argentina”.
A este protegido y ateflonado personaje que lleva sobre sus espaldas el no haber viajado jamás en colectivo, décadas de vida pública, el roce con lo popular que le dio su amor por el fútbol y el trampolín de Boca, una reclusión que huele más a auto que a secuestro y que maneja ese desdén de quienes poseen cuantiosa cuenta bancaria y se saben Blanco Villegas se le abrió una grieta. Y por ella entraron las preguntas y la puesta en evidencia de las irregularidades. “Escándalos –como dice el periodista Werner Pertot que sigue al macrismo como perro prendido a los talones- que no parecen ser la excepción sino la regla”.
Mauricio Macri y Alberto Nisman representan todo lo que es pantalla, vidriera, apariencia, el como sí. La clase de personajes que arengan con el latiguillo de que son quienes cobran salarios del Estado los que deben dar las únicas explicaciones; ésos a quienes ven y marcan como parásitos y vagos. Pues algo –chiquito aún y esperemos que crezca- se quebró porque han quedado por estos días ellos dos -justamente ellos, que se y los quisieron erigir como banderas de republicanismo y honestidad- como representantes de lo peor que se puede hacer con lo público, con lo de todos, con lo de muchos, con lo común: los que no sólo se lo quedan sino que lo usan y lo sienten como propio y con derecho a no dar ninguna explicación. Algo que, justamente para no olvidar, deberíamos empezar a rotular como actitud Nisman, mecanismo Adelson, modelo Singer, gesto Macri y modo Blanco Villegas.
por Mariana Moyano
Editorial del 3 de Octubre de 2015
No se equivocó cuando el 4 de junio de 2007 lanzó una de sus frases memorables. “No se olviden que Mauricio es Macri”, había dicho ceceoso y pícaro el entonces Presidente Néstor Kirchner, metido de lleno en la campaña por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Todos entendimos, aunque sea cierto que no se le puede aplicar linealidad al apellido Macri, lo que nos quiso decir con esa máxima pegadiza.
Franco siempre habló bien del peronismo del 45 porque, sobre todo, en las décadas posteriores a la de los ochenta, le gustó el mote de empresario industrial. Tuvo palabras más que elogiosas para con el gobierno de Néstor Kirchner. Cuestionó lo que él llamó el “exceso aperturista” de los noventas “por el cual el empresariado argentino fue casi diezmado”. Habló bien de Hugo Chávez y de Cristina Fernández y de las políticas llevadas adelante por estos años y hasta aparece, entre quienes conocen los entretelones, como uno de los personajes que aceitó los vínculos de Argentina con la República Popular China.
Por el contrario, Mauricio, además de haber definido a Carlos Menem como el “gran transformador” fue un karateca de la palabra con términos mucho más fuertes: “No soy menemista; soy supermenemista. Soy menemista a muerte. (…) En el 89 estábamos casi fuera del planeta, en un lugar marginal. Nos hemos reinsertado en el mundo, se ha recuperado la economía”, le dijo a la revista Viva.
Por estas diferencias entre padre e hijo fue que quizás Federico Pinedo, titular de la bancada de diputados PRO,comentó un poco en serio, un poco en tono de chanza en julio de 2010, que “Mauricio es Macri, pero Franco es Kirchner", en aquellos días en que Franco deslindó por completo al matrimonio Kirchner del escándalo por el espionaje ilegal en la Ciudad de Buenos Aires. “Pongo las manos en el fuego por ellos”, había dicho el empresario, algo que no se le ha oído sobre su primogénito.
Estas disidencias filiales parecerían indicar un error en aquella frase de Néstor Kirchner lanzada como máxima y que tantos hemos usado tantas veces. Sin embargo, probablemente apunte a algo mucho más profundo que lo que la misma expresión dice. Quizás se refiera al comportamiento vampirizante de algunas empresas para con el Estado y a la certeza con que viven de que ellos nunca serán ni hundidos ni tocados por el modo en que se mueven en el mundo de lo público.
En el año 1980, el 17 de febrero para más detalles, el diario La Nación -esa voz siempre clara de los poderes reales- mostraba su preocupación en un texto editorial en el cual planteaba como un problema el pase de manos de poder de las familias patricias agropecuarias, los proveedores de materia prima al Reino Unido, hacia sectores nuevos de la economía de entonces, más ligados a la patria financiera que a la bosta de vaca. “El viejo establishment –decía el diario de Mitre-, como suele decirse, ha sido y es genuinamente republicano, en su espíritu. En cambio no se sabe todavía mucho de los grupos económicos emergentes”.
Escribe Norberto Galasso en su último libro “Mauricio Macri, la vuelta al pasado”: “El diario de los Mitre no da nombres de esa docena de peligrosos contendientes pero en el mundo de los negocios resuenan novedosamente los nombres de los nuevos dueños de la Argentina, tales como Techint, Pérez Companc, Fortabat, Roggio, Pescarmona, Bulgheroni, Arcor, Ledesma, al tiempo que todavía se mencionan a algunos de ´los tradicionales´ como Bunge y Born y Soldati. Y entre los primeros se encuentra el grupo Macri”.
Esta preocupación tan “de clase” del diario La Nación es la misma que Franco conocía y que Ana Ale en su libro “La Dinastía” relata de este modo: “Franco es albañil, tal como gusta describirse y no banquero. Son definiciones tajantes que incomodan a sus colegas fabricantes de dinero (…) No es un Rocca, un Pérez Companc, un Escasany y mucho menos un portavoz full time del poder internacional como los Aleman. Macri les suena a marca de tuco, como se lo hicieron saber todas las veces que pudieron. (…) En la carrera de la figuración, Franco apenas ascendió al grado de Capitán de Industria, título que en la década del 80 rebautizó y le puso maquillaje al viejo elenco de la patria contratista… es un outsider”.
Un outsider que concreta los negocios más importantes relacionándose con capitales externos. “En 1979 realiza un joint venture que bautiza MANLIBA (Mantenga Limpia a Buenos Aires) entre Impresit Sideco (del cual Macri posee el 49%) y la empresa estadounidense Waste Management International, la principal del mundo en material de limpieza. Manliba empieza a operar en marzo de 1980 y es Mauricio quien firma el contrato con el intendente de la dictadura Osvaldo Cacciatore”. (Galasso)
Pero –un dato no menor- a 15 años de su llegada a Buenos Aires, en 1958, Franco se había casado con Alicia Blanco Villegas. Mauricio nace de esa unión y entre el colegio Cardenal Newman y la Universidad Católica; la formación por parte del empresario Gregorio Chodos, del peronista Jorge Haiek y del liberal Ricardo Mansueto Zinn, específicamente pensada por su madre, el primogénito es construido ya no como el empresario millonario, sino como el del dinero fuerte, pero también el de la sangre azul. Un andarivel más en la escalera de lo supremo, según el razonamiento de esta clase.
No se equivocó Kirchner, entonces, cuando en 2007 lanzó aquella memorable “no se olviden que Mauricio es Macri”, pero debiéramos completarla: No se olviden que Mauricio es Macri, pero que su columna vertebral ideológica es Blanco Villegas. El mundo de las ideas, como dice Galasso, había quedado a cargo de la rama materna de Mauricio.
Poquito tiempo después de la firma con Cacciatore, Mauricio trabó relación con Donald Trump, el de los muros para mexicanos de esos días, cuando en Nueva York firmó la venta de Lincoln West y le vendió a Trump su opción por 118 millones de dólares.
Todas estas idas y vueltas durante la dictadura harán que, tal como relata Galasso y según un estudio de Eduardo Basualdo, Miguel Acevedo y Miguel Khavisse, los Macri pasen de 7 empresas en 1973 a 47 al fin de la dictadura, entre las que se cuentan Sevel, Sideco Americana, SOCMA y MANLIBA. Estas jugadas empresariales, a los argentinos, nos terminan costando caras: según explica Jorge Argüello, “la deuda de FIAT de 170 millones de pesos terminó transformándose en bonos del Estado que le permitieron a los Macri pagar su deuda a un valor que equivalió a 10% de la original. Claudio Lozano sostiene, además, que importantes empresas controladas y/o vinculadas al grupo Sideco Americana, Pluspetrol, SOCMA, Dragados y Obras, RSZyA Producciones, Iecsa y MANLIBA acumulan endeudamientos en el exterior cercanos a los 180 millones de dólares, que fueron transferidos a la sociedad a través de los seguros de cambio”.
Por esos días Domingo Cavallo estaba en la Presidencia del Banco Central y el economista de Mauricio, Carlos Melcoñián, fue quien se ocupó de las cuestiones técnicas desde el Banco Central para que nos pasaran a todos las deudas de los Macri-Blanco Villegas. Datitos, no más, para quienes quieren comprender quiénes son los se quedaron con la platita que pagamos como deuda externa y, sobre todo, para los tan preocupados por el qué se hace “con el dinero de mis impuestos”. Un accionar bien Macri y bien Blanco Villegas.
Por lo tanto, no puede sorprender en nada que ponga en la lista de candidatos a diputados por la provincia de Buenos Aires a un amigo/socio/vocero, ya que es la lógica de un sector en funcionamiento: la cosa pública como casa propia. Tampoco puede asombrar la barbaridad desprolija e impune del manejo de la pauta con radios FM y canales de las provincias, ni que con total impunidad aparezcan deudas sospechosas –por decir lo menos- con un contratista/amigo y con ministro/candidato: como si nada, Mauricio indica en su declaración jurada que le prestó a Nicolás Caputo 14 millones de pesos y a Néstor Grindetti, el encargado de las arcas porteñas, algo más de 400 mil. No puede asombrar a nadie: es la lógica Macri-Blanco Villegas del concepto del Estado, algo que para ellos no es más que el patio trasero de lo propio.
Por eso es que las mismas firmas que recorrieron la infancia y la formación de Mauricio son las que hoy a través de comunicados tanto de la Unión Industrial Argentina (que de industrialista tiene bastante poco) y de la Asociación Empresarial Argentina (un sello de goma para hacer el lobby de los poderosos de verdad) salieron con los tapones tan de punta a demoler al proyecto de Comisión Bicameral que pretende terminar de hilvanar con nombre y apellido el tejido de civiles que armaron la estructura político ideológica que cumplieron los uniformados.
