lunes, 3 de agosto de 2015

Programa SF 169 - Matías Molle y Agustín D'Attellis - 1 de Agosto de 2015

Los cínicos.
por Mariana Moyano
Editorial SF del 1 de agosto de 2015
Fue una construcción cultural solidificada a fuerza de muerte, represión y tortura, primero. Después la cimentaron gracias a la creación de consenso: dólares que –supuestamente- valían nada y góndolas repletas de salmones, juguetes y vida importados armaron una Plaza del Sí y nos instalaron Miami como único horizonte posible.
Tiempo, discurso efectivo y una urdimbre argumental bien lanzada desde medios socios fue lo que necesitaron para que las medidas económicas fuesen, sobre todo, un plan de fabricación de ideas.
Y lo hicieron creer; lo instalaron como verdad. Así fue que los cientos de miles de hombres y mujeres que a mediados de los años noventa se quedaron con esa fuerte suma de dinero del retiro voluntario –que se esfumó en el intento de empezar de nuevo en un país que se iba a pique- quedaron convencidos de que el no poder recomenzar no estaba vinculado a un modelo que los excluía, sino que la razón era pura y exclusivamente una falla individual: incapacidad para la reconversión, falta de conocimientos de computación o no haber estudiado inglés.
Nada le funcionaba mejor a quienes nos querían derrotados que el aislamiento y nuestra sensación de fracaso individual. Nadie le cuenta a nadie la desazón, por vergüenza. Y nadie comenta con nadie la frustración, por bochorno. Solitos padeciendo: ése fue el triunfo de la guerra cultural. En casa viendo la tele, como nos extorsionaba el canal del solcito.
“Nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos. Nada grande se puede hacer con la tristeza”, escribió Arturo Jauretche y hoy es a veces un mantra esa frase. Nos tuvieron tristes y nos sentimos vencidos. Y no fue una casualidad. Estuvo premeditado para que no pudiéramos hacer nada grande. Nos anularon con la tristeza.
Los cínicos. Ellos nos lo hicieron. No los de la escuela cínica griega de los discípulos de Sócrates; de Antístenes y Diógenes de Sinope. Ellos no. Los que nos mintieron con descaro, con impudicia. Los que convencieron con la inmensa falsedad de que el desempleo era un resultado no deseado de un modelo que funcionaba bien salvo por ese “efecto colateral”. Quienes nos tabicaron para que no pudiésemos ver que la falta de trabajo no era una consecuencia no buscada sino, justamente, el objetivo.
Necesitaban ejércitos de hombres y mujeres dispuestos a ser esclavos. Temerosos. Competitivos con el de al lado. Que ése no fuera un otro/hermano sino un contrincante.
Nada mejor para estos cínicos que una milicia de derrotados y egoístas aislados uno del otro para que los trabajadores no estuvieran juntos y, por ende, no tuvieran poder. Nada más efectivo para ellos que un poder político acorralado. Nada más poderoso para poder manejarla que una democracia encadenada. Y el efecto perfecto de aquella cínica y perversa –y muy elaborada- construcción fue que la mayoría de los dirigentes políticos -supuestos guardianes de la democracia y la república de iguales- fueron, además de gerenciadores de las decisiones de los más poderosos, los mejores bufones de ellos para que una sociedad entera se riera y se burlase de la propia política.
Carlos Melconián, a quien no se le mueve ni un pelo del bigote al insistir con su supuesta asepsia económica al mismísimo tiempo en que uno le refresca su candidatura amarilla en el PRO; José Luis Espert, el autor de la memorable idea escrita en el diario La Nación acerca del “estatismo stalinista que nos regala casi a diario la pingüinera gobernante” y Miguel Ángel Broda, el así llamado gurú durante la década cínica, fueron protagonistas esta semana junto con Federico Sturzenegger por sincerar en encuentros privados lo que muchos sabemos y decimos que ellos piensan, desean y sostienen pero que sistemáticamente niegan. Por cínicos.
En la reunión con empresarios del Consejo Interamericano de Comercio y Producción, los tres voceros del más rancio poder económico habían bregado por la necesidad de un "Estado pequeño", la eliminación de lo que les gusta llamar “cepo” y “subsidios", de un “ajuste inexorable” y la muerte de las paritarias por considerarlas “fascistas”.
Sturzenegger, en tanto, se convirtió en otra involuntaria estrella al conocerse un video de una charla que brindó el 14 de abril de 2014 en la Universidad de Columbia, en la cual el actual diputado PRO cuenta cómo el asesor todoterreno Jaime Durán Barba le pide que no proponga nada. Porque “la gente no está particularmente preocupada por esas cosas. Así que no pierdas tu tiempo, eso no es relevante. No expliques nada. Si vos explicás qué es la inflación, vas a tener que explicar que tendrías que hacer un ajuste fiscal, y que si hacés un ajuste fiscal entonces la gente va a perder su trabajo y eso es lo que no queremos que digas. Cuando seas gobierno hacé lo que vos creas, pero no lo digas ahora en medio del debate. Sólo di que están mintiendo con la inflación. O decí cualquier cosa, hablá de tus hijos…”. Así cuenta –en un muy fluido inglés- el legislador y ex presidente del club de fans del Megacanje que el ecuatoriano le dijo.
Cínicos. Porque mienten, porque ocultan y porque con descaro niegan hasta la más evidente realidad. “Hay un video circulando donde estamos Broda, Espert y yo… no lo abras, es un virus”, twitteó Carlos Melconián a poco de conocida la grabación.
Una los escucha, los ve en acción, trabaja de desarmarles la trampa, de desmalezar su construcción y, así y todo, se sorprende. Por el descaro, por la impudicia, por la obscenidad pornográfica. “Acá no hay ideología, hay capitalismo”, fue la gran y memorable frase del bigotoso economista PRO. Al oírla, debo reconocer, cierta furia se apoderó de mi espina dorsal y cada vértebra logró crisparse.