La UIA manifestó su rechazo al proyecto de ley para crear una Comisión Bicameral de la Verdad, la Memoria, la Justicia, la Reparación y el Fortalecimiento de las instituciones de la Democracia. “Cualquier investigación sobre el particular, que se realice a ciudadanos u organizaciones de la sociedad, debe llevarse a cabo por las vías institucionales que corresponden", dijo la híper republicanista UIA. “El derecho de defensa y la independencia de quienes deben juzgar los eventuales ilícitos solamente pueden ser garantizados mediante procesos realizados por el Poder Judicial".
La iniciativa para la creación de la Comisión había obtenido 170 votos a favor, ninguno en contra, disidencias parciales de la UCR, el Frente Renovador (y hasta José Ignacio de Mendiguren votó afirmativamente en general), el Frente de Izquierda y el interbloque FAP. Pero tuvo 14 abstenciones del PRO, tan Macri y tan Blanco Villegas.
“Hay que dejar de mirar hacia atrás, hay que pensar en positivo y resolver los temas del presente", le dijo el nuevo titular de la UIA a Télam. Esas palabras mágicas que como nos ha enseñado la derecha vernácula y sobre todo el diario La Nación quieren siempre decir impunidad para los civiles que hicieron lo que quisieron con nuestras vidas y nuestro dinero y sobre todo durante lo que ellos llaman El Proceso.
Héctor Recalde –autor de la iniciativa- consideró que la UIA “parte de conceptos erróneos porque la comisión no tiene por objeto juzgar a nadie, no entiendo cuál es el inconveniente para recibir información y testimonios, algo que ya veníamos haciendo desde antes de que se comenzara a discutir la ley”. “Es insólito pensar que no hubo complicidad cuando, a menos de un mes del golpe, un general, un almirante y un brigadier, de la Ley de Contratos de Trabajo que tenía 302 artículos, derogaron 27 y modificaron 99”. Agregó que la Comisión de Trabajo de Diputados, que preside, recibió testimonios sobre Acindar, Ledesma, Techint, Mercedes-Benz, Ford, Papel Prensa y La Nueva Provincia, entre otras empresas, informó Página 12 esta semana.
“Crece la preocupación de las empresas por un proyecto de ley kirchnrista”, nos asustó Clarín desde su versión online y desde las páginas de la impresa. “Polémica”, le agregaron para que no quedaran dudas de hacia dónde iba el diario. Mejor dicho, el grupo.
“Es la norma que crea una Comisión Bicameral para investigarel rol de las compañías durante la dictadura. Al rechazo de la UIA, ahora se sumó AEA. Dicen que la iniciativa busca estigmatizar al empresariado”, según la particular fórmula que eligió Adrián Kaufmann Brea, flamante titular de la Unión Industrial.
"Este proyecto es particularmente inoportuno en un momento en que debe fomentarse la concordia entre todos los argentinos", sostuvo Kaufmann. Bingo. Si el próximo comunicado sale con la palabra “reconciliación” ya no puede ni debe quedar duda para nadie acerca de qué están hablando.
UIA y AEA juntitas y codo a codo. Porque unidas, son mucho más que dos. Son, por ejemplo: Aceitera General Deheza, Arcor, Bagó, Banco Santander Río, Bayer, BGH, Cartellone, Cencosud, El Citi, Clarín, Control Unión Argentina, Coto, Dow Argentina, Droguería de Sur, Endesa, Estrada, Estrada Agropecuaria, Fiat, Grimoldi, Grupo Miguens, IBM, IRSA, La Anónima, La Mercantil, La Nación, Los Grobo, Mastellone, Mercedes Benz, OSDE, Peugeot, Citroen, Praxair, Price Waterhouse, QuickFood, Rimsa, Roemmers, Roggio, San Jorge, Sidus, Southern Cross, Techint, Telecom, TN&Platex y Volkswagen. Mucho más que dos y con más capacidad de batir el parche que un power trío.
Parece que le hicieron caso a lo que les pedía el –digámosle con generosidad- historiador José Luis Romero desde las páginas de opinión de Clarín: “Los empresarios necesitan más conciencia de clase”. Leí eso y me fue inevitable pensar en cómo se revolcaba de furia y espanto cierto barbado de Tréveris que nos enseñó la diferencia de la conciencia en sí y la para sí. Cosas mías. Delirios mañaneros de alguien que aún –por suerte- no pierde la capacidad de sorpresa.
Pero como si no estuvieran ya las piezas suficientes sobre la mesa para entender a qué entramado se enfrenta la próxima Argentina; quién es y con quién juega el candidato de Cambiemos, Jorge Elbaum aportó el eslabón que faltaba para ver la cadena completa de la que forman parte Mauricio -que es Macri y que es más Blanco Villegas-, Alberto Natalio Nisman -que es el PJ, es decir, el Partido Judicial- y los buitres –que son los que juegan en el tablero internacional para arrancar carretillas de dólares de la Argentina, llevarse puestos a gobiernos populares y cargarse a Barack Obama si es necesario-.
“El grupo Israel Hayom pertenece al multimillonario estadounidense Sheldon Adelson, el más importante socio de Paul Singer en el fondo NML Elliot, y además mecenas de la American TaskForce Argentina”, contó Elbaum en Página 12. A la TaskForce, muchos ya lo saben, a mí me gusta decirle Grupo de Tarea. Creo que va más al punto de lo que son.
Pero sigamos al ex Secretario Ejecutivo de la DAIA. Continúa la nota con que “tanto Singer como Adelson aparecen como los máximos donantes de la Fundación para la Defensa de la Democracia (FDD), dirigida por quien se consideraba un gran amigo de Nisman, Mark Dubowitz” (…) Singer y Adelson, además, han sido los billonarios que se han opuesto con mayor determinación al acuerdo de Estados unidos con Irán y han financiado a todos los congresistas que se expidieron contra el acuerdo llevado a cabo por Obama”.
En junio de 2014 Macri realizó una visita a Israel. “Un mes antes del viaje, uno de los organizadores del mismo, Claudio Avruj, actual subsecretario de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires se contactó con el ex fiscal para ampliar la agenda de las reuniones en Tel Aviv y en Jerusalén, vinculadas específicamente con temáticas de seguridad internacional. El entorno de Macri consideraba como referente a Nisman después de sus dictámenes contra la infiltración iraní en Venezuela y América del Sur. Avruj, además de funcionario público, es propietario de la cadena de información judía VisaVis en sociedad con Guillermo Yanco, pareja de la diputada Patricia Bullrich.
El portal noticioso de Avruj sobrevive con un financiamiento similar al recibido por Fernando Niembro. En su página de inicio se divisan claramente las publicidades del Banco Ciudad, Subterráneos de Buenos Aires, la Legislatura porteña, y el Instituto de Juego de Apuestas de la Ciudad de Buenos Aires. Los contactos brindados por Nisman para la gira de Macri contribuyeron a la realización de reuniones con referentes de la derecha israelí y permitieron concluir la visita con una reunión con el primer ministro. (…) Dicha coincidencia de 2014 quedó certificada por la posición tomada el día 9 de septiembre último en la ONU por parte del gobierno israelí, que votó contra las regulaciones de los fondos especulativos. La posición argentina contó con 136 votos a favor, siete en contra y 41 abstenciones. El límite dispuesto a los fondos buitres es considerado –incluso en medios de prensa israelíes, no precisamente Israel Hayom– como uno de los más grandes éxitos de la historia diplomática argentina”.
A este protegido y ateflonado personaje que lleva sobre sus espaldas el no haber viajado jamás en colectivo, décadas de vida pública, el roce con lo popular que le dio su amor por el fútbol y el trampolín de Boca, una reclusión que huele más a auto que a secuestro y que maneja ese desdén de quienes poseen cuantiosa cuenta bancaria y se saben Blanco Villegas se le abrió una grieta. Y por ella entraron las preguntas y la puesta en evidencia de las irregularidades. “Escándalos –como dice el periodista Werner Pertot que sigue al macrismo como perro prendido a los talones- que no parecen ser la excepción sino la regla”.
Mauricio Macri y Alberto Nisman representan todo lo que es pantalla, vidriera, apariencia, el como sí. La clase de personajes que arengan con el latiguillo de que son quienes cobran salarios del Estado los que deben dar las únicas explicaciones; ésos a quienes ven y marcan como parásitos y vagos. Pues algo –chiquito aún y esperemos que crezca- se quebró porque han quedado por estos días ellos dos -justamente ellos, que se y los quisieron erigir como banderas de republicanismo y honestidad- como representantes de lo peor que se puede hacer con lo público, con lo de todos, con lo de muchos, con lo común: los que no sólo se lo quedan sino que lo usan y lo sienten como propio y con derecho a no dar ninguna explicación. Algo que, justamente para no olvidar, deberíamos empezar a rotular como actitud Nisman, mecanismo Adelson, modelo Singer, gesto Macri y modo Blanco Villegas.
martes, 29 de septiembre de 2015
martes, 22 de septiembre de 2015
Programa SF 175 - Luis Alberto Quevedo y Magallanes - 19 de Septiembre de 2015
El P.J.
por Mariana Moyano
Editorial del 19 de setiembre de 2015.
Bombardean desde el aire. O minan el terreno. Según las épocas, los contextos y las necesidades. Pero en la mira, pareciera que siempre tienen lo mismo: el voto que no les gusta, de los que a ellos no les gustan. Por pobres, por provincianos, por K, por desprolijos o por peronistas.
La excusa la encuentran fácil. Y si no, la crean. Queman urnas, por ejemplo. Hugo Alarcón, un candidato de la boleta del opositor José Cano fue hallado como el responsable del escándalo de incinerar esas cajas de cartón que no son otra cosa que la voluntad popular. “La elección se vio empañada por hechos de violencia extrema, que incluyeron el incendio de una treintena de urnas en el interior y el ataque a balazos contra dos sedes de la oposición en la capital. (…) En la comuna de Sargento Moya, 45 kilómetros al sur de la capital, donde fueron quemadas las dos urnas en las que estaban habilitadas para votar 558 personas, lo que obligó a suspender la elección. Por el hecho, fueron detenidos tres sospechosos, entre ellos Hugo Alarcón, candidato a delegado comunal de esa localidad por el opositor Acuerdo para el Bicentenario”, informó un diario y no uno que tenga especial simpatía por Jorge Alperovich, José Manzur o Cristina Fernández. Eso dice la crónica de La Nación del lunes 24 de agosto.