No hay operación más ideológica que la de negar la ideología. Eso es tráfico ilegal de sentido, es venta inescrupulosa de un muy tramado y trabajado armazón de ideas. Parte del nudo de la operación es hablar con términos huecos. Pero sobre todo, consiste en vaciar las palabras más llenas de contenido y reemplazarlas con conceptos supuestamente inofensivos, esos que parecen no hacer ninguna mella, ni daño, ni rozar nuestras propias vidas. Así es como pueden decirle austeridad al ajuste, gasto a la inversión y, despectivamente, planes a las políticas de reparación de derechos.
Pueden hacerlo si nos aíslan, si nos mantienen con la cabeza loteada. Así la economía puede pasearse oronda como ciencia exacta sin el supuesto lastre de ser una disciplina social y, por ende, enteramente política. La vacían y nos vacían de sentido, de deseos, de autoestima, de rabia, de ganas de que lo que se desea, sea.
Así son los cínicos. Nos dicen que hablan de políticas económicas cuando, en realidad, van por toda nuestra estructura de pensamiento. Mienten y pretenden que todos finjamos demencia. Quieren que nos burlemos de la política y que ella sea el mal encarnado. Les urge despolitizarse y volver aséptica a la prensa que nos alimenta a diario.
Nos necesitan tristes para que estemos vencidos. Quieren volver a aislarnos. Les apremia volver a romper el tejido que, de a poquito, hemos vuelto a trenzar. Por eso no estamos tanto hablando de propuestas económicas ni de medidas monetarias, como de modos de pensarnos y encarar lo que se viene. Se trata, después de todo, de lo que se trató siempre. De eso para el que el mejor de todos tenía el siguiente antídoto: “reproducir la información, hacerla circular por los medios a nuestro alcance. Mandar copias a nuestros amigos porque nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados”. Él lo supo, lo sabía y ya lo sabemos. “El terror se basa en la incomunicación”. Tenemos que seguir rompiendo el aislamiento; ése que necesita el cinismo para instalarse y separarnos. Porque, tenía razón, “no hay mayor satisfacción moral que ese acto de libertad” que ése de derrotar al terror, lo que no es otra cosa que ganarle a los cínicos.

lunes, 20 de julio de 2015

Programa SF 167 - Cristina Caamaño y Hugo Cañon - 18 de Julio de 2015

Obsceno.
por Mariana Moyano
Editorial SF del 18 de Julio de 2015
Es una de esas palabras con peso propio, a la que sólo refieren quienes quieren que se oiga muy bien lo que se dice. Está asociada a la sexualidad. Más bien, a la moral sexual dominante. “Que va contra lo que establece la moral, especialmente en el terreno sexual”, dice el diccionario. “Puede manifestarse a través de palabras, acciones o imágenes, que por su mensaje carente de pudor resultan ser ofensivas a la moralidad sexual que prevalece en el contexto en el cual las mismas se registra”, indica otra definición.
Se la asocia a lo lascivo, lo libidinoso, lo pornográfico. Y uno la dice y cuando lo hace ve cuerpos desnudos y en intimidad. Pero no siempre lo obsceno aparece teñido de lo sexual. Lo obsceno es lo impúdico, lo repulsivo, lo detestable, lo asqueroso, lo amoral, lo inmoral, lo deshonesto y hasta lo torpe. Entonces:
¿No es acaso impúdico que el jefe de gobierno porteño pueda sostener en un medio de comunicación ante un periodista que gana el share de las mañanas radiales que él no está procesado?
¿No es repulsivo que un diario argentino centenario ya vaya por la tercera desmentida papal y eso no sea siquiera punto de debate?
¿No es detestable que con ligereza y cinismo -o con una profunda ignorancia- haya un precandidato a vicepresidente de la Nación que diga muy suelto de cuerpo que “acordar con Irán algo bueno, es bueno. Acordar con Irán algo malo, es malo” y que nadie le pregunte para ir un pasito más allá?
¿No es asqueroso que un juez federal mantenga una causa parada seis meses, que la reactive a 27 días de las PASO con allanamientos que podría haber evitado con sólo librar un oficio y que un jefe de gobierno procesado se haga el gil cuando se le dice que roza bien fuerte la ilegalidad su decisión de darle a ese juez la Policía Metropolitana y el implicado gasto de 450 mil pesos de los porteños para hacerle el mayor show posible que dañe al hijo de la Presidenta el día que lanza su candidatura?
¿No es amoral haber hablado de bolsos llenos de guita que salen del despacho presidencial con destino sucio a Santa Cruz, haberse autopromocionado como amante de un presidente muerto para ganar influencia, hacer con todo eso un mix venenoso, que una siempre dispuesta diputada haga la denuncia judicial correspondiente y que dos años después todo caiga como castillo de naipes y no usar ni una letra para una mínima retractación?
¿No es inmoral seguir levantando la ya pobre figura de un fiscalito que se hizo una fiesta con una de las causas más dolorosas de la Argentina como es la de AMIA, cuando ya está saliendo a la luz que toda, toda, absolutamente toda la parva de expedientes no tienen más que data de servicios y que ese tal Alberto Natalio Nisman que todos quisieron ser no pidió ni una sola prueba de lo que el servicio Stiusso le elaboraba?
¿No es deshonesto bancar a un juez subrogante que se cree soldado heroico cuando con la excusa de la subrogancia sacaron del medio a un magistrado que se había atrevido a la lesa humanidad en Bahía Blanca y estaba por animarse a procesar al primero de los dueños de medios que iban a caer por su sociedad con los uniformes, a los que en varios casos le dieron orden de matar?
¿No es torpe entrar de prepo en la casa de un periodista con un “si no nos dejan entrar pasamos por encima tuyo” dicho a la señora que trabaja en la casa de la familia Morales, para ver si con los bienes que posee en su hogar el relator puede hacer frente a la demanda de Cablevisión del año 2000?
Mis únicas respuestas a estos interrogantes son un sí inmenso. Porque estos hechos sólo me caben como obscenos. Hemos vivido la obscenidad de días impúdicos, repulsivos, detestables, asquerosos, amorales, inmorales, deshonestos y hasta torpes.
Fueron obscenos. La obscenidad es eso difícil de tolerar y al mismo tiempo fascinante. Genera goce, pero nos desintegra. Por esos recorridos nos llevan. Para que nos cueste darle forma, comprenderlo, aprehenderlo y nos enlodemos al punto de ni siquiera darnos cuenta que estamos sucios, sencillamente porque nos han ensuciado.
Henry Miller decía que discutir la naturaleza y el sentido de la obscenidad es casi tan difícil como hablar de Dios. Porque se trata de un concepto inestable, inasible. He ahí el deber de estos días: darle forma y cuerpo político a los acontecimientos obscenos con que nos inundan.
La economista, psicoanalista y ensayista Corinne Maier es quien mejor se atrevió a este concepto vaporoso. Ella indica que es, por definición, lo que queda fuera de escena, lo que no puede ser mostrado, pero que, a la vez, como un fragmento de noche nos habita irremediablemente. Pero la autora explica cómo eso obsceno también puede manifestarse en lo “ultra visible”, en esa escandalosa voluntad de transparencia de la sociedad moderna donde todo debe ser mostrado, subrayado y expuesto.
Nos arrastraron a la obscenidad de hacernos creer que es corriente, normal y natural que a un jefe de gobierno que quiere ser presidente de la Nación se le ratifique su procesamiento por asociación ilícita. Con una particularidad que pocos notaron: en su fallo la Sala I de la Cámara Federal le recuerda al Ingeniero precandidato que aún hay preguntas abiertas alrededor suyo y nada menos que planteadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en un caso que lo tiene como protagonista: el de Juan Carlos Bayarri, el hombre que padeció 13 años de cárcel por ser acusado en una trampa de ex policías federales de ser uno de los secuestradores de Mauricio cuando sólo era el hijo de Franco.
Nos enlodaron en la confusión para que creamos que el Papa no dijo que debemos considerar a la tierra como propiedad social, que no dijo que el Estado debe intervenir, que no dijo que sólo nos salva la unión de los pueblos, que no dijo que usan la corrupción y la problemática narco como argumento para ensuciar al Estado, que no dijo que los monopolios informativos son el nuevo colonialismo ideológico, que no dijo que los países pobres no deben ser sólo proveedores de materias primas y que no dijo que pedía perdón como cabeza de la Iglesia por haber cometido los grandes crímenes como la conquista en nombre de Dios. Lo dijo, y como quienes criticamos a Jorge Bergoglio lo seguimos haciendo incluso con el reconocimiento de lo que implican políticamente las jugadas papales, vemos obsceno que nos cuenten que: “El Papa cerró su gira con un llamado a incluir a los que piensan distinto”, en una pornográfica aunque silenciosa analogía con el supuesto padecimiento de nuestro país que con obscenidad han instalado como La Grieta.
No silencian obscenamente los porqués de las razones del acuerdo de los países más poderosos de la tierra con Irán, al punto de que debemos recurrir al humor y pensar que habrá algunas Patricias Bullrich o Lauras Alonsos interplanetarias que denunciarán a Barack Obama y a Alemania, China, Francia, el Reino Unido y Rusia por acordar con ese estado supuestamente terrorista. El de siempre, el mecanismo de compartimentarnos y de obstaculizarnos de modo obsceno el acceso a las informaciones.
Un juez federal nos invade con una obscena movida mediático-judicial con allanamientos irregulares, con un gasto irrespetuoso, con un operativo a cargo del ex miembro de la Federal Fernando Culshaw, expulsado de esa fuerza por Nilda Garré y con medio centenar de miembros de la Policía Metropolitana al límite de la ilegalidad, ya que la propia ley de creación de este organismo indica que “es una institución armada depositaria de la fuerza pública del Estado en el ámbito de la ciudad, dentro de los límites determinados por el artículo 8 de la Constitución local”. Al juez, la Sala I de la Cámara Federal debió hacerlo a un lado, y él optó, al día siguiente, por la obscenidad de una frase para que nuestras cabezas fueran a la muerte de Nisman y por allanar un Ministerio e YPF.
De modo obsceno, la siempre obscena revista de la editorial Perfil había alarmado desde una tapa de febrero de 2011 con que había “otra viuda de Kirchner”. Se llamaba Miriam Quiroga y, decían, “conoció al ex presidente como pocos y fue su mano derecha hasta el último día”. Esta impúdica denunciadora de nadas sostuvo luego ante las cámaras del showman operador y ex periodista que había visto bolsos llenos de dinero que viajaban a Santa Cruz. Esta semana se supo que todos los implicados judicialmente -en esas ruedas obscenas de presentación televisiva seguida de denuncia judicial con lo televisado como única prueba jurídica- fueron sobreseídos, que no hubo bolsos salvo de miles de cartas de ciudadanos, que la oficina de Miriam Quiroga quedaba a 70 metros de la Kirchner y no al lado, que ella no había ratificado en sede judidicial nada de lo dicho en sede periodística, que no se acreditaron los hechos imputados porque no ocurrieron y que hasta los cuatro testigos presentados por la propia Quiroga la desmientieron. Obscenamente, los medios impulsores de la operación guardaron impúdico silencio ante la desmentida probada.
Con obscenidad nos dijeron que 5000 participantes de una manifestación la convertían en masiva reivindicación de un juez subrrogante con una vara bien contraria a la que utilizaron en Bahía Blanca para echar por la ventana al juez Alvaro Coleffi del juzgado de Bahía Blanca por la sencilla razón de que a Vicente Massot también le iba a caer un procesamiento. “No es el juez natural”, dijeron y sueltos de cuerpo, se lo cargaron. La cesantía de Coleffi la dispuso Néstor Luis Montezanti, el Presidente de la Cámara Federal de Apelaciones de Bahía Blanca con jury en el Consejo de la Magistratura y docente con juicio académico en la Universidad Nacional del Sur por haber sido nada menos que Personal Civil de Inteligencia del Batallón 601 durante la dictadura, cargo al que llegó por el jefe del Destacamento 181, José Osvaldo Riveiro, el ex integrante de la Triple A condenado en Francia y prófugo de la justicia argentina.