Pero la información concreta, los datos puros y duros quedaron o en algún cesto de basura o en algún pliegue cuando tiraron del mantel. Entonces, lo que primero fue el grito histérico de “fraude, fraude”, se convirtió con los días en otro alarido que crea sonido ambiente y mucha confusión: “clientelismo, clientelismo”. Y aparecieron los famosos bolsones como argumento para anular esa voluntad secreta que cada ciudadano introduce en la urna como acto de soberanía individual y política.
La discusión quedó enganchada, sucia, como ese ruido en el carburador que no deja a gamba pero molesta y puede llevar el avance a complicaciones mayores.
De esa zona de sonidos confusos o humo negro tironean, borronean, nos marean, meten denuncias judiciales en los fueros que no corresponden. Logran que dos jueces del contencioso administrativo hagan usurpación de competencias, se metan en el terreno de la justicia electoral y vetan el voto. Ya no con botas, ahora con el PJ. Y no hablo de esa sigla que tanto miedito les da a cierto “bienpensantismo impoluto” que escucha Partido Justicialista y parece que hubieran visto al mismísimo demonio. Me refiero al Poder Judicial, o mejor dicho, al Partido Judicial, la pata letrada del Poder económico.
Las elecciones no valen, dice este PJ. No valen porque no les gusta el resultado. Entonces, indican, “va de nuevo”. Como si el sufragio popular fuese lo mismo que un tiro de generala en que un dado cayó torcido. “Va de nuevo”, dicen. Y si uno enfoca bien, se da cuenta que no podían decir otra cosa un 16 de septiembre, porque son eso que siempre fueron.
Así, con un fallo de decenas de páginas de hojarasca y saraza, dos magistrados, en 8 fojas resolutivas y 5 fundamentos cuyos cuatro principales argumentos son un programa del showman de los domingos, el reconocmiento del gobernador Alperovich que se repartió mercadería, una nota de La Gaceta de Tucumán y una grabación de una pelea en una unidad básica nos dicen que las elecciones no valen. Que pido gancho y que vamos de nuevo. Ni una palabra en los espacios de la resolución sobre la quema de urnas.
“Mamarracho”, le dijo Raúl Zaffaroni, uno de los maestros, al fallo. Otro de los troesmas, Julio Maier, escribió en Página 12 y lo puso en estas palabras: “El desconocimiento de la voluntad de la mayoría para la ocupación de cargos públicos de primera magnitud, base ineludible del Estado democrático, sufre un golpe artero que, a decir verdad, se parece mucho a las históricas ‘proclamas revolucionarias’ de los golpes militares a los gobiernos civiles de turno, golpe ejecutado esta vez por jueces a quienes la democracia no sabe contestarles, no tiene experiencia en este tipo de lides y, por ende, acepta sus decisiones.
La ‘justicia’ del Poder Judicial ha cantado cuando salió la luna a la manera de estos tiempos, en los cuales oposición significa confusión, pura suma, el litigio parece representar al avasallamiento de las instituciones y, por fin, la Justicia es aquel juego al que se dedica una casta de juristas pagos por el Estado para instaurar el triunfo de sus intereses de clase, y Derecho son las reglas y mecanismos irracionales que gobiernan el juego de esos intereses”. En el ángulo la pone Don Julio. Inatajable.
Leí en twitter algo genial por lo gracioso si no fuera grave: “Mandemos a los jueces tucumanos a Brasil, así jugamos de nuevo la final contra Alemania”. Buena la humorada si esto no fuera un Golpe, un Golpe del nuevo PJ, un Golpe del Partido Judicial.
Hace ya un rato que parecen estar más convencidos ellos que el propio Frente para la Victoria de que no llegan. Y como ya no son los dueños de la Fuerza Aérea, no bombardean. Ahora minan el terreno. Con la otra pata del Poder Económico que labura en tándem con el Partido Judicial: los “fierros mediáticos” como les dijo una vez un ex Presidente al que algunos tildaron de exagerado por recordar, en pleno destitucionismo agropecuario, la similitud de comportamientos con los comandos civiles. Valgan estas fotos de tragedia y farsa para ver la película completa: por aquellos días teníamos las rutas cortadas por las máquinas camperas y las 4x4; hoy la Plaza Independencia tucumana está cercada por tractores que, como dijo Eduardo Barcesat, son vehículos cuya mayor similitud es con un tanque.
Vienen desde las PASO. Porque, entendamos, desde el mismísimo 9 de agosto, la operación ya no tiene más como blanco a CFK. Van por legitimidad del próximo gobierno, si es del sello que a ellos se les ha vuelto pesadilla. Quieren -si gana- un Daniel Scioli limado y deslegitimidad y sospecha de ilegalidad del triunfo desde el minuto cero.
Muchos ya conocen mi teoría del cuchillo y la piedra pómez aplicada a los medios de comunicación. No me gano un Doctorado con esto. Pero es tan visual que ayuda a que todo el mundo entienda. Sencillita, la cosa es más o menos así: en las notas periodísticas se adjetiva, se editorializa. Que es autoritaria, pedante, stalinista, fascista, fachoprogresista, hipócrita y así… con ese siempre tan moderado tono van calificando a la Presidenta. Que el hijo y una ex ministra tienen cuentas que no tienen, que un ministro gana lo que no gana o que la que habla tenía dólares que nunca tuvo. Esa es la herida con cuchillo afilado. Va directo, se ve, se palpa, se observa, se nota y es, básicamente, pasible de ser circunscripta.
Lo peligroso es lo otro: el laburito de esmerilar. Aparece sutil, con medio dato. Verosímil éste, o veraz, o cierto. Medio dato. De él se agarran. Ahí se afirman para empezar. Y arrancan: que una sugerencia al pasar, que un comentario de un dirigente en algún programa de cable de un canal en particular, que la puesta en título de ese textual en el diario del día siguiente, que una pregunta sobre la temática en otro espacio del mismo canal, que un informe son testimonios individuales (la parte) que reemplazan a lo general (el todo), que le pedimos notas sobre la temática a firmas con cierto peso, por ejemplo “La fabricación del resultado electoral”, por la politóloga –radical ella, dato que no nos dan- Liliana De Riz, en las páginas de opinión; que una nota de uno de los más abyectos “El fantasma de la trampa en la elección presidencial”, en las otras páginas de opinión del otro diario que juega en esta operación; que una gran crónica con el título rataplán de “El gobierno busca neutralizar el pedido de transparencia electoral”. Escenario construido. Diagnóstico instalado. Y entonces llega momento propuesta: la invalidación a futuro de determinado resultado electoral que aún ni siquiera sucedió. Y para variar, el que pone la pluma es el siempre dispuesto a colaborar con toda posibilidad de debilitamiento de un proceso popular.
“¿Y si Zamora es presidente?”, tituló su nota del 13 de septiembre. Y esto sugería Joaquín Morales Solá: “Envuelto en la sospecha y el descrédito, el viejo sistema electoral podría dejar a los argentinos sin un presidente nuevo el 10 de diciembre. Habrá un presidente electo, pero nadie sabe ahora cuándo estará en condiciones de asumir. La estrechísima diferencia que señalaría un triunfo en primera vuelta o la necesidad de una segunda ronda abrirían un período de alta conflictividad política y electoral”. Temerario comentario que suena a propuesta, a proclama. Y sigue: “Así como Scioli es el candidato más votado en las mediciones de primera vuelta, Macri lo es en las encuestas sobre el ballottage. ¿Qué sucedería si cualquiera que saliera segundo planteara la necesidad del escrutinio definitivo o la revisión de muchas urnas en todo el país para aceptar su derrota? ¿Cuándo los argentinos (y el próximo presidente) sabrán quién ganó definitivamente? Un cuadro de extrema conflictividad podría llevar la definición hasta más allá del 10 de diciembre.
Cristina Kirchner y Amado Boudou deberán irse el 10 de diciembre, pase lo que pase. La única alternativa posible sería que Cristina le entregara el gobierno al presidente provisional del Senado, el radical K Gerardo Zamora, uno de los peores líderes feudales del país, hasta que la Justicia proclame al nuevo presidente. Una fuente inmejorable de la justicia electoral, consultada sobre la posibilidad de que Zamora termine siendo presidente provisional del país, contestó con una frase corta, seca: ‘No es imposible y ni siquiera improbable. Todo dependerá del grado de los litigios políticos y judiciales’”. Este jueves 17, el mismo escriba, fue por más, ya con ese fallo tan 16 de septiembre en sus manos: “El oficialismo ha quedado en Tucumán en el peor de los mundos (…) Podría ser un caso aislado en el turbulento norte argentino, pero no lo será nunca cuando faltan apenas 40 días para las elecciones que señalarán quién será el próximo presidente de la Nación”.
Imprudente fin de nota le podríamos decir si a él le importara algo la responsabilidad de lo escrito en un medio sobre el acontecer democrático. Pero no podemos perder el tiempo. Ya sabemos lo que él piensa del sistema.
Y la costurita la terminan con notitas al pasar: En Misiones, en las PASO, el FPV ganó por 40 puntos de diferencia. Sin embargo, el diputado de la UCR Luis Pastori denunció un intento de fraude para octubre. “Están ocurriendo hechos que confirman el clima fraudulento”, dijo en ese tono de nada, vaguedades e instalación de sospechas que de tan difuso es tan complicado de combatir. Porque es como el humo, se cuela. Porque es humo, pero nubla la vista. “En Chaco, la oposición volvió a denunciar irregularidades”, publican hoy. 60/40, 70/30 les va a salir, pero en lugar de aceptar la voluntad popular recurrirán al gritito histérico y al PJ, o sea, al Partido Judicial. Ganaron en Córdoba; ni pío hemos dicho. Una década completa de menemato nos fumamos y nunca jamás gritamos “fraude”, porque el problema siempre es político y no de mecanismo electoral. Ni esa la saben jugar limpia.
Sucios como papa andan. Fernando Niembro (que es Macri) imputado por la posibilidad de haber lavado guita pública; el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que clausura un galpón donde se guardan los móviles de un canal de cable que no les simpatiza por supuestas irregularidades en la habilitación. Sin que medie ninguna modificación de nada en el estacionamiento, ese mismo gobierno de la ciudad desclausura el sitio. Leí por ahí que parece que el Muro de Clarín llega hasta la puerta de C5N y no es un disparate. Primero porque es la Agencia gubernamental de Control a cargo del ex carapintada Juan José Gómez Centurión la encargada tanto de decidir la clausura como de no tirar abajo el paredón y segundo, porque son los que decían que TN podía desaparecer los que ni se inmutan (y aplauden o justifican) ante la puesta de obstáculos a otro canal de noticias. Y el juez Carlos Fayt la corona: él avisa que renuncia, pero el 11 de diciembre, cosa de llegar a fin de año con todo bien, bien, enredado.
Todo este panorama es temerario. De aventureros. Pero lo que más me impactó de la semana fueron dos aspectos de todo esto. Por un lado, la profunda, despreciable, ruin, indigna y descarada falta de respeto por ciertos votantes. Hubo cajas PAN en la Argentina y no fue lo mejor, pero eso no hizo despreciable a quienes las recibieron. ¿Realmente en nuestra política hay dirigentes que creen que por dos kilos de papa, cuatro paquetes de arroz y un par de zapatillas un ser humano, un padre, una madre, un joven que vota por primera vez emitirá su sufragio referenciado sólo en ese paquete de productos? ¿Es en serio que piensan eso? Si es así y acaso les importa, sepan que tienen todo mi desprecio. Así como la posesión de pocos recursos no es sinónimo de delincuencia tampoco lo es de indignidad. Sépanlo. Los desprecio a quienes piensan eso. Por ignorantes, por soberbios, y por elitistas.
Lo otro que llamó mi atención fue que quienes barrenan la política y que no la nadan, estaban convencidos que “los K” estaban ocupados operando contra Niembro. Se les cayó rápido esa certeza. Encima, sobre sus cabezas. Y quedaron con la mandíbula por el piso cuando se dieron cuenta que la “operación” estaba apuntando a lograr que 136 países de las Naciones Unidas contra 6 votaran a favor de la patriada más grande que un Estado ha dado en un intento por ser soberano y pelearles de igual a igual a los poderosos.
Señores que desprecio: sepan que quizás sea por cosas como éstas que quienes aceptan ayudas del Estado que está ahí para protegerlos luego terminan votando como lo hacen. Sepan que quizás a ésos que menos tienen los pone orgullosos que su celeste y blanca esté dando batalla contra los que en el mundo se quedan con lo que a ellos les corresponde. Sepan que tal vez valoran que día a día y pasito a pasito se tire de la cuerda para volver al fifty- fifty.
Señores que desprecio: ustedes no son ni tan honestos ni tan republicanos. Ya quemaron todas las naves.
Y no quiero reiterarme, pero voy a terminar estas palabras como lo hice hace poquito. Esta pelea va por los que aún falta subir al tren, por los que quedaron en el camino, por los despreciados por no tener más de eso material que para ellos es igual a conciencia. Pero sobre todo, el voto y la batalla que se viene es, sepámoslo, en defensa propia.
por Mariana Moyano
Editorial del 19 de setiembre de 2015.
Bombardean desde el aire. O minan el terreno. Según las épocas, los contextos y las necesidades. Pero en la mira, pareciera que siempre tienen lo mismo: el voto que no les gusta, de los que a ellos no les gustan. Por pobres, por provincianos, por K, por desprolijos o por peronistas.
La excusa la encuentran fácil. Y si no, la crean. Queman urnas, por ejemplo. Hugo Alarcón, un candidato de la boleta del opositor José Cano fue hallado como el responsable del escándalo de incinerar esas cajas de cartón que no son otra cosa que la voluntad popular. “La elección se vio empañada por hechos de violencia extrema, que incluyeron el incendio de una treintena de urnas en el interior y el ataque a balazos contra dos sedes de la oposición en la capital. (…) En la comuna de Sargento Moya, 45 kilómetros al sur de la capital, donde fueron quemadas las dos urnas en las que estaban habilitadas para votar 558 personas, lo que obligó a suspender la elección. Por el hecho, fueron detenidos tres sospechosos, entre ellos Hugo Alarcón, candidato a delegado comunal de esa localidad por el opositor Acuerdo para el Bicentenario”, informó un diario y no uno que tenga especial simpatía por Jorge Alperovich, José Manzur o Cristina Fernández. Eso dice la crónica de La Nación del lunes 24 de agosto.
Pero la información concreta, los datos puros y duros quedaron o en algún cesto de basura o en algún pliegue cuando tiraron del mantel. Entonces, lo que primero fue el grito histérico de “fraude, fraude”, se convirtió con los días en otro alarido que crea sonido ambiente y mucha confusión: “clientelismo, clientelismo”. Y aparecieron los famosos bolsones como argumento para anular esa voluntad secreta que cada ciudadano introduce en la urna como acto de soberanía individual y política.
La discusión quedó enganchada, sucia, como ese ruido en el carburador que no deja a gamba pero molesta y puede llevar el avance a complicaciones mayores.
De esa zona de sonidos confusos o humo negro tironean, borronean, nos marean, meten denuncias judiciales en los fueros que no corresponden. Logran que dos jueces del contencioso administrativo hagan usurpación de competencias, se metan en el terreno de la justicia electoral y vetan el voto. Ya no con botas, ahora con el PJ. Y no hablo de esa sigla que tanto miedito les da a cierto “bienpensantismo impoluto” que escucha Partido Justicialista y parece que hubieran visto al mismísimo demonio. Me refiero al Poder Judicial, o mejor dicho, al Partido Judicial, la pata letrada del Poder económico.
Las elecciones no valen, dice este PJ. No valen porque no les gusta el resultado. Entonces, indican, “va de nuevo”. Como si el sufragio popular fuese lo mismo que un tiro de generala en que un dado cayó torcido. “Va de nuevo”, dicen. Y si uno enfoca bien, se da cuenta que no podían decir otra cosa un 16 de septiembre, porque son eso que siempre fueron.
Así, con un fallo de decenas de páginas de hojarasca y saraza, dos magistrados, en 8 fojas resolutivas y 5 fundamentos cuyos cuatro principales argumentos son un programa del showman de los domingos, el reconocmiento del gobernador Alperovich que se repartió mercadería, una nota de La Gaceta de Tucumán y una grabación de una pelea en una unidad básica nos dicen que las elecciones no valen. Que pido gancho y que vamos de nuevo. Ni una palabra en los espacios de la resolución sobre la quema de urnas.
“Mamarracho”, le dijo Raúl Zaffaroni, uno de los maestros, al fallo. Otro de los troesmas, Julio Maier, escribió en Página 12 y lo puso en estas palabras: “El desconocimiento de la voluntad de la mayoría para la ocupación de cargos públicos de primera magnitud, base ineludible del Estado democrático, sufre un golpe artero que, a decir verdad, se parece mucho a las históricas ‘proclamas revolucionarias’ de los golpes militares a los gobiernos civiles de turno, golpe ejecutado esta vez por jueces a quienes la democracia no sabe contestarles, no tiene experiencia en este tipo de lides y, por ende, acepta sus decisiones.
La ‘justicia’ del Poder Judicial ha cantado cuando salió la luna a la manera de estos tiempos, en los cuales oposición significa confusión, pura suma, el litigio parece representar al avasallamiento de las instituciones y, por fin, la Justicia es aquel juego al que se dedica una casta de juristas pagos por el Estado para instaurar el triunfo de sus intereses de clase, y Derecho son las reglas y mecanismos irracionales que gobiernan el juego de esos intereses”. En el ángulo la pone Don Julio. Inatajable.
Leí en twitter algo genial por lo gracioso si no fuera grave: “Mandemos a los jueces tucumanos a Brasil, así jugamos de nuevo la final contra Alemania”. Buena la humorada si esto no fuera un Golpe, un Golpe del nuevo PJ, un Golpe del Partido Judicial.
Hace ya un rato que parecen estar más convencidos ellos que el propio Frente para la Victoria de que no llegan. Y como ya no son los dueños de la Fuerza Aérea, no bombardean. Ahora minan el terreno. Con la otra pata del Poder Económico que labura en tándem con el Partido Judicial: los “fierros mediáticos” como les dijo una vez un ex Presidente al que algunos tildaron de exagerado por recordar, en pleno destitucionismo agropecuario, la similitud de comportamientos con los comandos civiles. Valgan estas fotos de tragedia y farsa para ver la película completa: por aquellos días teníamos las rutas cortadas por las máquinas camperas y las 4x4; hoy la Plaza Independencia tucumana está cercada por tractores que, como dijo Eduardo Barcesat, son vehículos cuya mayor similitud es con un tanque.
Vienen desde las PASO. Porque, entendamos, desde el mismísimo 9 de agosto, la operación ya no tiene más como blanco a CFK. Van por legitimidad del próximo gobierno, si es del sello que a ellos se les ha vuelto pesadilla. Quieren -si gana- un Daniel Scioli limado y deslegitimidad y sospecha de ilegalidad del triunfo desde el minuto cero.
Muchos ya conocen mi teoría del cuchillo y la piedra pómez aplicada a los medios de comunicación. No me gano un Doctorado con esto. Pero es tan visual que ayuda a que todo el mundo entienda. Sencillita, la cosa es más o menos así: en las notas periodísticas se adjetiva, se editorializa. Que es autoritaria, pedante, stalinista, fascista, fachoprogresista, hipócrita y así… con ese siempre tan moderado tono van calificando a la Presidenta. Que el hijo y una ex ministra tienen cuentas que no tienen, que un ministro gana lo que no gana o que la que habla tenía dólares que nunca tuvo. Esa es la herida con cuchillo afilado. Va directo, se ve, se palpa, se observa, se nota y es, básicamente, pasible de ser circunscripta.
Lo peligroso es lo otro: el laburito de esmerilar. Aparece sutil, con medio dato. Verosímil éste, o veraz, o cierto. Medio dato. De él se agarran. Ahí se afirman para empezar. Y arrancan: que una sugerencia al pasar, que un comentario de un dirigente en algún programa de cable de un canal en particular, que la puesta en título de ese textual en el diario del día siguiente, que una pregunta sobre la temática en otro espacio del mismo canal, que un informe son testimonios individuales (la parte) que reemplazan a lo general (el todo), que le pedimos notas sobre la temática a firmas con cierto peso, por ejemplo “La fabricación del resultado electoral”, por la politóloga –radical ella, dato que no nos dan- Liliana De Riz, en las páginas de opinión; que una nota de uno de los más abyectos “El fantasma de la trampa en la elección presidencial”, en las otras páginas de opinión del otro diario que juega en esta operación; que una gran crónica con el título rataplán de “El gobierno busca neutralizar el pedido de transparencia electoral”. Escenario construido. Diagnóstico instalado. Y entonces llega momento propuesta: la invalidación a futuro de determinado resultado electoral que aún ni siquiera sucedió. Y para variar, el que pone la pluma es el siempre dispuesto a colaborar con toda posibilidad de debilitamiento de un proceso popular.