De manera brutal, patoteril y, por supuesto, obscena, se metió el abogado Damián Cassino junto con un muy poco educado oficial de justicia a la casa de Víctor Hugo Morales, para ver de qué modo se cobran un embargo de 3 millones y medio de pesos en una causa abierta por pasar fuera de licencia partes del partido de Boca-Real Madrid, por el cual Cablevisión le había pagado al entonces presidente xeneize Mauricio Macri la cifra de un millón de dólares.
“La exhibición obscena del secreto” se titula un texto de Enrique Carpintero en la revista Topía. Cuenta allí que “El 29 de mayo de 2003 ocurrió, en el Museo Nacional de Bellas Artes de la Ciudad de Buenos Aires, un hecho muy comentado por los diarios. Mientras circulaban por las diferentes salas más de mil personas fue robada una escultura de Rodín. Tres meses después un cartonero la vendió a una anticuaria por cincuenta pesos. La obra, valuada en 10.000 dólares, fue nuevamente entregada a las autoridades del museo sin que nunca se supiera quiénes la habían robado.
“Esa pequeña escultura de bronce tiene 15 cm. de altura y se la conoce con el nombre de El Secreto. Son dos manos entrelazadas que ocultan en su interior algo que no es visible. Pero en la propia obra también hay un secreto que sólo puede ser descubierto por un observador muy atento: las dos manos son derechas. Este hecho produce una sensación extraña”. El secreto no se percibe, pero lo verdaderamente oculto está más que a la vista; sólo hay que observar con atención.
“Estamos viviendo una época donde los secretos salen a la luz pero muchos no son para iluminarlo ya que su objetivo es ensombrecer las condiciones éticas que nos permite vivir en comunidad. Lo obsceno se mantiene en secreto en tanto revela algo del orden de lo siniestro. Hoy en día, lo obsceno, ya no se encuentra vinculado con la presentación sin afeites del cuerpo, sino más bien con la muerte. Esto no significa que su dimensión haya menguado: sencillamente se ha desplazado del sexo al cadáver. Lo obsceno ha venido a habitar el lugar con el que nada queríamos tener que ver”. Lo impúdico, lo repulsivo, lo detestable, lo asqueroso, lo amoral, lo inmoral, lo deshonesto y hasta lo torpe está ahí. Y el secreto para detectar y desbaratar lo obsceno está en que deje de ser secreto; en darnos cuenta que ahí hay dos manos, pero que las dos son derechas.

lunes, 22 de junio de 2015

Programa SF 164 - Jorge Ferraresi y Luis D'Elia - 20 de Junio de 2015

Editorial del 20 de Junio de 2015
por Mariana Moyano

 Todo texto, presentación, columna de opinión, editorial discute con alguien; debate con algún interlocutor o con una idea. Se explicite esto o no, siempre es así. Porque nada es de la nada. Nada. Nunca. Ni los sucesos históricos ni un escrito argumental. Siempre hay una trama. Un antes, una causa, un disparador y, seguramente, habrá un después que constate y que responda. Por eso la elección de quien escribe o polemiza es a quién y con quién lo hace. Estas jornadas huracanadas y de altísima política (me) proponen la –como llamamos en la disciplina académica de la Comunicación- construcción de varios interlocutores válidos.
- Los kirchneristas randazzistas fanatizados que quieren darle clases de kirchnerismo a Cristina Fernández de Kirchner
- Los randazzistas-neovandoristas-cristinistas que pretenden un cristinismo sin Cristina.
- Los que pensaron que Cristina Fernández de Kirchner y Néstor Kirchner no eran peronistas y se desilusionan cuando toman medidas y decisiones desde esa, su pertenencia histórica.
- Los que me dicen que el kirchnerismo es más que el peronismo, pero que, en realidad lo que quieren decirme es que el peronismo es menos.
- Los que están tranquilísimos sólo porque Carlos Zannini estará allí y no se ponen en guardia viendo qué ocurrió en la Argentina con otros vicepresidentes.
- Los que eligen a Eva, sólo a Eva, sin Perón y siempre de pelo suelto. Ese evitismo torpe que, en el fondo, como me dijo estos días un colega brillante, esconde el rinconcito gorila de quien la coloca en la historia solita.
- Los kirchneristas que no quieren, ni gustan, ni confían, ni hubieran optado por Scioli desde la más absoluta buena fe.
- La oposición partidaria oportunista que ve en cualquiera que le da un portazo a la Presidenta a la esperanza blanca.
- Los que Raúl Zaffaroni bautizó estos días como los empleados bien pagos de los grupos de poder y los desahuciados de la política que van gratis a rendirles pleitesías a esas corporaciones que les tiran las sobras. - La derecha viva, la astuta, que está buscando el modo de hacer trastabillar 12 años de proyecto político por un graph exagerado de 678.
- Los que están buscando la grieta para colar la dinamita que destruya 12 años de construcción y reparación de derechos y, sobre todo, la posibilidad de algún grado de continuidad.
- Los que creían o aún siguen creyendo que la política es el arte de hacer lo que quiero, cuando quiero y si me dan ganas. - Los que creen que militan porque escriben mucho en twitter.
- Los que están convencidos que postear en Facebook es igual a meter las patas en el barro.
- Los que le piden a la Presidenta que les haga política delivery: que les lleve hasta la puerta de sus casas lo que a ellos les gusta completito y sin fisuras ni grises.
- Los que cuando uno habla de conducción, responden con un llamativo: “yo no soy PJ, ni derechista, ni vertical, soy independiente”.
- Los librepensadores bien liberales que creen que domar al potro siempre corcoveante del Estado y sus intereses en pugna es sentarse y decir “habría que”. O sea, los habriaqueístas, la corriente más despreciable de todas porque ni tienen buenas ideas ni saben cómo llevarlas a cabo.
- Los que considero mis compañeros en esta ruta, con quienes no siempre coincido, pero con quienes sé que siempre estaré del mismo lado.

Me dirigiré aquí a varios de estos interlocutores. A algunos les he puesto cara y nombre porque con ellos he intercambiado ideas y opiniones y hasta he peleado fuerte estos días. A otros los he construido en mi imaginación con retazos de ciertas frases leídas en las redes sociales u oídas en Tv y en debates cara a cara. Y lo voy a hacer desde la más cruda honestidad y en primera persona porque siento haberme ganado el lugar para hablar desde un yo armado con esfuerzo, estudio, aprendizaje, oreja frente a los que saben, cierto grado de coherencia –que para mí no es ni linealidad ni repetición monocorde- y el mantenimiento de un ramillete de principios a lo largo de los 32 años que llevo de amor con la política. Lo voy a decir de entrada y sin vueltas: Daniel Scioli no es ni será el candidato al que me hubiera gustado erigir como heredero de estos 12 maravillosos años de política en estado del más puro roncanroll. No me gusta que Ricardo Casal sea Ministro de Justicia y menos me gusta que Alejandro Granados sea Ministro de Seguridad. Pero no me olvido que el kirchnerismo decidió que fuera él, y no otro, dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires, que su frase memorable de “Con la comida no se jode” fue afiche K en la 125 de plena soledad kirchnerista y que cuando Néstor Kichner le solicitó que fuese candidato testimonial en el oscuro y a contrapelo 2009, él fue. No me gustaScioli como no me gustan varios de los “estilos” –por llamarlo de algún modo- de Gildo Insfrán, ni entregarle todo a la megaminería, ni que Sergio Berni diga ciertas cosas que dice sobre los colombianos, ni la radicalidad clerical de Julián Domínguez, ni la oposición ya expresada de la jefa de Estado a la despenalización del aborto, ni que este gobierno haya propuesto la ley llamada “antiterrorista”, ni que haya sospechas sobre César Milani. Pero: - soy respetuosa de que en Formosa fueron los ciudadanos de esa provincia quienes lo pusieron como gobernador a Insfrán y lo vienen revalidando, me guste a mí desde mi centralidad porteña o no. - entiendo que no puedo pedirle a San Juan que se desprenda de la minería sin ofrecer una alternativa posible para ese estado provincial que es 80 por ciento roca y desierto, al que es fácil criticar desde la pampa húmeda donde uno siembra papel y crece una biblioteca
- conozco cómo en los inicios del gobierno de Néstor Kirchner, cuando las calles eran puro piquete y conflicto fue el actual Secretario de Seguridad de la Nación el que negoció una por una con las organizaciones sociales, sin palo ni policía y a fuerza de dar la palabra para encarrilar los conflictos y darles soluciones a corto plazo mientras la generación de empleo se ocupaba de la salida de fondo. - puedo ver cómo el titular de la Cámara de Diputados de la Nación se paró detrás de ese grupo de mujeres que éramos convocantes a acompañar la marcha del Ni una Menos y que llevábamos puesto el pañuelo verde - esa identificación de la campaña Nacional por el aborto legal- sin un solo pero y acompañó el documento en el cual se asumía que la ausencia del debate parlamentario sobre el aborto era una “deuda pendiente”. - es evidente que Cristina Fernández sabía, cuando la designó al frente del bloque de diputados del oficialismo, que Juliana Di Tullio es una militante feminista pro aborto legal y que se ha pronunciado varias veces respecto de que si el proyecto obtenía consenso ella no iba a vetar esa ley. - entiendo que la llamada ley antiterrorista fue una concesión que debió hacerse al CIADI y que, por un lado, fue usada únicamente para que un represor prófugo en el exterior dejara de cobrar su jubilación y que fue un pedido al Congreso por un gobierno que se cansó de sancionar legislación a favor de los trabajadores, de los más vulnerables y que nos regaló el sueño impensado de que la Argentina discutiera los medios de comunicación y desenmascarara a los poderosos de la Argentina de una vez. - hubiera preferido que el jefe del Ejército no tuviera ningún tipo de cuestionamiento, pero también sé que no hay sentencia firme y que si el diario La Nación se embandera en los Derechos Humanos para cuestionar al militar que reurbanizó el barrio La Carbonilla junto con Hebe de Bonafini y las Madres, el gato encerrado anda por el lado de los Mitre. La política –ya lo deberíamos haber aprendido- es transitar las épicas que podemos vestir y disfrutar llenos de purismo, celebrarnos por lo dicho-hecho, ver noqueados a los dueños de siempre, pero es también saber cómo caminar las zonas grises. Entender qué decisión no explicitada toman los líderes; qué nos está indicando la conducción cuando opta por A o por B. La derecha mentirosa e hipócrita y los que sólo quieren que la política sea show se han hecho un festival con algunos zócalos de 678. Allá ellos. ¿Me están pidiendo que discuta coherencia con quienes levantan y señalan con deditos cargados de la mugre de lo hecho por ellos el día anterior y que no pueden sostener su propia palabra –porque no la tienen- ni media semana? Gracias, paso. Tengo cosas mucho más productivas que hacer. Porque ya ni enojan. Dan fiaca. A los compañeros que hacen una queja individual porque –pareciera, al menos hasta hoy- no habrá Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias para elegir candidato a presidente en el Frente para la Victoria, quizás se les haya escapado un detalle que transmitiré aquí a modo de pregunta y de escenario hipotético: ¿qué hubiera ocurrido si, tal como muchos querían -y hasta quizás, queríamos- la