“¿Y si Zamora es presidente?”, tituló su nota del 13 de septiembre. Y esto sugería Joaquín Morales Solá: “Envuelto en la sospecha y el descrédito, el viejo sistema electoral podría dejar a los argentinos sin un presidente nuevo el 10 de diciembre. Habrá un presidente electo, pero nadie sabe ahora cuándo estará en condiciones de asumir. La estrechísima diferencia que señalaría un triunfo en primera vuelta o la necesidad de una segunda ronda abrirían un período de alta conflictividad política y electoral”. Temerario comentario que suena a propuesta, a proclama. Y sigue: “Así como Scioli es el candidato más votado en las mediciones de primera vuelta, Macri lo es en las encuestas sobre el ballottage. ¿Qué sucedería si cualquiera que saliera segundo planteara la necesidad del escrutinio definitivo o la revisión de muchas urnas en todo el país para aceptar su derrota? ¿Cuándo los argentinos (y el próximo presidente) sabrán quién ganó definitivamente? Un cuadro de extrema conflictividad podría llevar la definición hasta más allá del 10 de diciembre.
Cristina Kirchner y Amado Boudou deberán irse el 10 de diciembre, pase lo que pase. La única alternativa posible sería que Cristina le entregara el gobierno al presidente provisional del Senado, el radical K Gerardo Zamora, uno de los peores líderes feudales del país, hasta que la Justicia proclame al nuevo presidente. Una fuente inmejorable de la justicia electoral, consultada sobre la posibilidad de que Zamora termine siendo presidente provisional del país, contestó con una frase corta, seca: ‘No es imposible y ni siquiera improbable. Todo dependerá del grado de los litigios políticos y judiciales’”. Este jueves 17, el mismo escriba, fue por más, ya con ese fallo tan 16 de septiembre en sus manos: “El oficialismo ha quedado en Tucumán en el peor de los mundos (…) Podría ser un caso aislado en el turbulento norte argentino, pero no lo será nunca cuando faltan apenas 40 días para las elecciones que señalarán quién será el próximo presidente de la Nación”.
Imprudente fin de nota le podríamos decir si a él le importara algo la responsabilidad de lo escrito en un medio sobre el acontecer democrático. Pero no podemos perder el tiempo. Ya sabemos lo que él piensa del sistema.
Y la costurita la terminan con notitas al pasar: En Misiones, en las PASO, el FPV ganó por 40 puntos de diferencia. Sin embargo, el diputado de la UCR Luis Pastori denunció un intento de fraude para octubre. “Están ocurriendo hechos que confirman el clima fraudulento”, dijo en ese tono de nada, vaguedades e instalación de sospechas que de tan difuso es tan complicado de combatir. Porque es como el humo, se cuela. Porque es humo, pero nubla la vista. “En Chaco, la oposición volvió a denunciar irregularidades”, publican hoy. 60/40, 70/30 les va a salir, pero en lugar de aceptar la voluntad popular recurrirán al gritito histérico y al PJ, o sea, al Partido Judicial. Ganaron en Córdoba; ni pío hemos dicho. Una década completa de menemato nos fumamos y nunca jamás gritamos “fraude”, porque el problema siempre es político y no de mecanismo electoral. Ni esa la saben jugar limpia.
Sucios como papa andan. Fernando Niembro (que es Macri) imputado por la posibilidad de haber lavado guita pública; el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que clausura un galpón donde se guardan los móviles de un canal de cable que no les simpatiza por supuestas irregularidades en la habilitación. Sin que medie ninguna modificación de nada en el estacionamiento, ese mismo gobierno de la ciudad desclausura el sitio. Leí por ahí que parece que el Muro de Clarín llega hasta la puerta de C5N y no es un disparate. Primero porque es la Agencia gubernamental de Control a cargo del ex carapintada Juan José Gómez Centurión la encargada tanto de decidir la clausura como de no tirar abajo el paredón y segundo, porque son los que decían que TN podía desaparecer los que ni se inmutan (y aplauden o justifican) ante la puesta de obstáculos a otro canal de noticias. Y el juez Carlos Fayt la corona: él avisa que renuncia, pero el 11 de diciembre, cosa de llegar a fin de año con todo bien, bien, enredado.
Todo este panorama es temerario. De aventureros. Pero lo que más me impactó de la semana fueron dos aspectos de todo esto. Por un lado, la profunda, despreciable, ruin, indigna y descarada falta de respeto por ciertos votantes. Hubo cajas PAN en la Argentina y no fue lo mejor, pero eso no hizo despreciable a quienes las recibieron. ¿Realmente en nuestra política hay dirigentes que creen que por dos kilos de papa, cuatro paquetes de arroz y un par de zapatillas un ser humano, un padre, una madre, un joven que vota por primera vez emitirá su sufragio referenciado sólo en ese paquete de productos? ¿Es en serio que piensan eso? Si es así y acaso les importa, sepan que tienen todo mi desprecio. Así como la posesión de pocos recursos no es sinónimo de delincuencia tampoco lo es de indignidad. Sépanlo. Los desprecio a quienes piensan eso. Por ignorantes, por soberbios, y por elitistas.
Lo otro que llamó mi atención fue que quienes barrenan la política y que no la nadan, estaban convencidos que “los K” estaban ocupados operando contra Niembro. Se les cayó rápido esa certeza. Encima, sobre sus cabezas. Y quedaron con la mandíbula por el piso cuando se dieron cuenta que la “operación” estaba apuntando a lograr que 136 países de las Naciones Unidas contra 6 votaran a favor de la patriada más grande que un Estado ha dado en un intento por ser soberano y pelearles de igual a igual a los poderosos.
Señores que desprecio: sepan que quizás sea por cosas como éstas que quienes aceptan ayudas del Estado que está ahí para protegerlos luego terminan votando como lo hacen. Sepan que quizás a ésos que menos tienen los pone orgullosos que su celeste y blanca esté dando batalla contra los que en el mundo se quedan con lo que a ellos les corresponde. Sepan que tal vez valoran que día a día y pasito a pasito se tire de la cuerda para volver al fifty- fifty.
Señores que desprecio: ustedes no son ni tan honestos ni tan republicanos. Ya quemaron todas las naves.
Y no quiero reiterarme, pero voy a terminar estas palabras como lo hice hace poquito. Esta pelea va por los que aún falta subir al tren, por los que quedaron en el camino, por los despreciados por no tener más de eso material que para ellos es igual a conciencia. Pero sobre todo, el voto y la batalla que se viene es, sepámoslo, en defensa propia.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Programa SF 174 - Juan Carlos Bayarri - 12 de Septiembre de 2015
La papa en la Boca
Por Mariana Moyano
Editorial SF del 16 de Mayo de 2015.
“Sucia como una papa”, fue la descripción. Cortita, contundente y clara. La entiende el politólogo sueco que escribe su tesis de posgrado sobre la Argentina y que fuera tan protagonista de algunas columnas de Mario Wainfeld y también el don y la doña de la esquina. El autor de la perfecta metáfora no fue otro que el mejor esgrimista verbal que tiene el oficialismo y le fue dedicada a la blonda y fabuladora diputada nacional. Pero le va de perillas al jefe comunal que quiere ser Presidente, a ese que gracias a papá abrió la Boca, a ese que gracias a Boca alguno lo pudo tomar en serio, a ese que, incluso con la papa en la boca, armó la estructura necesaria para seguir dominando los hilos de Boca.
El del bigote más icónico del gobierno nacional, a éste, al que marketineramente se sacó el bigote, le dice de otro modo: “conejo negro”, le puso. “Porque ni los magos lo hacen trabajar”, dice. Pero le va lo de la papa, porque está sucio.
Sucio porque protagoniza y protagonizó hechos confusos y sobre los que pocos preguntan porque lo necesitan lavadito. Porque no tiene palabra clara para tragedias que se parecen demasiado a negligencia, en algunos casos, y en auto atentado y ocultamiento en la mayoría. Porque lo roza -y, si no lo taparan tanto, se vería con claridad el mecanismo- el manto de “yo no sé nada” sobre Beara. Porque se desviste y deja ver su xenofobia en su “Se enojan cuando uno va y los clausura” como toda explicación para el doble incendio intencional del taller de costura clandestino en el cual murieron Rodrigo y Rolando Mur, los dos nenitos calcinados, abrazados a su perro. Porque es aterrador su silencio frente al fuego de Iron Mountain, que consumió 5000 cajas de pruebas de evasión de sus amigos y socios de poderosísimas empresas que lo cuidan para llevarlo a la Rosada. Porque está procesadísimo, pero como lo ateflonan se puede hacer el gil. Puede hacerse el sonso tanto sobre el actual procesamiento como sobre aquel del 22 de enero de 2001 en que fue indicado como partícipe de contrabando agravado. Una Sala de la Cámara de Casación hizo un disparate jurídico: utilizó un régimen nuevo para un delito ya cometido y así salvó a Franco y a Mauricio Macri de una segura condena. Fue precisamente aquella salvación del actual líder PRO -de este jefe comunal que quiere ser Presidente, éste de la papa en la boca, el mismo que creó la estructura actual de Boca- la que hizo volar por el aire a la Corte menemista. Entre los cargos por los cuales se destituyó a Antonio Boggiano y a Eduardo Moliné O´Connor estuvo la obstrucción del proceso legal respecto de la investigación por presunto contrabando, por causar daños al Estado Nacional y por beneficiar al grupo económico de Franco y de Mauricio, que es Macri.
En este imbricado momento histórico, las propaladoras del discurso del poder real son al mismo tiempo, las constructoras de ese relato. Algo así como ser autor intelectual y, a la vez, narrador del delito pero que es presentado como cometido por un autor material externo estructura pergeñada por quien lo ideó.
Estas propagadoras de poder real lo quieren (lo necesitan, mejor dicho) de candidato ahora y de Presidente después. Le borran la UCEP, esa maquinaria de levantar pobres que no tienen más que la calle y sólo por eso, tortura y palo y rótulo de delincuente. Deslizan sobre un terreno borroneado a las Taser picaneadoras con las que el ingeniero quería dotar a la Policía Metropolitana, una fuerza constituida desde el bajo fondo de lo peor de la Federal, eso de lo que el Estado Nacional quiso deshacerse. Le quitan contacto con una estructura de poder policial y de seguridad casi paralela que Macri construyó para la ciudad, pero que tiene su núcleo de origen no en las decisiones de la vida público-política del actual jefe de gobierno sino en lo que fuese su trampolín: el club de la Rivera.
El procesado Jorge “El fino” Palacios está en el nudo del ovillo de una trama que se extiende desde el supuesto secuestro de Mauricio Macri a la brutal actualidad de la muerte de Alberto Nisman y el encubrimiento del atentado a la AMIA.
“Yo, al Fino Palacios no lo conozco porque participó en el secuestro mío o de mi hermana. Lo conozco desde 2002, cuando le pedí a Eugenio Burzaco (entonces jefe de la Policía Metropolitana) que consulte a los servicios de inteligencia (¡extranjeros!) sobre el mejor elemento de la policía”, escribe textual sobre dichos de Macri en su página de internet el periodista Walter Goobar. “En ese momento –continúa Goobarr- Macri preparaba su proyecto para desembarcar en la ciudad y ya promocionaba en su campaña la creación de una policía. Entre su secuestro en 1991 y su candidatura en 2002 había transcurrido más de una década, lo que excede cualquier margen de error involuntario. Según esta nueva versión, el Fino Palacios entró a la vida de Macri tan sólo en 2002, cuando perdió el balotaje contra Aníbal Ibarra. En 2002, Palacios aún revistaba en la Federal, de donde fue dado de baja en 2004, al conocerse su relación con Jorge Sagorsky, un reducidor de autos, quien luego fue condenado a seis años y seis meses de prisión por el secuestro y asesinato de Axel Blumberg”.
“Ante 40 dirigentes judíos Macri lanzó la nueva versión sobre su relación con el ex comisario caído en desgracia. ‘Perdí la elección y hubo un problema en Boca con los barrabravas y lo llamé a Eugenio y le dije por qué no lo probamos a Palacios’, explicó Macri. En 2004 Palacios seguía contando con buenos contactos con la DEA y la CIA a partir de su trabajo en la Triple Frontera y decidió aliarse con el enemigo del que lo había echado, y por eso aceptó convertirse en jefe de seguridad de Boca Juniors”. Cuando llegó al cargo de jefe de la ciudad, Macri no pudo aclarar las verdaderas razones para nombrar a Palacios, sobre todo porque éste ya estaba acusado de encubrimiento por el atentado a la AMIA junto con Carlos y Munir Menem, el ex juez Juan José Galeano y el ex jefe de la SIDE Hugo Anzorreguy.
Todos estos nombres han reaparecido en la escena pública con la muerte de Nisman y los hemos mencionado una, y otra, y otra vez. Y, así, personajes que permanecían entre bambalinas tuvieron luz de frente. Como los fiscales de los paraguas entre quienes figuran Raúl Pleé y Carlos Stornelli. Dos de los miembros de esa estructura paralela que Mauricio Macri armó casi como un mecanismo de seguridad multifunción y poli rubro: privado y público; de Boca a la Metropolitana.
Raúl Pleé es el Fiscal de la Cámara de Casación, es decir, la última instancia de los mortales locales antes de la Corte Suprema. En diciembre de 2000 fue él quien dictaminó en favor de que se rechace el recurso que presentó el Gobierno de Fernando de la Rúa para que la Justicia revise el fallo de los 20 condenados por el ataque al cuartel de La Tablada. Para Pleé no había “peligro de sanción internacional" a la Argentina. Claro, según él no iba a ocurrir lo que sucedió: que la Corte Interamericana de DDHH sentenció que el Estado Nacional había faltado a su obligación de investigar de “manera exhaustiva, imparcial y concluyente” la ejecución de José Alejandro Díaz e Iván Ruiz, investigación que habían llevado adelante (mal, a la vista de la máxima instancia de DDHH de América) Nisman, Sebastián Blanco Bermúdez (actual abogado de Stiuso) y él.
El periodista gallego Jon Sistiaga hizo para Canal Plus unos especiales sobre violencia en el fútbol. Y en el césped del campo de juego con las populares y plateas completas, a minutos de inicio de un partido, el reportero entrevista a un hombre que livianamente se presenta como “segundo jefe de seguridad de Boca”, alguien de quien Sistiaga dicen “echa una mano a su equipo los fines de semana, los días que no trabaja como fiscal”. Se trata del mismísimo Pleé, quien definió el accionar del jefe de la barra brava Mauro Martín como la de un “organizador”. “Ellos tienen una marca y con la marca La 12, comercializan y así financian sus viajes. Mauro es un organizador, sólo un socio con preminencia, pero no es el jefe de ninguna barra brava”, fue la impactante descripción del fiscal. Puede que a Heidi esta explicación la convenza. Sobre todo después del baño de ácido del jueves, día en el cual puse en duda aquello del Diego de que “la pelota no se mancha”. Porque me parece que sí, que se la enlodaron y que quedó sucia, porque hay sucios, sucios como papa.
Otro protagonista del aparato Macri/Boca es Carlos Stornelli. El vínculo de Stornelli con el barra Di Zeo es conocido y ya casi naturalizado. Stornelli siguió hasta hace poco como jefe de seguridad de Boca, incluso luego de una denuncia que –por este hábil poli rubro judicial/deportivo/policial/político que han sabido crear- se embrollara y quedara en esos atolladeros que tanto les gustan a muchos fiscales, a esos de la f de fuero federal.
El actual jefe de seguridad de Boca es Claudio Lucione, un ex comisario de la séptima y de la 17, echado por la entonces Ministra de Seguridad Nilda Garré; que fuera también delegado en Lomas de Zamora con estrecha ligazón con algunos de la feria de La Salada, denunciado por La Alameda por vínculos con algunos truchos de la ropa y que, llamativamente, estaba presente junto a Stornelli cuando se presentó públicamente el botón antipánico para la zona de Recoleta luego de que este barrio apareciera como territorio libre para las entraderas. Misteriosa y eficientemente, esta modalidad de robo desapareció de las primeras planas. Y al rato, no más, Lucione pasó a ser el encargado de la seguridad del club que preside Daniel Angelici.
Nada es muy claro si se mira con Lupa el presente y el pasado del intendente que –como otro lo hizo ya- quiere cruzar la Playa de Mayo y pasar de la jefatura de gobierno a la Rosada.
Mauricio Macri saltó a la boca de todos en 1991, cuando se conoció la información de que a punto de llegar a su casa de la calle Tagle fue secuestrado. Se trató todo de una situación tan increíblemente irregular que cualquiera que conoce los detalles no tiene más alternativas que hacerse molestas e incómodas preguntas, cuyas respuestas no dejan bien parado al jefe PRO.
“¿Cómo una persona que pasa 14 días en una habitación muy reducida bajo tierra y sin ventilación presenta ese aspecto vital que presentó Mauricio Macri, a quien además se lo notaba seguro y tranquilo? (…) Si bien aseguró que fue liberado en Lomas de Zamora y allí tomó un taxi de alguna de las paradas existentes, entre los 14 que se encontraban de guardia en ese momento, ninguno de ellos se identificó como el que lo llevó hasta Florida y Paraguay donde se reencontró con su hermano Gianfranco. ¿Por qué no fue directamente con el taxi a la casa de algún familiar o amigo, si no estaba dispuesto a enfrentar a la prensa de guardia frente a la residencia de su padre? ¿Por qué el miércoles hubo un festejo en Eduardo Costa 3030 si lo liberaron a la madrugada del viernes? ¿Por qué entró en la casa de incógnito, cuando el reencuentro con la libertad era motivo de euforia lógica y propia?”, se preguntaba la revista Noticias en su edición del 8 de septiembre de 1991.
“Una historia por contarse” fue el título de la nota de Clarín del 21 de noviembre de 1991 y escribieron en esa crónica: “Alfred Hitchcock no hubiese tenido que esforzarse demasiado para escribir otra gran obra de suspenso si hubiese estado en la Argentina durante los pasados meses de agosto y setiembre. Es que la historia del secuestro de Mauricio Macri, la angustiosa espera y el feliz desenlace respondieron en todo a los requerimientos del género. Aún hoy a tres meses del hecho, la opinión pública guarda para sí una sensación de sospecha acerca de lo que realmente sucedió” (…)
“Mientras el oficialismo atribuía la liberación a la presión ejercida por la Policía, Francisco Macri vinculaba el feliz desenlace a la estabilidad económica lograda por la administración Menem, todo esto a pocas horas de las elecciones. Desde entonces siguieron flotando una cuantas dudas sobre el episodio. Mauricio contó una y otra vez los detalles de su cautiverio y se presentó a declarar ante la Justicia en dos oportunidades. También aparecieron algunas contradicciones en sus declaraciones –acerca del lugar en que fue dejado en libertad, por ejemplo- y varias curiosidades, como su excelente estado, a pesar de los días de cautiverio ‘en un sótano’, según él mismo dijo”.
Todos estos interrogantes no pudieron ser respondidos, pero nadie alzó la voz. Era un año electoral y el menemismo y sus socios se caracterizaron por instalar el siga-siga futbolístico en la vida cotidiana. El menemato ya estaba construyendo su andamiaje legal, económico y cultural y ninguno de los beneficiarios podía poner esos beneficios en riesgo.