Presidenta ungía a Florencio Randazzo como su precandidato, armaba una lista de precandidatos a diputados puros, purísimos K y luego esa lista iba a las PASO y era derrotada por la de Daniel Scioli? ¿Cuál era la fortaleza política que le quedaba a la Presidenta, pero sobre todo a la jefa del Movimiento hacia adelante? ¿Notan que el triunfo de Scioli podría haber sido absoluto y no habría ningún Carlos Zannini en quien recostar argumentos, esperanzas o negociaciones?. Con su decisión de ubicar a Zannini en la boleta en el cargo de candidato a vicepresidente de la Nación, la Presidenta ocupó el martes el centro de la escena –ya a esta altura, podemos decir con ironía: para variar- y todos los círculos concéntricos de un modo tan absoluto que dejó a las oposiciones partidarias y corporativas en un espacio marginal, en el cual debieron conformarse para anunciar y desanunciar candidaturas y para patalear vía portada de diarios o para hacer el ridículo con frases del estilo “se viene el maoísmo”. Error grande, creo, el del Ministro Florencio Randazzo de decir no, decir luego sí y volver a decir que no a una propuesta más que atractiva, poderosa y estratégicamente valiosa. En primer lugar, porque si se es parte de un proyecto colectivo no se dice que no. Lamento mucho desilusionar a los librepensadores, pero estos doce años no se han construido a fuerza de “yo quiero” ni de “a mí me gusta”. Se han creado lidiando con los conflictos reales, de la vida real y con los actores reales de la no siempre dulce, pura y hermosa política nacional. En segundo lugar si se es “soldado del proyecto”, “soldado del pingüino”, “el más puro representante del proyecto que comanda Cristina”, pues, con más razón, saludo uno y a hacer lo que corresponde. En tercer término, hay que tener mucho, muchísimo cuidado con la desautorización a la propuesta Presidencial y a la sazón a la de la jefa política, sobre todo en el mismísimo día en que ella había ratificado con creces su autoridad presidencial y la de jefa política del espacio más importante de la Argentina. Y no puedo evitar la pregunta jorobada pero que sé se hacen varios: ¿si pudo decir que no a una demanda de la Presidenta en ejercicio, qué garantía podríamos tener de que ya en la jefatura del gobierno nacional hubiese tomado el rumbo definido con la líder?. Estos años tuvieron varias cortinas de fondo: “Vengo bancando este proyecto…”, y que “en los malos momentos” íbamos a estar, que había “soldados del pingüino” y que si la tocaban a Cristina se iba a armar flor de quilombo. La Presidenta hace una jugada de jaque, para que sea mate, y con dolor oigo y veo decir y escribir que “Con Néstor esto no hubiera pasado” y parrafadas de lecciones de kichnerismo a CFK. Curioso. Sorpresivo, para decir lo menos. Es una verdad de perogrullo, una obviedad a esta altura, pero parece que hay que enterar a varios, así que en este preciso momento voy a dar una primicia nacional: la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es peronista. Fin del Comunicado. Esto no implica, de ninguna manera, decir que la única estructura posible es la del PJ, y es reconocer que el kirchnerismo es el peronismo del siglo XXI, ese que puede contener, contentar y ungir en los primeros lugares a quienes no son peronistas. Pero reconocer esta novedad no puede habilitar a pretender que la conductora se desprenda de quien es por una razón muy sencilla: ella -con el compañero que partió y con la historia peronista de ambos, esa que incluye no haberse ido y quedarse peleando desde adentro durante todo el menemato, con zonas épicas y zonas grises- fue la que nos trajo hasta aquí. Y la única manera de seguir avanzando es fortaleciendo ese liderazgo, más allá de cuánto nos guste o no la figura y las políticas del candidato. Porque si florecieron mil flores no fue para quedarnos como espectadores mirando un bello y perfumado jardín, sino para que la sabiduría de la savia nueva sepa qué hacer cuando crezca la maleza o cuando alguno pretenda pisotear lo sembrado. El kirchnerismo lejos está de ser un bloque homogéneo, monolítico, uniforme. Vaya esta notificación para la derecha que quiere presentarlo como el sinónimo del estalinismo más rancio y para la simpatía tibia de Palermo rúcula. Hay 11 millones de votos que deberán ser la barrera para que la ola amarilla no se expanda por la Argentina. El “me gusta” o el “no me gusta” individual y solitario, en lo personal, me lo guardo para el Facebook. No confundo postear con militancia. Y he aprendido a lo largo de los años que los deditos en V no son una selfie, sino un compromiso. Por todo eso –y una larguísima lista que sería imposible reproducir aquí- tengo desde hace años un accionar y una frase: por un lado, miro dónde están las dueñas de los pañuelos blancos y allí me encolumno y si me equivoco, lo hago con ellas. Y por el otro, me repito como mantra un principio que me ha sacado siempre de los más confusos atolladeros: señores, trago sapos por la sencilla razón de que no como vidrio.

lunes, 8 de junio de 2015

Programa SF 163 - Maria Laura Garrigós de Rébori y Claudia Acuña - 6 de Junio de 2015


Editorial 
por Mariana Moyano
sábado 6 de Junio de 2015.
En los rincones, en los márgenes y en el subsuelo siempre se debatió. Pero ni fuerza de murmullo tenía el intercambio. Apenas hubo un símil de democracia asamblearia cuando la Argentina voló por los aires, pero fue como una primaverita discursiva. Sin embargo, quienes disfrutamos entrarle a los temas duros desde la palabra, no nos podemos quejar.