Casi nadie conoce a Juan Carlos Bayarri. Cuenta el abogado Rodolfo Yanzón, un histórico abogado patrocinante en juicios de lesa humanidad, que “Conocí a Bayarri caminando los pasillos de los tribunales federales.(…) Este ex suboficial de la Policía Federal Argentina –que se retiró de la fuerza con el grado de sargento primero- es verborrágico a la hora de contar las peripecias que lo tuvieron como involuntario protagonista, que describen bastante la promiscua relación entre jueces y policías, el grado de corrupción, criminalidad y complicidad que se desprende de sus acciones y que sus legajos encubren. Este ex suboficial habla con orgullo de los momentos que vivió como custodio del Presidente Salvador Allende, cuando estuvo en Buenos Aires para la asunción de Héctor Cámpora
“Bayarri fue una de las víctimas de la institución, integrándola y también del aparato judicial, que la encubre.(…) Fue arbitrariamente detenido por policías que luego lo torturaron en uno de los lugares que fue centro clandestino de detención durante la última dictadura (…), el Olimpo. “La complicidad de miembros del Poder Judicial de la Nación hizo posible que el cautiverio de Bayarri se prolongara durante 13 largos y penosos años. (…)
“El 18 de noviembre de 1991 comenzó el calvario de Bayarri. Involucrado en el secuestro de Mauricio Macri, lo acusaron de pertenecer a la ‘banda de los comisarios’. (…) En 1994, al no obtener respuesta del Estado Argentino, Bayarri presentó denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
“Todo ocurría en medio de versiones sobre un auto secuestro, con la ayudita de comisarios de PFA –algunos terminaron socios de Macri en el armado de su ‘policía de seguridad’- como Vicente Palo –defendido por un abogado de la PFA, como si se tratara de un acto de servicio- y Carlos Sablich –que tuvo entre sus abogados a Ricardo Saint Jean, de la autodenominada Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, que aboga por la libertad de los militares que participaron en crímenes de lesa humanidad. El primer jefe de la Policía Metropolitana, el Fino Palacios, fue asiduo visitante de los policías implicados mientras estuvieron privados de libertad por estos hechos. (…)
En 2004, la Cámara Federal absolvió a Bayarri por los crímenes por los que estuvo detenido arbitrariamente. El 30 de octubre de 2008 la Corte Interamericana dictó sentencia dándole la razón y constatando que había sido víctima de torturas por parte de agentes policiales”.
El Tribunal Oral N° 19, compuesto por Horacio Barberis, Raúl Llanos y Alberto Ravazzoli en la causa caratulada "privación ilegal de la libertad agravada y tormentos", en perjuicio de Bayarri y su padre, Juan José, ya fallecido, condenó en 2014 a los ex comisarios de Federal, Sablich y Carlos Jacinto Gutiérrez a 16 años de cárcel por torturar a dos policías de la fuerza para que confesaran haber participado en el secuestro de Macri. En tanto, el ex secretario judicial Albano Larrea obtuvo una pena de 3 años por encubrimiento y fueron absueltos Alberto Alejandro Armentano, por el beneficio de la duda, y Julio Roberto Ontivero, por falta de pruebas.
Ontivero es primo de Carlos Ontivero, una especie de secretario y mano derecha del Fino Palacios. Fue jefe de Ciro James en la Policía Metropolitana. Por esas casualidades extrañas que rodean la vida del jefe de gobierno, Julio Roberto Ontivero era jefe de Triple Frontera en momentos en que se armó contra Bayarri una causa por falso testimonio. El testigo clave fue un hombre de apellido Leguía, casualmente, un informante del Fino Palacios. Éste hombre declaró y responsabilizó a Bayarri ante el entonces juez Horacio Gallardo, un magistrado con jurisdicción en Misiones. Este mismo juez, junto con su colega José Luis Rey, fueron los que autorizaron las escuchas ilegales que involucraron a James, que hicieron saltar por los aires el cargo de Palacios y que llevaron al procesamiento de Macri. Gallardo murió destituido y Rey pasó a la fama como el juez prófugo.
Las historias de Bayarri, el fino Palacios y Macri volvieron a cruzarse en esa Misiones tan asociada a la tierra colorada a los yerbatales, provincia en la cual el jefe de gobierno en sociedad comercial con Enrique Nosiglia y Ramón Puerta hizo más grande su fortuna. Ese no es suelo de tubérculos y no es a eso a lo que se dedica el jefe PRO, pero pese a que comercialice otro producto, a veces cosecha lo que siembra y tal vez sea por eso que estos días se notó que andaba demasiado cerca de la mugre. Puede que sea porque está sucio, sucio como papa.
Por Mariana Moyano
Editorial SF del 16 de Mayo de 2015.
“Sucia como una papa”, fue la descripción. Cortita, contundente y clara. La entiende el politólogo sueco que escribe su tesis de posgrado sobre la Argentina y que fuera tan protagonista de algunas columnas de Mario Wainfeld y también el don y la doña de la esquina. El autor de la perfecta metáfora no fue otro que el mejor esgrimista verbal que tiene el oficialismo y le fue dedicada a la blonda y fabuladora diputada nacional. Pero le va de perillas al jefe comunal que quiere ser Presidente, a ese que gracias a papá abrió la Boca, a ese que gracias a Boca alguno lo pudo tomar en serio, a ese que, incluso con la papa en la boca, armó la estructura necesaria para seguir dominando los hilos de Boca.
El del bigote más icónico del gobierno nacional, a éste, al que marketineramente se sacó el bigote, le dice de otro modo: “conejo negro”, le puso. “Porque ni los magos lo hacen trabajar”, dice. Pero le va lo de la papa, porque está sucio.
Sucio porque protagoniza y protagonizó hechos confusos y sobre los que pocos preguntan porque lo necesitan lavadito. Porque no tiene palabra clara para tragedias que se parecen demasiado a negligencia, en algunos casos, y en auto atentado y ocultamiento en la mayoría. Porque lo roza -y, si no lo taparan tanto, se vería con claridad el mecanismo- el manto de “yo no sé nada” sobre Beara. Porque se desviste y deja ver su xenofobia en su “Se enojan cuando uno va y los clausura” como toda explicación para el doble incendio intencional del taller de costura clandestino en el cual murieron Rodrigo y Rolando Mur, los dos nenitos calcinados, abrazados a su perro. Porque es aterrador su silencio frente al fuego de Iron Mountain, que consumió 5000 cajas de pruebas de evasión de sus amigos y socios de poderosísimas empresas que lo cuidan para llevarlo a la Rosada. Porque está procesadísimo, pero como lo ateflonan se puede hacer el gil. Puede hacerse el sonso tanto sobre el actual procesamiento como sobre aquel del 22 de enero de 2001 en que fue indicado como partícipe de contrabando agravado. Una Sala de la Cámara de Casación hizo un disparate jurídico: utilizó un régimen nuevo para un delito ya cometido y así salvó a Franco y a Mauricio Macri de una segura condena. Fue precisamente aquella salvación del actual líder PRO -de este jefe comunal que quiere ser Presidente, éste de la papa en la boca, el mismo que creó la estructura actual de Boca- la que hizo volar por el aire a la Corte menemista. Entre los cargos por los cuales se destituyó a Antonio Boggiano y a Eduardo Moliné O´Connor estuvo la obstrucción del proceso legal respecto de la investigación por presunto contrabando, por causar daños al Estado Nacional y por beneficiar al grupo económico de Franco y de Mauricio, que es Macri.
En este imbricado momento histórico, las propaladoras del discurso del poder real son al mismo tiempo, las constructoras de ese relato. Algo así como ser autor intelectual y, a la vez, narrador del delito pero que es presentado como cometido por un autor material externo estructura pergeñada por quien lo ideó.
Estas propagadoras de poder real lo quieren (lo necesitan, mejor dicho) de candidato ahora y de Presidente después. Le borran la UCEP, esa maquinaria de levantar pobres que no tienen más que la calle y sólo por eso, tortura y palo y rótulo de delincuente. Deslizan sobre un terreno borroneado a las Taser picaneadoras con las que el ingeniero quería dotar a la Policía Metropolitana, una fuerza constituida desde el bajo fondo de lo peor de la Federal, eso de lo que el Estado Nacional quiso deshacerse. Le quitan contacto con una estructura de poder policial y de seguridad casi paralela que Macri construyó para la ciudad, pero que tiene su núcleo de origen no en las decisiones de la vida público-política del actual jefe de gobierno sino en lo que fuese su trampolín: el club de la Rivera.
El procesado Jorge “El fino” Palacios está en el nudo del ovillo de una trama que se extiende desde el supuesto secuestro de Mauricio Macri a la brutal actualidad de la muerte de Alberto Nisman y el encubrimiento del atentado a la AMIA.
“Yo, al Fino Palacios no lo conozco porque participó en el secuestro mío o de mi hermana. Lo conozco desde 2002, cuando le pedí a Eugenio Burzaco (entonces jefe de la Policía Metropolitana) que consulte a los servicios de inteligencia (¡extranjeros!) sobre el mejor elemento de la policía”, escribe textual sobre dichos de Macri en su página de internet el periodista Walter Goobar. “En ese momento –continúa Goobarr- Macri preparaba su proyecto para desembarcar en la ciudad y ya promocionaba en su campaña la creación de una policía. Entre su secuestro en 1991 y su candidatura en 2002 había transcurrido más de una década, lo que excede cualquier margen de error involuntario. Según esta nueva versión, el Fino Palacios entró a la vida de Macri tan sólo en 2002, cuando perdió el balotaje contra Aníbal Ibarra. En 2002, Palacios aún revistaba en la Federal, de donde fue dado de baja en 2004, al conocerse su relación con Jorge Sagorsky, un reducidor de autos, quien luego fue condenado a seis años y seis meses de prisión por el secuestro y asesinato de Axel Blumberg”.
“Ante 40 dirigentes judíos Macri lanzó la nueva versión sobre su relación con el ex comisario caído en desgracia. ‘Perdí la elección y hubo un problema en Boca con los barrabravas y lo llamé a Eugenio y le dije por qué no lo probamos a Palacios’, explicó Macri. En 2004 Palacios seguía contando con buenos contactos con la DEA y la CIA a partir de su trabajo en la Triple Frontera y decidió aliarse con el enemigo del que lo había echado, y por eso aceptó convertirse en jefe de seguridad de Boca Juniors”. Cuando llegó al cargo de jefe de la ciudad, Macri no pudo aclarar las verdaderas razones para nombrar a Palacios, sobre todo porque éste ya estaba acusado de encubrimiento por el atentado a la AMIA junto con Carlos y Munir Menem, el ex juez Juan José Galeano y el ex jefe de la SIDE Hugo Anzorreguy.
Todos estos nombres han reaparecido en la escena pública con la muerte de Nisman y los hemos mencionado una, y otra, y otra vez. Y, así, personajes que permanecían entre bambalinas tuvieron luz de frente. Como los fiscales de los paraguas entre quienes figuran Raúl Pleé y Carlos Stornelli. Dos de los miembros de esa estructura paralela que Mauricio Macri armó casi como un mecanismo de seguridad multifunción y poli rubro: privado y público; de Boca a la Metropolitana.
Raúl Pleé es el Fiscal de la Cámara de Casación, es decir, la última instancia de los mortales locales antes de la Corte Suprema. En diciembre de 2000 fue él quien dictaminó en favor de que se rechace el recurso que presentó el Gobierno de Fernando de la Rúa para que la Justicia revise el fallo de los 20 condenados por el ataque al cuartel de La Tablada. Para Pleé no había “peligro de sanción internacional" a la Argentina. Claro, según él no iba a ocurrir lo que sucedió: que la Corte Interamericana de DDHH sentenció que el Estado Nacional había faltado a su obligación de investigar de “manera exhaustiva, imparcial y concluyente” la ejecución de José Alejandro Díaz e Iván Ruiz, investigación que habían llevado adelante (mal, a la vista de la máxima instancia de DDHH de América) Nisman, Sebastián Blanco Bermúdez (actual abogado de Stiuso) y él.
El periodista gallego Jon Sistiaga hizo para Canal Plus unos especiales sobre violencia en el fútbol. Y en el césped del campo de juego con las populares y plateas completas, a minutos de inicio de un partido, el reportero entrevista a un hombre que livianamente se presenta como “segundo jefe de seguridad de Boca”, alguien de quien Sistiaga dicen “echa una mano a su equipo los fines de semana, los días que no trabaja como fiscal”. Se trata del mismísimo Pleé, quien definió el accionar del jefe de la barra brava Mauro Martín como la de un “organizador”. “Ellos tienen una marca y con la marca La 12, comercializan y así financian sus viajes. Mauro es un organizador, sólo un socio con preminencia, pero no es el jefe de ninguna barra brava”, fue la impactante descripción del fiscal. Puede que a Heidi esta explicación la convenza. Sobre todo después del baño de ácido del jueves, día en el cual puse en duda aquello del Diego de que “la pelota no se mancha”. Porque me parece que sí, que se la enlodaron y que quedó sucia, porque hay sucios, sucios como papa.
Otro protagonista del aparato Macri/Boca es Carlos Stornelli. El vínculo de Stornelli con el barra Di Zeo es conocido y ya casi naturalizado. Stornelli siguió hasta hace poco como jefe de seguridad de Boca, incluso luego de una denuncia que –por este hábil poli rubro judicial/deportivo/policial/político que han sabido crear- se embrollara y quedara en esos atolladeros que tanto les gustan a muchos fiscales, a esos de la f de fuero federal.
El actual jefe de seguridad de Boca es Claudio Lucione, un ex comisario de la séptima y de la 17, echado por la entonces Ministra de Seguridad Nilda Garré; que fuera también delegado en Lomas de Zamora con estrecha ligazón con algunos de la feria de La Salada, denunciado por La Alameda por vínculos con algunos truchos de la ropa y que, llamativamente, estaba presente junto a Stornelli cuando se presentó públicamente el botón antipánico para la zona de Recoleta luego de que este barrio apareciera como territorio libre para las entraderas. Misteriosa y eficientemente, esta modalidad de robo desapareció de las primeras planas. Y al rato, no más, Lucione pasó a ser el encargado de la seguridad del club que preside Daniel Angelici.
Nada es muy claro si se mira con Lupa el presente y el pasado del intendente que –como otro lo hizo ya- quiere cruzar la Playa de Mayo y pasar de la jefatura de gobierno a la Rosada.
Mauricio Macri saltó a la boca de todos en 1991, cuando se conoció la información de que a punto de llegar a su casa de la calle Tagle fue secuestrado. Se trató todo de una situación tan increíblemente irregular que cualquiera que conoce los detalles no tiene más alternativas que hacerse molestas e incómodas preguntas, cuyas respuestas no dejan bien parado al jefe PRO.
“¿Cómo una persona que pasa 14 días en una habitación muy reducida bajo tierra y sin ventilación presenta ese aspecto vital que presentó Mauricio Macri, a quien además se lo notaba seguro y tranquilo? (…) Si bien aseguró que fue liberado en Lomas de Zamora y allí tomó un taxi de alguna de las paradas existentes, entre los 14 que se encontraban de guardia en ese momento, ninguno de ellos se identificó como el que lo llevó hasta Florida y Paraguay donde se reencontró con su hermano Gianfranco. ¿Por qué no fue directamente con el taxi a la casa de algún familiar o amigo, si no estaba dispuesto a enfrentar a la prensa de guardia frente a la residencia de su padre? ¿Por qué el miércoles hubo un festejo en Eduardo Costa 3030 si lo liberaron a la madrugada del viernes? ¿Por qué entró en la casa de incógnito, cuando el reencuentro con la libertad era motivo de euforia lógica y propia?”, se preguntaba la revista Noticias en su edición del 8 de septiembre de 1991.
“Una historia por contarse” fue el título de la nota de Clarín del 21 de noviembre de 1991 y escribieron en esa crónica: “Alfred Hitchcock no hubiese tenido que esforzarse demasiado para escribir otra gran obra de suspenso si hubiese estado en la Argentina durante los pasados meses de agosto y setiembre. Es que la historia del secuestro de Mauricio Macri, la angustiosa espera y el feliz desenlace respondieron en todo a los requerimientos del género. Aún hoy a tres meses del hecho, la opinión pública guarda para sí una sensación de sospecha acerca de lo que realmente sucedió” (…)
“Mientras el oficialismo atribuía la liberación a la presión ejercida por la Policía, Francisco Macri vinculaba el feliz desenlace a la estabilidad económica lograda por la administración Menem, todo esto a pocas horas de las elecciones. Desde entonces siguieron flotando una cuantas dudas sobre el episodio. Mauricio contó una y otra vez los detalles de su cautiverio y se presentó a declarar ante la Justicia en dos oportunidades. También aparecieron algunas contradicciones en sus declaraciones –acerca del lugar en que fue dejado en libertad, por ejemplo- y varias curiosidades, como su excelente estado, a pesar de los días de cautiverio ‘en un sótano’, según él mismo dijo”.
Todos estos interrogantes no pudieron ser respondidos, pero nadie alzó la voz. Era un año electoral y el menemismo y sus socios se caracterizaron por instalar el siga-siga futbolístico en la vida cotidiana. El menemato ya estaba construyendo su andamiaje legal, económico y cultural y ninguno de los beneficiarios podía poner esos beneficios en riesgo.
Casi nadie conoce a Juan Carlos Bayarri. Cuenta el abogado Rodolfo Yanzón, un histórico abogado patrocinante en juicios de lesa humanidad, que “Conocí a Bayarri caminando los pasillos de los tribunales federales.(…) Este ex suboficial de la Policía Federal Argentina –que se retiró de la fuerza con el grado de sargento primero- es verborrágico a la hora de contar las peripecias que lo tuvieron como involuntario protagonista, que describen bastante la promiscua relación entre jueces y policías, el grado de corrupción, criminalidad y complicidad que se desprende de sus acciones y que sus legajos encubren. Este ex suboficial habla con orgullo de los momentos que vivió como custodio del Presidente Salvador Allende, cuando estuvo en Buenos Aires para la asunción de Héctor Cámpora
“Bayarri fue una de las víctimas de la institución, integrándola y también del aparato judicial, que la encubre.(…) Fue arbitrariamente detenido por policías que luego lo torturaron en uno de los lugares que fue centro clandestino de detención durante la última dictadura (…), el Olimpo. “La complicidad de miembros del Poder Judicial de la Nación hizo posible que el cautiverio de Bayarri se prolongara durante 13 largos y penosos años. (…)
“El 18 de noviembre de 1991 comenzó el calvario de Bayarri. Involucrado en el secuestro de Mauricio Macri, lo acusaron de pertenecer a la ‘banda de los comisarios’. (…) En 1994, al no obtener respuesta del Estado Argentino, Bayarri presentó denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
“Todo ocurría en medio de versiones sobre un auto secuestro, con la ayudita de comisarios de PFA –algunos terminaron socios de Macri en el armado de su ‘policía de seguridad’- como Vicente Palo –defendido por un abogado de la PFA, como si se tratara de un acto de servicio- y Carlos Sablich –que tuvo entre sus abogados a Ricardo Saint Jean, de la autodenominada Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, que aboga por la libertad de los militares que participaron en crímenes de lesa humanidad. El primer jefe de la Policía Metropolitana, el Fino Palacios, fue asiduo visitante de los policías implicados mientras estuvieron privados de libertad por estos hechos. (…)
En 2004, la Cámara Federal absolvió a Bayarri por los crímenes por los que estuvo detenido arbitrariamente. El 30 de octubre de 2008 la Corte Interamericana dictó sentencia dándole la razón y constatando que había sido víctima de torturas por parte de agentes policiales”.
El Tribunal Oral N° 19, compuesto por Horacio Barberis, Raúl Llanos y Alberto Ravazzoli en la causa caratulada "privación ilegal de la libertad agravada y tormentos", en perjuicio de Bayarri y su padre, Juan José, ya fallecido, condenó en 2014 a los ex comisarios de Federal, Sablich y Carlos Jacinto Gutiérrez a 16 años de cárcel por torturar a dos policías de la fuerza para que confesaran haber participado en el secuestro de Macri. En tanto, el ex secretario judicial Albano Larrea obtuvo una pena de 3 años por encubrimiento y fueron absueltos Alberto Alejandro Armentano, por el beneficio de la duda, y Julio Roberto Ontivero, por falta de pruebas.
Ontivero es primo de Carlos Ontivero, una especie de secretario y mano derecha del Fino Palacios. Fue jefe de Ciro James en la Policía Metropolitana. Por esas casualidades extrañas que rodean la vida del jefe de gobierno, Julio Roberto Ontivero era jefe de Triple Frontera en momentos en que se armó contra Bayarri una causa por falso testimonio. El testigo clave fue un hombre de apellido Leguía, casualmente, un informante del Fino Palacios. Éste hombre declaró y responsabilizó a Bayarri ante el entonces juez Horacio Gallardo, un magistrado con jurisdicción en Misiones. Este mismo juez, junto con su colega José Luis Rey, fueron los que autorizaron las escuchas ilegales que involucraron a James, que hicieron saltar por los aires el cargo de Palacios y que llevaron al procesamiento de Macri. Gallardo murió destituido y Rey pasó a la fama como el juez prófugo.
Las historias de Bayarri, el fino Palacios y Macri volvieron a cruzarse en esa Misiones tan asociada a la tierra colorada a los yerbatales, provincia en la cual el jefe de gobierno en sociedad comercial con Enrique Nosiglia y Ramón Puerta hizo más grande su fortuna. Ese no es suelo de tubérculos y no es a eso a lo que se dedica el jefe PRO, pero pese a que comercialice otro producto, a veces cosecha lo que siembra y tal vez sea por eso que estos días se notó que andaba demasiado cerca de la mugre. Puede que sea porque está sucio, sucio como papa.
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