En los últimos años hemos discutido sobre absolutamente todo y más. Hemos hablado en la escena pública sobre integración regional por primera vez en la historia de América Latina, sobre el rol del Mercosur y el por qué de decirle NO al ALCA; sobre que la economía no es ni ciencia exacta ni tecnocracia neutral sino economía política; sobre la cesación de pagos, sobre si está bien o no discutirle a un editorial de un diario y sobre si es o no conveniente incorporar cambios en el código penal a la luz de las velas de Blumberg. Hemos conversado in extenso acerca de: los cambios en la Corte Suprema de Justicia, la estatización del correo, qué hacer con la ESMA, las reservas del Banco Central, la anulación de leyes de impunidad, las papeleras, las paritarias, la creación de los ministerios de Ciencia y de Industria, el autoabastecimiento energético y el rol del Fondo Monetario y los organismos internacionales de crédito. Hemos hablado y escuchado hablar en voz alta sobre centrales térmicas, sobre Yaciretá y sobre Atucha. Debimos interesarnos en gasoductos, centrales termoeléctricas, petróleo, combustibles no tradicionales, biocombustibles, cooperativas y trabajo registrado para no quedar tan afuera de lo que iba ocurriendo en el país. Hablamos sobre trata, documentos de identidad y sistema ferroviario. Escuchamos mucho sobre índices del INDEC y sí o sí nos tuvimos que involucrarnos con los porotos de soja. Debatimos si un poco de inflación o enfriamiento de la economía, sobre la reestructuración de la deuda, los buitres, las autopistas, la fabricación de trenes y a quién le pertenecen los subtes. Sobre la estatización de las AFJP y sobre la recuperación de Aerolíneas Argentinas y de YPF; sobre los precios internacionales de los granos, el anarcocapitalismo y la independencia o no del BCRA y sobre su carta orgánica; sobre la ley nacional de educación y las escuelas técnicas. Se puso en el centro de la escena el conflicto por las FARC, la actuación de la CIA en nuestro continente y en Naciones Unidas hablamos de Cuba, de Malvinas, de Palestina y de los golpes suaves en la región. Vaya si debatimos sobre medios de Comunicación, la TDA y la despenalización de las calumnias e injurias. Hasta el fondo fuimos con la discusión sobre identidad de género, matrimonio entre personas del mismo sexo, los manejos financieros y sobre los beneficios al disfrute de la sexualidad que podía traernos el consumo de carne de cerdo. Hablamos fuerte sobre el precio de los tomates, sobre los satélites, sobre derecho civil, penal y procesal, sobre salud y sobre salud reproductiva y acerca de todo lo que vimos por escrito en las Actas de las dictaduras del 76 y del 55; sobre el funcionamiento de los partidos políticos, el tipo de cambio, los capitales golondrinas y los trabajadores golondrinas; sobre la distribución del ingreso, el mínimo no imponible, los genéricos y las ganancias; sobre las computadoras para estudiantes y sobre fútbol; sobre el plan federal de vivienda y los kilómetros de fibra óptica. Hablamos sobre arte, derechos humanos, ADN y salario familiar. Discutimos detalles sobre la fórmula para el aumento de las jubilaciones, sobre impuestos y sobre evasión. Debatimos sobre importación y exportación, sobre distribución y generación de energía, sobre política policial y sobre política internacional; sobre los derechos de las empleadas de casas de familia, el lugar de Irán en el mundo y el rol del Estado; sobre bonos, autonomía del Banco Central, emisión de moneda y contado con liqui; acerca del rol de la OEA, la ONU, el FMI y la multilateralidad; sobre ISIS y Al Qaeda; sobre la concentración de la economía y los monopolios; sobre el rol del pollo en la economía argentina, las operaciones en el cerebro y hasta sobre las calzas de CFK.
Hemos debatido sobre todo; sobre absolutamente todo. Y en estos días nos metimos con uno de los huesos más duros de roer: la violencia de género, el lugar de las mujeres en nuestras sociedades, el machismo y el feminismo.
Compañeros entrañables me saltaron a la yugular estos días apenas osé decir públicamente que iba a participar de la manifestación del 3 de junio antes de que el oficialismo en bloque y de modo homogéneo dijera pública y explícitamente que adhería a la convocatoria del Ni una menos.
“Va a ser una marcha opositora”, fue lo primero que me tiraron. “A menos que una también se involucre”, respondí. “Además –agregué- yo no regalo ni la calle ni mis banderas históricas”. Esto no nació en twitter y vaya si teníamos derecho y obligación de participar las que nos fumamos todos los encuentros de mujeres, cuando debatir en el centro de la escena pública no era tan sencillo.
“¿Y por qué ir a una marcha contra la violencia de género y no hacer una contra todas las violencias, por ejemplo la institucional?”, fue otro de los argumentos con que pretendían bajarme de la participación. “Porque cada manifestación tiene su demanda o celebración específica. No es lo mismo lo que se dice un 24 de marzo que lo que nuestros cuerpos en la calle plantean un 25 de mayo, y sin embargo vamos a las dos y jamás se nos ocurriría hacer una misma marcha por ambos temas”, expliqué al borde de mi paciencia.
“Bueno, pero esto es feminismo y el feminismo es lo mismo que el machismo y los extremos siempre son malos”. Ya, al límite de mi desesperación pero en un intento sobrehumano por no perder los estribos, intentaba explicar que el machismo es una conducta y el feminismo, una corriente de pensamiento, una militancia, una teoría política que propone que varones y mujeres tengamos los mismos derechos.
No-fue-magia- le hacen decir a Cristina Fernández en modo rapero en el spot de ANSES. Bueno, amigos y amigas: No-fue-fácil atravesar estos días para algunas de nosotras. Acuñé por estas jornadas la siguiente frase: “Tengo más posibilidades de hacerle comprender a la Sociedad Rural las bondades de las retenciones móviles que de convencer a algunos y algunas queridos y queridas compañeros acerca de la existencia del patriarcado”.
Nadie –que no sea excesivamente cínico- niega la explotación que trae consigo el capitalismo. Casi 200 años de plusvalía parece que nos lo han hecho entender. Pero no es sencillo hacer ver 5000 años de dominación sobre las mujeres. “La mujer es el negro del mundo”, escribieron Lennon y Yoko. A esa canción también recurrí estos días en momentos de profunda desesperación argumental para no salirme de mi eje.
Algunos medios de comunicación, como punta de lanza de cualquier circunstancia que pueda lastimar al oficialismo, hicieron la intentona de convertir a la manifestación en una marcha anti gobierno. Les salió mal y les duró poco. En primer lugar porque la queja burda y burra televisada de que la ley de protección a las mujeres no estaba reglamentada se cayó rápido, básicamente por una razón: está a la vista de cualquiera que el decreto 1011 del 2010 existe. ¿Que falta mucho? Vaya si no. ¿Que hay críticas y cuestionamientos para hacer a lo que se ha hecho? Puff, parrafadas que cualquiera de nosotras firmaría. Pero una cosa es una marcha para pedir más y otra es el deseo de la muerte de la Kretina.
Así que no les funciónó. La marcha ocurrió. Fue masiva y en todos los rincones de la Argentina. Bien por la instalación del tema en agenda. Queda por ver cuánto de estornudo y espasmo tuvo y cuánto de momento bisagra.
Al minuto de sucedida la manifestación, la Corte Suprema de Justicia sumó un gesto hipócrita a la catarata de hipocresías que ya habían ocurrido como fue la cantidad de selfies de famosos y famosas que, lejos de colaborar con la erradicación de todas las violencias hacia las mujeres, lavan sus culpitas y se limpian en el agua bendita del “Ni una menos”, pero al instante están pensando en qué culo femenino funcionará mejor en el minuto a minuto.
Los Supremos y el jefe de gobierno porteño tuvieron la magnífica idea de no adherir al pedido de las convocantes de que todos los edificios públicos estuvieran iluminados de violeta y además de dejar en la zona gris el Palacio de Tribunales, apagaron las luces de la Plaza Lavalle, lugar en que una parte de la movilización –la que acentuaba su reclamo al Poder Judicial- iba a dirigirse para culminar su acto.
Pero no fue lo único que hicieron: la vicepresidenta de la Corte, Elena Highton de Nolasco, convocó a las cortes provinciales y a las cámaras federales de todo el país para trabajar juntos en la confección de un Registro de Femicidios de la Justicia argentina. El gesto provocó, por lo menos, sorpresa ya que hace menos de seis meses, apenas Raúl Zaffaroni dejara el máximo tribunal, Ricardo Lorenzetti empezó a preparar la purga de todos quienes trabajaban con el ex Supremo, incluidos los miembros del Instituto de investigación que llevada adelante registros de, entre otros ítems, la cantidad de femicidios cometidos.
Como bien relata Página 12: “La decisión de la Corte Suprema de crear un registro propio sobre femicidios despertó sorpresa entre los integrantes del Poder Judicial. Bajo la presidencia de Lorenzetti se desplazó hace apenas dos meses a los integrantes del Instituto de Investigaciones creado por Zaffaroni, que entre otras funciones tenía la de realizar un monitoreo exhaustivo sobre los casos de conflictividad violenta, con especial atención en los femicidios. Mediante una acordada con pocos fundamentos, ese instituto fue desarticulado y trasladado en marzo a la órbita del Consejo de la Magistratura, luego de que Zaffaroni presentara su renuncia a fin del año pasado.
Zaffaroni impulsó durante su paso por la Corte Suprema los estudios sobre violencia intrafamiliar, concepto que incluye al femicidio pero que es más amplio, así como no toda muerte violenta de una mujer es un femicidio. El Instituto de Investigación creado por la acordada 51/2009 dependía de la Dirección General de Biblioteca e Investigaciones de la Corte. En 2010 publicó su primer Mapa Interactivo de Homicidios Dolosos, que abarcaba los delitos de esa índole ocurridos en la ciudad de Buenos Aires y que luego se extendió a provincias como Corrientes, La Rioja, Misiones, San Luis y Tucumán. En marzo último, tras la renuncia de Zaffaroni, los supremos Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda, Elena Highton de Nolasco y Carlos Fayt separaron al Instituto de la Dirección de la que dependía. El paso siguiente fue su traspaso al Consejo, que implicó dispersar a quince investigadores en distintos destinos. Ante el “desarrollo de las distintas disciplinas jurídicas, tanto mediante el auxilio a los órganos jurisdiccionales como a través de la promoción de ciencia jurídica”, resulta “conveniente” enviarlo a la “órbita del Consejo”, fue el escueto fundamento de los magistrados.
En 2010 no era técnicamente posible llevar registros sobre femicidios porque la figura no estaba prevista en la ley. Ese paso se concretó recién con la reforma penal de 2012. Al año siguiente, el femicidio apareció incluido dentro del concepto más amplio de violencia intrafamiliar como caso de violencia producto del odio contra la mujer. Recién en el estudio de expedientes de 2014 se analizan por primera vez los femicidios específicamente. “Estamos relevando y analizando causas. Particularmente y como titular del Instituto me estoy dedicando en persona al estudio de las causas de femicidio”, afirmó Rodrigo Codino, actual director del Instituto.
Durante 2014, en su último año bajo jurisdicción de la Corte Suprema y en línea con el objetivo que se había trazado Zaffaroni de extenderlo a todo el país, el Instituto extendió su monitoreo sobre conflictividad violenta a varias provincias en base a convenio que el máximo tribunal había firmado con los ministerios de Justicia y de Seguridad. Ese trabajo de investigación fue interrumpido por el traspaso al Consejo. “Lo que está haciendo ahora el Instituto, por las directivas expresas del Consejo de la Magistratura, es analizar específicamente el delito de femicidio, todos los supuestos de femicidio”, explicó Codina. Para llevar adelante ese trabajo cuentan con autorizaciones expresas de la Cámara del Crimen, la Cámara de Casación y la Procuración General de la Nación para poder acceder a los expedientes”.
Una más de esta Corte de cuatro –que sabemos son tres- que viene agotando la paciencia de nosotras y de nosotros desde hace ya un tiempito prudente. Por eso es obligatorio dar cuenta de estos contrasentidos, de estos dobleces y de estas medidas de híper coyuntura que terminan siendo mentirosas.
El miércoles hubo 5 o 9 puntos, según se quiera explicar, y un extenso documento presentado por el Frente para la Victoria -y todos los espacios políticos que a él adhieren- en el cual –para gratificación de varias de nosotras y nosotros- se dijo explícitamente: “reconocemos el dolor que producen las muertes de mujeres por la ilegalidad del aborto y como parte de un debate pendiente en el Congreso Nacional”. Chapeau porque lo escribieran, pero también porque lo dijeran en voz bien alta sin que importara que a poquitos días de la marcha, la presidenta de la Nación iba a tener una nueva audiencia con el Papa.
En cualquiera de los documentos, un eje recorría el escrito: la necesidad de un Estado presente, activo y ocupado en cuidarnos a todas. Suena lindo a todos los oídos dicho así, pero eso implica un Estado interventor –interviniendo- con fondos y con poder, y con capacidad de decisión. Se pidió eso y las que estábamos ahí -como estuvimos todos estos años sosteniendo y acompañando la lucha del movimiento de mujeres de la Argentina- así lo demandamos. Le exigimos eso al Estado. Esperemos que los y las de las selfie fácil y los que toman medidas impulsivas estén y apoyen si el Estado – ese que cotidianamente denigran y presentan como cuco- finalmente toma de modo más contundente la perspectiva de género de modo transversal en todas sus políticas. Personalmente no les creo, pero la fotito y el cartel me autoriza a ser perra de caza con ésos que son puro bla bla y no tienen palabra.